La primera provincia franciscana de América cumple cuatro siglos.

En el sur de la ciudad, el convento de San Francisco es el rastro visible de la orden que se organizó en América Latina hace 400 años. Es un Monumento Histórico Nacional y constituye una muestra fiel de la arquitectura de la etapa colonial.

De la Redacción de El Litoral

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El 9 de julio de 1612 se formó en América Latina la primera provincia franciscana, que abarcaba el actual territorio del sur de Bolivia, Paraguay, Uruguay y la Argentina. El Padre Fray Jorge Martínez dialogó con El Litoral sobre las raíces de la congregación en el continente americano y la vigencia del mensaje de San Francisco de Asís en la actualidad. Nos dijo que la orden franciscana tiene su sede en Roma hace 800 años y en el resto del mundo se instaló mediante la formación de provincias. El antecedente de la primera que se formó en territorio nacional fue lo que se conoce como “custodia”, fundada en Asunción del Paraguay por Fray Luis de Bolaños, quien navegando el Paraná erigió pueblos y ciudades a los que les puso nombres de franciscanos, como San Pedro (por San Pedro Alcántara).

Hasta la actual Argentina llegaron dos corrientes. Una ingresó por el océano Atlántico en la expedición al mando de Pedro de Mendoza (1536) quien erigió el puerto de Santa María del Buen Aire (primera Buenos Aires), sitio en el que se fundó la primera “custodia” y la correspondiente sede, que luego de recorrer los meandros de la historia subsiste hasta la actualidad.

La segunda corriente arribó por el océano Pacífico y desembarcó en Lima, Perú, ingresando luego al territorio argentino a través de Chile con Francisco Solano que se va a instalar en la actual jurisdicción de Santiago del Estero, en la región conocida por entonces como “Tucumán”, que incluía las actuales provincias de Tucumán, Salta y Jujuy.

Para 1612, con la unión de las dos custodias se formó la primera provincia, con sede en Buenos Aires que se conserva hasta hoy. “El primer territorio, que incluía a Bolivia, Paraguay, Uruguay y toda la Argentina se fue perdiendo y quedó sólo el territorio nacional”, especificó Fray Martínez, y agregó que “luego, con la llegada de misioneros europeos franciscanos, se dividió en otras jurisdicciones”.

En el curso del siglo pasado, en la Argentina se configuraron tres provincias: una lleva el nombre de “Inmaculada Concepción del Río de la Plata”, con sede en Buenos Aires; la segunda es “San Miguel”, con sede en Rosario y San Lorenzo; y la tercera, con sede en Río Cuarto, Córdoba.

La orden en Santa Fe

En el barrio Sur a metros de calle Presidente Illia, por un sendero de cemento se llega al convento e iglesia franciscanos. En el frente, una imagen del santo mirando al noroeste recibe a los visitantes que se permiten recorrer el lugar, y retroceder en el tiempo para comprender la historia y el presente de la orden.

En el interior, el ambiente místico se conserva entre paredes de 1,80 centímetros de espesor, levantadas con tierra endurecida y apisonada ligada con hierbas elásticas. Y bajo un techo de madera de cedro paraguayo, lapacho, algarrobo y quebracho, en el que se realizaron trabajos de carpintería y talla que asombran, sin desmerecer a la imaginería, con piezas tan realistas que conmueven hasta a los incrédulos y lápidas de sepulturas sembradas sobre el piso austero. Ese inapreciable conjunto hace del convento e iglesia un rincón único de la ciudad capital.

La orden llegó a Santa Fe en la figura de Fray Rivadeneira y con la primera fundación de la ciudad, junto a la actual Cayastá. Posteriormente se trasladaron al emplazamiento actual, y en 1673 comenzaron a construir los edificios que habrían de terminarse en 1680 y que hoy podemos contemplar y visitar.

Como enviado de San Francisco de Asís, fray Juan Pascual Rivadeneira llegó a Santa Fe para difundir su mensaje: vivir el Evangelio. “Era un tiempo difícil en el que había muchas herejías en Europa. La vida era para adentro de los monasterios pero San Francisco inaugurará una nueva forma: vivir en misión, salir a llevar el Evangelio y dar testimonio”, expresa fray Martínez.

Ese legado se propagó junto con la cultura occidental por los continentes y dio a conocer lo que San Francisco representa para la Iglesia Católica: la paz, la sencillez y la sensibilidad.

“Porque dando se recibe, olvidando se encuentra, perdonando se alcanza el perdón, muriendo se resucita en la vida eterna”, reza la frase adjudicada a San Francisco, que se lee al pie de la imagen “La impresión de las llagas”, traída de Perú en 1700.

En nuestra ciudad, fray Adriano Rincón le puso el cuerpo a la causa durante 47 años dentro y fuera de los paredones del convento, y en cada homilía. Tanto es así, que sus restos mortales descansan desde el 14 de diciembre de 2011 al pie de la “Inmaculada de Garay”, imagen proveniente de un legado de doña Jerónima de Contreras, hija de Juan de Garay, fundador de Santa Fe la Vieja. Esa imagen de vestir tiene un camarín adosado al templo, construido a instancias de fray Adriano, quien la veneró durante décadas. Por eso la lápida dice: “No sé si es mucho pedir, es tan linda tu casita, que no me saquen de aquí”.

Cuando El Litoral recorrió el convento el día estaba nublado y destemplado, pero al ingresar al espacio donde el padre Rincón descansa en paz, rayos de sol se colaron de modo sorpresivo por las modestas ventanas que dan al norte.

La primera provincia franciscana de América cumple cuatro siglos

Fray Jorge Martínez. Hace pocos días publicó un libro sobre Fray Mamerto Esquiú bajo el título “Modelo de vida sacerdotal”. FotoS: Favio Raina

La primera provincia franciscana de América cumple cuatro siglos

Descanso eterno. En el camarín de la “Inmaculada de Garay”, talla legada por doña Jerónima Garay de Contreras, hija del fundador de la ciudad, descansan los restos de fray Adriano Rincón Domínguez.

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