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La porziuncola y los pobres.

Celebramos hoy el día del “Perdón de Asís”, también llamado de la “porziuncola”. No quiero hablar hoy de indulgencias ni de cómo ganarlas, eso ya lo sabéis de sobra. Quisiera, en cambio, reflexionar brevemente sobre aquel pequeño templo en el valle de Asís.

Bajo la opulencia renacentista de la gran basílica de Santa María de los Ángeles, a los pies de Asís, se encuentra la capilla que vio nacer a la Orden Franciscana. Siempre me impacto, cada vez que la visité, aquel monstruoso edificio sobre la sencillez y pequeñez de la capilla predilecta de San Francisco.

Francisco la encontró en ruinas y la reparó, allí dormía, en el suelo, junto a sus primeros compañeros. Allí, sobre la “hermana tierra”, murió una tarde de 1226. Francisco la quiso pobre, como él, como sus hermanos. Una capilla pobre, rodeada de pobres.

Francisco la quiso pobre y sus hijos la quisieron rica, cubierta de bellas pinturas y protegida por un gigantesco templo. Tenemos una rara interpretación de Francisco. Nos encanta hablar de su impronta, de su amor a la Iglesia, de su pobreza voluntaria, de su austeridad, de su amor al Evangelio sin glosa. Hablamos de todo esto, hablamos de pobreza y de los pobres y luego volvemos a nuestros conventos, a nuestras casas y nos instalamos en la comodidad de la vida moderna, con nuestras cosas, nuestros libros, nuestros “dioses”.

Siempre decimos que Francisco imito fielmente a Cristo, que seguimos a Cristo siguiendo los pasos de Francisco…. Cristo también fue pobre, voluntariamente, no tenía siquiera donde “reposar la cabeza” (cf. Mt 8, 20).

El otro Francisco, el de Roma, nos dice cada día que debemos ser austeros, que debemos ser sencillos, humildes. Que no ambicionemos las glorias de este mundo que no adoremos al dios dinero. Francisco de Roma, al igual que el de Asís, nos muestran a Cristo en su totalidad. Un Dios pobre entre los pobres. Escandalo!

En este día miremos a nuestro alrededor, ¿cuántas de las cosas que tenemos son realmente necesarias?. Vivamos austeramente. Compartamos con el hermano. Dejemos de hablar de Francisco y actuemos como él.

Paz y Bien!

 

GLS

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Escrito por Redacción

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