Santa Mariana evangelizó a los indígenas sembrando la paz de San Francisco desde la imitación de un Jesús pobre y sencillo

Una de las características de Cristo es que, siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza que supera toda previsión humana. La multitud de carismas en la Iglesia han tenido como raíz el desprendimiento a imitación de Jesús pobre y sencillo. Así, Francisco de Asís y su paisana Santa Clara son uno de tantos ejemplos en el camino de perfección y pobreza. Hoy la Iglesia nos presenta a Santa Mariana de Jesús de Paredes, que tiene mucho que ver con la impronta del Pobrecillo de Asís.

Nacida en Ecuador (Quito) el año 1618. Es hija de padre toledano y madre ecuatoriana. Cuando muere el padre, la hermana mayor se hace cargo de ella y de toda la familia. Su profundidad espiritual causa que haga la Primera Comunión a los siete años y se consagre a Dios, porque siente en su interior que puede dar más al Señor. Tras realizar Ejercicios Espirituales, Mariana quiere ir a evangelizar a los indígenas.

Es el lugar idóneo en su manera de pensar para hecer realidad la Buena Nueva del Evangelio. Pero no lo consigue, porque la Providencia tiene otros planes. Entonces ingresa como Terciaria Franciscana, descubriendo que se le cerraba una puerta para abrirse esta nueva y que era a hechura de su forma de ser, de sus anhelos espirituales y humanos. Su espíritu de penitencia y austeridad se compaginan con su carácter alegre y entregado en la ayuda a necesitados. 

Fruto de ello es que logró la paz entre muchas tribus indias y dentro de otras muchas que se encontraban en división interna entre un mismo clan o tribu. Pero su salud, como es lógico, se iba resintiendo con el paso de los años. La salud se le agrava hasta ser preocupante su vida. Santa Mariana de Jesús de Paredes muere el año 1645 y es canonizada por el Papa Pío XII en 1950.

Via COPE