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La mirada de Dios. Por Manuel Romero, TOR

Seguían a Jesús porque habían visto los signos que hacía. Atendía a enfermos, los tocaba y -con su poder- los curaba sin reparar en la impureza o en la crítica.

IMG-20141214-WA0075-300x225Quizá por eso lo encontramos en el otro lado del lago, donde los fariseos y los sacerdotes no solían aparecer. Y se sube a una montaña con sus discípulos. Recordemos que en una montaña Moisés recibió la Ley y, mirando desde arriba, adoctrinaba a su pueblo-. De la misma forma “Jesús levantó los ojos y, vio que acudía mucha gente”.

¿Dónde estaba Jesús situado para mirar a la gente desde abajo? ¿No había subido a la montaña? Jesús, debía estar “por debajo” de la gente para tener que levantar la mirada. Al contrario que Moisés, que miraba a la gente desde arriba. Los sacerdotes en el templo, Jesús por los caminos. Los fariseos desde la Ley, Jesús desde la misericordia. Es la tónica de la Encarnación: mientras los hombre queremos subir para encontrarnos con Dios, Dios se abaja para encontrarnos.
Y baja a la pradera donde descubre la necesidad de la gente,, y provoca la respuesta de sus discípulos: primero la de Felipe, después la de Andrés. Respuestas que reconocemos como nuestras cuando nos situamos ante una situación sangrante, injusta e inabarcable:
-“Son muchos”.
-“No tenemos para tantos”.
-“Lo que tenemos es muy poco”.

Y en ese momento, ante la sorpresa de todos, Jesús le pide a la gente que se siente en el suelo, que no se vaya, que confíe en Él. Y, anticipando la Última Cena, “tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados”. Se saciaron todos y sobró… Y la noche fatídica de la Pasión repartió su vida en pan y vino “por todos los hombres” para saciarnos hasta nuestros días. ¡Con una sola vida! ¡Con un pan y una copa de vino!

La gente al ver el signo lo reconoció como al nuevo Moisés, como al Mesías prometido. Nosotros, en misa al ver el signo, ¿lo reconocemos como al Hijo de Dios que tenía que venir? Tú, ante la fracción del pan ¿lo reconoces como el que esperaba tu corazón?

Si es así, hemos de entrar en la lógica del pan y del milagro. Y para eso hemos de dejar de mirar lo que no tenemos, lo que nos falta, para agradecer lo que poseemos y se nos regala. Dios pone siempre más en ti de lo que aprecias. Y eso se aprecia desde el camino, desde abajo.
Si nos quedamos en la lógica del éxito, la mirada se lanza desde la altura en la que nos han puesto y, desde ahí no se puede apreciar la necesidad de los demás ni nuestra capacidad para solventarla.

Dios ha querido estar siempre, abajo. Donde la gente se agota, se cansa y camina con grandes cargas a las espaldas. Está en África pronunciando la acción de gracias por un puñado de arroz, en América agradeciendo un puñado de tierra, en Asia descubriendo la libertad del evangelio, en Oceanía recogiendo la fe confiada en medio de los desastres, en Europa dando sentido a la vida de los jóvenes. Poco a nuestros ojos altaneros, y mucho a los ojos humildes de un Dios hecho carne.

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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