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La Iglesia que, para «ser fecunda, debe ser pobre»

Bishops cast shadows as they talk prior to a Vesper service with Pope Benedict XVI in Freiburg, southwestern Germany, Saturday, Sept. 24, 2011. Pope Benedict XVI is on a four-day official visit to his homeland Germany. (AP Photo/Matthias Schrader)..(b. 51).Immagine est5_1.jpg da sampoz host TIPO30 @autore AP

En un pasaje de la catequesis de la audiencia de ayer, Francisco propuso la imagen de una continuidad eclesial que «practica una voluntaria simplicidad en la propia vida, en sus mismas instituciones, en el estilo de vida de sus miembros»

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Con la catequesis de la audiencia general del pasado miércoles 3 de junio, Papa Francisco comenzó a hablar sobre las «vulnerabilidades» a las que está expuesta la familia, como la pobreza y la falta de trabajo.

«Nosotros los cristianos deberíamos estar cada vez más cerca de las familias a las que la pobreza pone a la prueba. Pero piensen, todos conocen a alguien: un papá sin trabajo, una mamá sin trabajo… y la familia sufre, los vínculos se debilitan. Esto es feo. De hecho, la miseria social golpea a la familia y a veces la destruye. La falta o la pérdida del trabajo, o su fuerte precariedad, inciden mucho en la vida familiar, poniendo a prueba las relaciones».

Vale la pena recordar que justamente una economía al servicio de la persona y que respete la justicia social era uno de los famosos principios no negociables citados en el bien conocido documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe firmado por el entonces cardenal Joseph Ratzinger: «No puede quedar fuera de este elenco el derecho a la libertad religiosa y el desarrollo de una economía que esté al servicio de la persona y del bien común, en el respeto de la justicia social». Aunque durante mucho tiempo parecía que los principios no negociables eran solo los que se relacionaban con la defensa de la vida apenas concebida o en fase terminal y con la familia, formada por el matrimonio entre un hombre y una mujer.

En la catequesis del miércoles pasado, Francisco dedicó algunas palabras a la Iglesia, diciendo: «La Iglesia es madre, y no debe olvidar este drama de sus hijos. También ella debe ser pobre, para hacerse fecunda y responder a tanta miseria. Una Iglesia pobre es una Iglesia que practica una voluntaria simplicidad en la propia vida (en sus mismas instituciones, en el estilo de vida de sus miembros) para abatir cualquier muro de separación, sobre todo de los pobres. Se requiere oración y acción. Recemos intensamente al Señor que nos sacuda, para que nuestras familias cristianas sean protagonistas de esta revolución de la proximidad familiar, ¡que ahora nos es tan necesaria! De ella, de esta proximidad familiar, desde el principio, está hecha la Iglesia. Y no nos olvidemos que el juicio de los necesitados, de los pequeños y de los pobres anticipa el juicio de Dios».

Una invitación a practircar una «voluntaria simplicidad» de la vida, en las instituciones eclesiásticas, en los estilos de vida. El llamado no es nuevo y se conecta con otros que el mismo Papa ha hecho: basta recordar las expresiones dedicadas a los coches de los sacerdotes o de los religiosos, y las palabras sobre los obispos que no deben vivir como «príncipes». La Iglesia pobre de la que habla Francisco no es, pues, una Iglesia sin medios (que deberían servir para ayudar a los pobres), sino una Iglesia que ofrezca testimonio, incluso mediante su estilo de vida, más allá de las convenciones y del estatus, de su cercanía a los que tienen menos. Y es justamente en esta pobreza, recordó Francisco, con la que la la Iglesia puede volverse «fecunda».

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Escrito por Redacción

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