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La Iglesia que mas me duele.

PasionCristo10

Soy un hombre de Iglesia, un hijo de la Iglesia. Vengo de una familia católica, como tantas otras, no practicantes. Mi bisabuela me enseño a rezar y me transmitieron los valores cristianos.

Sin embargo desde muy pequeño sentí la vocación de servir, sentí fuertemente el llamado de Cristo a través de la experiencia de Francisco de Asís.

Desde que tengo memoria me veo en la Iglesia, en la parroquia. Conocí a la que hoy es mi mujer en la parroquia, mis hijos crecen participando de la vida de la Iglesia. Me he metido en mil y un fregados y servicios en cada sitio al que el Señor me ha llevado.

Y a lo largo de estos años, de toda una vida, me he encontrado muchas veces con situaciones desalentadoras, situaciones dramáticas en las que uno se confronta con el Evangelio y no entiende como determinados hombres y mujeres que se dicen cristianos, como determinados hombres que llevan un habito religioso, incluso algunos hombres que llevan una mitra de obispo, pueden comportarse como se comportan.

Siempre digo que los años en los cuales estudie la teología fueron mis peores años en mi vida de fe. Fueron los peores porque me horrorizaba comprobar como se manipulaba el mensaje de Cristo, como se instruía a los seminaristas en cuestiones muy alejadas de la misericordia del Evangelio.

Desde entonces me he enfrentado muchas veces con la iglesia terrenal, la iglesia corporativa, la iglesia política, la iglesia de los “funcionarios”, de los que hacen “carrera”, de los que viven de prebendas y del cepillo…

Son los que usan la Iglesia para mantener su espacio de confort, su cuota de poder temporal, los que se metieron a la Iglesia porque era eso o ir a trabajar.

Obispos y sacerdotes a quienes no les importa la salvación de las almas, a quienes no les importa el Reino de Cristo en la tierra, a quienes no les importa vivir el Evangelio. A esos solo les importa su propia historia, su propia salvación.

Y lo mismo pasa con tantos laicos de sacristía que se meten en la Iglesia porque es eso o salir a enfrentar la vida, es eso o salir a predicar el Evangelio, con la propia vida.

Son los que adoran al Santísimo en su custodia dorada pero rechazan al Cristo Vivo que esta en los hermanos de carne y hueso y, sobre todo, en los mas necesitados, los marginados, los de la “periferia” que diría el papa Francisco.

Esa es la Iglesia que me duele. La Iglesia que encabezada por muchos obispos y algunos cardenales, agita la bandera del sisma en estos tiempos del papa Francisco. Los que se escandalizan y teologizan cuando se habla de perdonar a quien equivoco su camino, cuando se habla de Misericordia.

Es la iglesia retrograda, feudal, medieval, que predica el Evangelio el domingo en la Misa y luego lo olvida durante el resto de la semana.

La iglesia de los obispos que miran la paja en el ojo del hermano incapaces de ver la viga que tienen en el suyo (cf. Lc 6, 41-42)

La iglesia que le duele al papa Francisco al “comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas.” Y se pregunta el papa “¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?” (EG 100)

Y sigue diciendo el papa “Pidamos al Señor que nos haga entender la ley del amor. ¡Qué bueno es tener esta ley! ¡Cuánto bien nos hace amarnos los unos a los otros en contra de todo! Sí, ¡en contra de todo!” (EG 101)

Es la iglesia de los que no entienden que los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios y que a su servicio está la minoría de los ministros ordenados” (EG 102) y no al revés.

Deje de creer en esa iglesia hace tiempo. Alguno me dirá “es que son nuestros padres, nuestros pastores, hay que respetarlos” y yo le respondo (soy un pecador) ¿permitirías que tu padre fuese un borracho que pega a tu madre, solo porque es tu padre? Quizás de pequeños si, pero de adultos, imposible permitirlo.

Que el Buen Dios nos conceda empezar a ser adultos.

 

Paz y Bien!

 

Gabriel López Santamaría

 

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Escrito por Gabriel López Santamaría

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