La identidad de la OFS en las Constituciones de 1990

La Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica aprobó mediante decreto las Constituciones de la Orden Franciscana Seglar. Dicho texto legislativo entraba en vigor el 8 de setiembre de 1990. Las anteriores constituciones de la OFS son del 25 de agosto de 1957; en aquella ocasión fueron aprobadas por la Sagrada Congregación de Religiosos. Las últimas constituciones, las de 1990, quieren ser la aplicación de la Regla aprobada por Pablo VI el 24 de junio de 1978[1].

 

En la entrega que fr. José Angulo Quilis, ministro general de la TOR, hizo de las Constituciones al Capítulo General de la OFS reunido en Fátima (13 al 20 octubre 1990), decía que “este texto une con la tradición histórico espiritual de la Orden y es también un feliz resultado del esfuerzo de renovación de los hermanos y de las hermanas, presentes y operantes en todo el mundo” [2].

 

En la presentación de este texto legislativo la Ministra General de la OFS, Emanuela de Nunzio, subrayaba tres aspectos fundamentales de las mismas: la secularidad, la unidad de la OFS y su autonomía [3], que según ella, representan una única realidad. No habrá una OFS totalmente autónoma si no está unida, y no será verdaderamente secular si depende de los religiosos [4].

Secularidad

La índole secular caracteriza la espiritualidad y la vida apostólica de quienes pertenecen a la OFS (Const. 3, 1), que con su presencia en las actividades temporales, contribuyen a la edificación del Reino de Dios.

A lo largo de la historia el laicado y su dignidad en la sociedad y en la Iglesia, no ha corrido la misma suerte. El Decreto de Graciano, (c. 1140), dividía a los cristianos en clérigos -elegidos de Dios- y laicos -a los que se les permiten las cosas- [5]. El Concilio Vaticano II ha puesto de relieve la igualdad de todos a raíz del bautismo [6]. El mismo Papa Juan Pablo II habla del descubrimiento del bautismo como fundamento de la existencia cristiana (TMA 41).

El papa Pablo VI, en su Exhortación Evangelii Nuntiandi (1975), marcaba la teología de la secularidad subrayando el papel evangeliza­dor de los seglares en todas las realidades del mundo: en la política, en el mundo de lo social, de la economía, de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas; y también en otras realidades abiertas a la evangeliza­ción, como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc[7] .

La Regla de la OFS, aprobada en 1978 (fecha muy cercana a la Evangelii Nuntiandi), recoge muy bien las orientaciones de la exhortación papal. Aunque no se refiere a ella, la sigue en los artículos trece al diecinueve: en ellos se llama a crear condiciones de vida dignas; a construir un mundo más fraterno y evangélico; a promover la justicia; a valorar el trabajo como un don; a vivir en la familia el espíritu franciscano; a tener respeto hacia las demás criaturas; a ser portadores de paz, de alegría y de esperanza.

También las Constituciones dedican especialmente varios números al carácter secular de la vida de los seglares franciscanos; son los artículos diecisiete al veintisiete del capítulo segundo, que correspon­den al epígrafe Presencia activa en la Iglesia y en el mundo. Los seglares franciscanos intentan vivir día a día la fe dando testimonio en la vida de familia, en el trabajo, en la alegría y sufrimiento, en el encuentro con todas las personas, hermanos todos en el mismo Padre, en la presencia y participación en la vida social, en la relación fraterna con todas las criaturas [8]. Todo lo anterior es “lugar” en el que el  seglar  franciscano vive su sacerdocio como bautizado.

En las realidades terrenas, los franciscanos seglares anuncian a Cristo con la vida y la palabra, y están llamados a colaborar en la construcción de la Iglesia. Los laicos, por su novedad cristiana e índole secular, propia pero no exclusiva de ellos (G.S. 43), concretan la inserción de la Iglesia toda en el mundo y para el mundo desde la corresponsabilidad[9]. Ésta es la índole secular del laico franciscano, cuando se le dice que difunda el mensaje evangélico en las condiciones comunes del siglo: en el ambiente en que vive, en la familia, en la fraternidad, en la sociedad; también cuando rechaza toda explotación, discriminación, marginación e indiferencia hacia los demás; y cuando colabora en la erradicación de la marginación y  trabaja por la libertad, la justicia, la paz y el respeto a la vida.

Algunos campos de acción de la vida secular del seglar franciscano son el trabajo, la sociedad, la familia y la relación con todas las criaturas [10].

 

Trabajo

             “Consideren el trabajo como don de Dios y como participación en la creación, redención y servicio de la comunidad humana”; así se expresa la Regla en su número 16.

El trabajo es considerado como derecho y deber de todos, como medio de sustento, de servicio a Dios y al prójimo, y también como lugar de desarrollo de la propia personalidad (Const. 21, 1).

El trabajo es un don y una gracia, y “una dimensión fundamental de la existencia del hombre sobre la tierra” [11]; por ello, los gobiernos debieran garantizar a todos los ciudadanos la posibilidad efectiva de trabajar.

En el número veintiuno de las Constituciones de los seglares franciscanos, se habla también de la dignidad de todo trabajo, cuya fuente hay que buscar principal­mente no en su dimensión objetiva (trabajo), sino en su dimensión subjetiva (persona) [12].

Francisco de Asís, en la denominada Regla no bulada, de 1221, deja escrito que los hermanos que saben trabajar, trabajen y ejerzan el oficio que conozcan, siempre que no sea contra la salud del alma y pueda realizarse decorosamente (1 R VII, 3). En la segunda Regla, de 1223, Francisco insta a trabajar a aquellos a los que el Señor haya dado la gracia del trabajo, de forma tal que evitando el ocio, no apaguen el espíritu de la santa oración y devoción, a cuyo servicio deben estar las demás cosas temporales (2 R V, 1-2).

Francisco exhorta al trabajo no sólo para desechar la ociosidad y practicar la virtud, según la tradición benedictina, sino también como consecuencia lógica de una vida pobre que necesita del trabajo para poder subsistir.

El franciscano seglar puede y debe tomar del santo de Asís las referencias válidas para su vida, considerando el trabajo una gracia, y más ahora, en que las posibilidades laborales se reducen. Una gracia de Dios porque le permite vivir y dar testimonio de su fe allá donde desarrolle su labor; y porque ahí colabora en la construcción del mundo, pues la creación continúa. También es gracia porque puede vivir la solidaridad con otros trabajando, esforzándose en colaborar por la humanización de las condiciones de trabajo (Const. 21, 1) y en la búsqueda de la justicia (Const. 22, 1).

Otro punto importante en relación al trabajo es el tiempo libre y el esparcimien­to. Las Constituciones hacen hincapié en ello llamando a tener una equilibrada relación entre trabajo y reposo (Const. 21, 2).

Francisco y sus primeros compañeros también entendían el trabajo como servicio; en una sociedad en que se buscaba el ascenso social y económico, los hermanos se decantaban por trabajos sin relevancia en los que no llevaban la administración ni el control económico de instituciones. De este modo, podían sentirse libres de la presión social y organizar su vida trabajando para el sustento y atendiendo las carencias que sufrían los indigentes.

Los franciscanos seglares, según las conclusiones del Capítulo de 1993, se comprometen a apoyar una legislación laboral basada en la justicia; a liberar el trabajo de condicionamientos como el consumismo y el eficientismo; a favorecer toda iniciativa en apoyo de los jóvenes que buscan el primer empleo, así como de aquellas personas que han perdido el trabajo y de los pensionistas en situación difícil; y además apoyarán y promoverán programas de formación profesional, creación de puestos de trabajo, y grupos de voluntariado social.

Como dicen los ministros generales de la familia franciscana masculina, “para la Orden Franciscana Seglar es una verdadera gracia la creciente claridad que se va haciendo en torno a la dimensión secular como propia del laicado” [13].

 

Economía y fraternidad

             En las fraternidades, tanto locales como regionales y nacionales, es el Consejo de las mismas el que decide sobre los fondos disponibles y delibera en materias referentes a la administración financiera y a los asuntos económicos de la fraternidad. El tesorero elegido es el encargado de registrar adecuadamente las entradas y salidas de bienes, así como de rendir cuentas de su administración en la Asamblea y en el Consejo de la fraternidad respectiva.

La Regla de la OFS determina que todos “ofrezcan una contribución proporciona­da a las posibilidades de cada uno, para sufragar los gastos necesarios de la vida de la Fraternidad o para obras de culto, de apostolado y de caridad” (Regla 25). Toda fraternidad necesita de medios económicos para su vida, y es importante y necesario saber de dónde procede el dinero y cómo se gasta.

Cuando una fraternidad vive de la contribución proporcionada a las posibilidades de cada uno, esa fraternidad pertenece a todos, y todos se sienten implicados y responsables de la marcha de la misma. La experiencia y funcionamiento de las fraternidades en lo económico es muy diversa: desde las que viven de la generosidad de unos pocos hermanos de la fraternidad, o las que siguen dependiendo bastante de los religiosos. Cualquiera de las dos posturas es deficiente y errónea, por cuanto no implica a los mismos hermanos de esa comunidad.

Las Constituciones vigentes hablan de entrega proporcionada hecha con espíritu de familia; desde aquí se puede hablar de solidaridad entre los miembros de la fraternidad, donde todos deben aportar haciéndose corresponsables del funcionamiento de la propia fraternidad. Para que lo anterior sea una realidad es necesaria una gestión transparente donde todos sean conocedores de las necesidades existentes y de los compromisos a adquirir.

La economía va unida con la autonomía. La autofinanciación se basa no sólo en lo financiero, sino más bien en la determinación de los propios miembros de la fraternidad de querer ser libres en la decisión de la propia vida. Una fraternidad que quiera autofinanciarse “debe comenzar con un programa de formación hacia la autonomía, la solidaridad y la transparencia en sus relaciones, no sólo en el campo económico sino en la vida de la fraternidad. Sólo así la fraternidad llegará a ser ella misma y a vivir plenamente el Evangelio en el propio estado secular”[14].

No hay normas para la financiación de la fraternidad; cada una busca sus métodos más adecuados para satisfacer sus necesidades económicas. Además de los compromisos propios, las Constituciones piden que las fraternidades colaboren económicamente con los niveles superiores. Se trata de tomar conciencia de pertenencia a una Orden que tiene sus necesidades y que descubre que la autofinanciación sería más positiva para la marcha de la OFS.

En el Capítulo General de 1996 se determinó que cada Fraternidad Nacional debía aportar al Consejo Internacional de la OFS (CIOFS) la cantidad de 0,20dólares USA anuales por cada miembro profeso perteneciente[15]. El CIOFS debe responder a varias necesidades: sufragar los gastos de la atención a la Orden de los miembros de la Presidencia; cubrir los fondos de solidaridad abiertos (para los países del Este, para el terremoto de Asís, para las necesidades de Cuba); conseguir fondos para la adquisición de un local propio; apoyo de fraternidades emergentes; puesta al día en medios de comunicación; proyectos de formación de los responsables de las comunidades.

Hoy es un reto para las comunidades el ir descubriendo el sentido de pertenencia a una Orden que es Internacional y que tiene sus necesidades. Se va consiguiendo poco a poco, pero hay que seguir formando en la identidad y la pertenencia. Hay que descubrir que toda aportación, económica y humana, es importante y necesaria en la fraternidad. Aquí incluimos la corresponsabilidad que se da entre algunas fraternidades nacionales. La presidenta de la OFS, en su informe al Capítulo de 1996, hablaba de este intercambio, corresponsabilidad y solidaridad; en concreto la ayuda de la OFS italiana a las fraternidades de Albania y Egipto; de la OFS brasileña a la de Mozambique; de la OFS polaca a la de los países de la ex-URSS; de la canadiense a la OFS de algunos países de Africa francófona.

Sociedad

             “Llamados, juntamente con todos los hombres de buena voluntad, a construir un mundo más fraterno y evangélico para edificar el Reino de Dios, conscientes de que ‘quien sigue a Cristo, Hombre perfecto, se hace a sí mismo más hombre’, cumplan de modo competente sus propios deberes con espíritu cristiano de servicio” (Regla 14).

El término sociedad  no aparece en las Constituciones de 1957; sin embargo, en las de 1990 los términos sociedad y mundo son muy utilizados.

La Regla y las Constituciones recogen el mensaje neotestamentario y la documentación conciliar en lo que hace referencia al papel y misión del laico en la sociedad. También todo el capítulo tercero de la Exhortación apostólica Cristifideles Laici está dedicado a este tema, con el subtítulo “La corresponsabilidad de los fieles laicos en la Iglesia-Misión”. En él se van señalando diversos valores con los que dar cumplimiento a la tarea encomendada: promover la dignidad de la persona, la inviolabilidad de la vida humana, el derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, la familia como campo del compromiso social, la caridad como alma y apoyo de la solidaridad, la participación activa y responsable de todos en la política, el hombre situado en el centro de la vida económica-social, la evangelización de la cultura y las culturas del hombre [16].

Se trata de construir una sociedad en beneficio de todos, la comunidad humana; y esta tarea es responsabilidad de todos. La Regla en el artículo 14 dice: “juntamente con todos los hombres de buena voluntad”. La Gaudium et Spes manifiesta que “es necesario estimular en todos la voluntad de participar en los esfuerzos comunes” (G.S. 31). Estos esfuerzos comunes, dirigidos a renovar el mundo, deben incorporar en el franciscano seglar el modo más fraterno y evangélico.

La Regla recoge la expresión de la Gaudium et Spes “el que sigue a Cristo hombre perfecto, se hace a sí mismo más hombre” (G.S. 41). Una contribución positiva al mundo es el cultivo de la propia personalidad humana y cristiana; el cultivo de los valores humanos, de la inteligencia, de la persona, son importantes para este crecimiento humano, que se va perfeccionando y realizando en el trabajo, en el servicio, en las relaciones con los demás. Y todo ello, desde la llamada que la misma Regla hace al cumplimiento de los deberes con competencia; llamada que es recogida por las Constituciones [17].

Esta entrega a las actividades de la sociedad, hecha con profesionalidad y preparación, está unida al propio dinamismo de la fe, evitando la separación entre fe y vida diaria (G.S. 43). Así pues, se pretende que la vida de fe del franciscano seglar no se quede en angelismos ni pietismos, sino que sea comprometida, como corresponde al seguidor de Cristo.

 

Familia

             “Vivan en la propia familia el espíritu franciscano de paz, fidelidad y respeto a la vida, esforzándose en convertirlo en el signo de un mundo ya renovado en Cristo” (Regla 17).

La Regla de Pablo VI invita a los franciscanos seglares a hacer de la familia el primer signo de un mundo renovado en Cristo. Como en otros tantos artículos de la Regla y de las Constituciones, diversos documentos del concilio Vaticano II están a la  base [18].

La Regla de León XIII apenas dedicaba un párrafo a la familia, en el que se insistía en el buen ejemplo, vida de piedad y buenas obras y en la protección de la virtud y moral de los miembros de esa familia. Las Constituciones de 1957 dedicaban más artículos; en el título III del capítulo II ofrecían un cierto programa de espiritualidad familiar [19].

Para el seglar franciscano la familia ha sido lugar de vivencia de la fe, del compromiso social y de la espiritualidad franciscana. En estos años, la reflexión ha hecho evolucionar sus planteamientos y en ello ha influido la teología del Vaticano II. Otra influencia ha sido la realidad familiar vivida en la sociedad y una práctica pastoral renovada.

El Capítulo General de la OFS, celebrado en México del 9 al 17 de octubre de 1993, trabajó y reflexionó el tema de la secularidad como identidad del franciscano seglar, teniendo como subtema la secularidad en la familia. En las conclusiones se vio la necesidad de promover grupos especiales de matrimonios dentro de las fraternidades seglares, en sintonía con las Constituciones [20]. También se pidió a los franciscanos seglares que animaran y apoyaran iniciativas políticas y legislativas en torno a la familia.

Los cambios sociales han hecho que se modifique toda la realidad familiar, teniendo que aceptar que hoy existen varias formas de vivirla: el núcleo formado por padre, madre e hijos, no existe ya como norma en muchos lugares. Hoy la familia está en transición. Existen, cada vez más, las familias monoparentales.

En muchas ocasiones no resulta fácil vivir la vocación franciscana con la pareja, ya que se trata de una llamada personal, y no es compartida, generando muchos conflictos en los matrimonios.  Hoy  la tolerancia y el respeto no lleva a crear problemas, pero puede ser una limitación en la pareja.

Las Constituciones animan a que en las fraternidades sea tema de diálogo la realidad familiar de los hermanos y hermanas de la OFS, preocupándose sobre todo por los que viven en soledad o en otras condiciones de sufrimiento. En la Regla se indica especialmente la paz, la fidelidad y el respeto a la vida como actitudes y valores a vivir en la familia.

Las Constituciones añaden a este tema de la familia un artículo, el 25, acerca de la iniciación de los niños en el espíritu franciscano; dicho artículo se inspira en el decreto conciliar Apostolicam Actuositatem[21]. Como en todo lo que se refiere a la infancia, el marco familiar es uno de los más adecuados para este inicio en el “conocimiento y amor de la vida franciscana”. Para el franciscano seglar la vida diaria está unida con la vida de fe (como para todo creyente); siendo  en ambos espacios donde la fraternidad franciscana seglar proyecta su luz. Por tanto, desde el ámbito familiar y con la ayuda de una pedagogía adecuada, los niños irán entrando en el camino de la fe, más desde el ejemplo de otros que desde las teorías.

 

Relación con todas las criaturas. Justicia, paz y salvaguarda de la creación

             “Sientan, además, respeto por las otras criaturas, animadas e inanimadas, que son ‘portadoras de la significación del Altísimo’, y procuren con ahínco superar la tentación de explotación con el concepto franciscano de la fraternidad universal” (Regla 18).

Todas las criaturas llevan la significación del Altísimo, como dice Francisco en su “Cántico a las criaturas”. Las Constituciones piden a los seglares franciscanos la colaboración para conservar los valores de la Naturaleza y combatir la contaminación (18, 4); pero la Regla va más allá cuando habla de la fraternidad universal con las criaturas animadas e inanimadas, ya que supone acogida, respeto, libertad, justicia para ambas criaturas. Para el franciscano implica un estilo de vida y el fomentar unas actitudes y valores. El hombre y la mujer son cada vez más inseparables del ambiente en el que viven, se condicionan mutuamente, como ya lo decía Pablo VI en el año 1972 con ocasión de la apertura de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente, celebrada en Estocolmo [22].

También Pablo VI denunció en la misma Conferencia “el ímpetu ciego y brutal de un progreso material abandonado a su único dinamismo”. Fueron muy sugerentes las propuestas de corresponsabilidad y solidaridad hechas en ese año. Y bebiendo de Francisco de Asís y las grandes Órdenes contemplativas, Pablo VI propuso la búsqueda de la armonía interior de la persona conseguida en comunión con los ritmos y con las leyes de la Naturaleza [23].

El franciscano seglar no es dueño exclusivo de estos ideales de fraternidad universal en sintonía con la Naturaleza y el cosmos; deberá unirse a tantos hombres y mujeres que sienten el mundo como hogar estropeado y con deseos de recuperarlo. El seglar franciscano tendrá que trabajar y colaborar por la regeneración del cosmos, aportando una visión desde la fe y transmitiendo la herencia recibida como seguidor de Francisco. Hay una tarea de concienciación personal y social que hemos de realizar entre todos.

Las Constituciones recuerdan que san Francisco fue nombrado patrono de la ecología y que se debe seguir su ejemplo de conservar los valores de la naturaleza [24], y esto tiene sus implicaciones para la vida y la espiritualidad franciscana.

 

El desastre en la creación y respuesta teológica

             La creación y  el movimiento ecológico son realidades que comienzan a estar presentes en la reflexión teológica. Los grandes desequilibrios ambientales en que vivimos hacen que nuestro pensamiento se detenga más en la Naturaleza como “lugar” de  relación que tienen los humanos en y con ella.

La protección del medio ambiente se ha convertido en el problema más urgente de la Humanidad: sufrimos la degradación ecológica, el hambre, las condiciones de vida precaria, la mala calidad de vida. Algunos hechos demuestran tal deterioro: el deterioro de la capa de ozono, las lluvias ácidas, el efecto invernadero, la mala utilización de los recursos genéticos, la desertización y hambre en el mundo, el uso de energías altamente contaminantes, las manipulaciones genéticas, los usos indiscriminados de tecnologías, la desaparición de especies animales, la violación de los derechos humanos, las guerras, los países  con miserias que conlleva la obligada inmigración.

Como vemos, hay muchas amenazas en este bloque de paz, justicia y salvaguarda de la creación, que se interrelacionan claramente. Pero, ¿dónde están las causas de tan graves desastres? Habría que buscarlos en los cambios en las estructuras sociales y en las relaciones con el mundo natural; en la economía y la tecnología cuando están al servicio de intereses más particulares; en la tremenda arrogancia del ser humano, que expolia todo convencido de estar en su derecho de hacerlo.

Pero este marco antropocentrista dominador debe cambiar; así, diversos autores hablan de un “saludable biocentrismo”, que entiende que “todo en el mundo tiene su sitio y que incluso con el elemento rector de la razón humana, cada cosa está llamada a completar su ciclo vital”[25].  También se habla de discurso antropológico orientado hacia un discurso teleológico[26]. Otra idea es la de “el mundo como cuerpo de Dios”[27]; y si fuera así, habría que orientar todo, la economía, la relación social, la afectividad, “porque el mismo ser de Dios se une a la empresa de plenificar la historia con todos sus contenidos”[28]. Es preciso pasar de la antropolatría constitutiva, típica de la Modernidad, a una visión más modesta del hombre como mandatario o administrador de una tierra que no es suya.[29]

 

Espiritualidad franciscana

             En este tema de la ecología la referencia a Francisco de Asís es obligada. Él no separa Naturaleza y Dios; la alaba junto con  sus elementos, las creaturas, porque él se siente participando plenamente del misterio de la salvación; es propio de aquél que se sabe salvado.

Francisco se siente hermano con las creaturas porque descubre que tanto la persona como ellas, tienen un origen común: Dios. Pero no un dios esotérico, frío, sino el Dios revelado en Jesús: Dios Padre, Dios de amor; Dios salvador en Jesucristo; el Dios que porque ama, crea; que creando, ama; el Dios que se entrega totalmente en su Hijo Jesús.

Francisco, a través de la contemplación del Dios creador, va adquiriendo varias certezas de la relación Creador-creaturas:

  1. Todo lo creado ha salido de Dios.
  2. La necesaria y obligada alabanza de las creaturas al Creador por sus dones.
  3. Respeto y amor a todas las creaturas, inseparable del respeto al Creador de ellas.
  4. La justa y envolvente alegría por todas las creaturas.
  5. La ineludible pobreza: prohibida la posesión de las cosas; “quien te ha prestado todas las cosas, te las puede quitar” (2 Cel 133).

Para Francisco hermano y hermana quiere decir don gratuito; él no elige, a él le entregan, y él les acoge y sirve. Nunca acapara, ni utiliza ni domina. Él destaca en las criaturas el servicio que nos hacen día a día “… el hermano sol, el cual es día y por el cual nos alumbras”; … la hermana agua, la cual es muy útil, y humilde y preciosa y casta”[30].

La relación del santo de Asís con la Naturaleza es la de estar-con-ella, convivencia, admiración, simpatía. Las cosas no están abandonadas para que la mano posesiva del hombre las tome; Francisco les da vida y las anima, las personaliza, las deja que las cosas sean lo que son. Renuncia a dominarlas y someterlas; desde aquí, cuanto más pobre es él, más libre y fraterno se siente.

El poverello compuso el Cántico de las criaturas al final de su vida, no al comienzo; por ello hay todo un recorrido en él de vida , de fe, de pobreza. “Quien quiera imitar románticamente a san Francisco en su enamoramiento con la Naturaleza y se niegue a la ascesis, a la renuncia, a la pobreza, a la penitencia y a la cruz, caerá en una profunda desilusión”[31].

Hoy la persona que quiera vivir una espiritualidad franciscana tiene la tarea por un lado, de ser analizadora de toda la problemática medio-ambiental; por tanto, sería una persona informada y al tanto de toda esa realidad dramática. Por otro lado, y fruto de lo anterior, la relación que debe establecerse entre persona-Naturaleza tiene que modificarse: habría que despojarse del instinto de posesión y descubrirse hijo/a de Dios Padre y creador; descubrir también que cada cosa tiene su sitio; desarrollar la capacidad de gratuidad y de admiración; no dejarse llevar de un mundo de intereses; trabajar por la aceptación propia y la de los demás; no asumir esta economía liberal y de libre mercado como la única posible.

El franciscano, como persona creyente e inserto en la sociedad, debería estar contra el neoliberalismo reinante. Para ello nos unimos a las propuestas de J.Mª Mardones[32] cuando habla de activar la crítica social, acompañada de la movilización social; activar la participación ciudadana, por vía de la pequeña revolución cultural, revalorizando los pequeños gestos; y por último, activando la compasión solidaria, practicando la solidaridad eficaz con el otro en necesidad.

Es necesario trabajar también por desenmascarar la forma de realizar la aldea global, donde con un término tan ampuloso los ricos son cada vez más ricos y los pobres son introducidos en una miseria cada vez mayor. Trabajar por vivir la vida cotidiana como gracia; aventurarnos a pasar de una multitud solitaria a un yo solidario; caminar de la emancipación a la libertad; dar el paso de las acciones y actitudes violencias a la paz necesaria; descubrir y vivir el cuerpo como sujeto y no como objeto; colaborar y trabajar para vivir el mundo como morada de todos y todas, y no como naturaleza inhóspita; descubrir y vivir un Dios transparente, sacándolo de lo oculto; vivir la vida como celebración; ir dando pasos grandes que nos lleven del consumismo a una ética de la frugalidad; saborear el silencio como lugar creador, saliendo de una vida agitada; y por último, vivir la esperanza como actitud creadora en la vida cotidiana[33].

Unidad

             En la presentación que Emanuela de Nunzio, Presidenta General de la OFS, hace de las Constituciones, destaca cómo “la unidad de la Orden Franciscana Seglar es una característica presente desde sus orígenes y jamás puesta en discusión en el plano teórico”[34]. En el plano práctico la OFS se ha ido dividiendo según la dependencia que tuvieron a las diferentes obediencias religiosas franciscanas: Menores, Conventuales, Capuchinos y Tercera Orden Regular (TOR).

Pero la OFS no se identifica con ninguna de esas obediencias ni con sus estructuras geográficas de presencias; pero en la práctica, hasta hace poco tiempo sí que ha funcionado la estructura de “provincia” religiosa aplicada a los seglares. El término en la OFS es fraternidad regional, que no coincide, generalmente, con una provincia concreta de religiosos; la fraternidad regional comprende todas las fraternidades locales de seglares existentes en un territorio, sin fijarse en quién las asiste.

La Orden Franciscana Seglar habla de sí misma en la Regla como “la unión orgánica de todas las fraternidades católicas, esparcidas por el mundo entero y abiertas a todo grupo de fieles” (Regla I, 2). Así también en la misma Regla se dice que “La Orden Franciscana Seglar se divide en Fraternidades, de diversos niveles o grados: local, regional, nacional e internacional (Regla III, 20)[35].

Así, sencillamente, queda contemplada la Orden Franciscana Seglar como una única Orden, formando parte en la Iglesia de la amplia familia franciscana, “que siguen a Cristo tras las huellas de San Francisco de Asís” (Regla I, 1).

A partir de la Regla de 1978 y de las Constituciones de 1990, la OFS ha hecho un esfuerzo fuerte por unificar toda la Orden y darle sentido de unidad a todos los hermanos y hermanas y a todas las fraternidades locales. Una de las dificultades ha sido, y en parte sigue siendo en algunos países, el que cada hermano y hermana integre en sí mismo el sentido de pertenencia a algo mayor, pasando de la unión jurídica a la mental y afectiva.

El Capítulo General de Fátima (13 al 20 octubre 1990), concluía que la Presidencia “animará y promoverá la superación de las correspondientes divisiones que en el pasado había caracterizado a la Orden Seglar”, y también instaba a trabajar por alcanzar la unidad interna y entre los distintos niveles, “estimulando a todas las fraternidades nacionales a realizar la unidad delineada por la Regla y por las Constituciones Generales”.

Siguiendo a Juan Pablo II en la Tertio Millennio Adveniente, “somos conscientes de que el logro de la unidad no puede ser sólo fruto de esfuerzos humanos, aun siendo estos indispensables. La unidad, en definitiva, es un don del Espíritu Santo” (T.M.A. 34).

Mientras la Regla desarrolla brevemente la división de la Orden Franciscana Seglar, las Constituciones necesitan varios números para cada uno de los niveles señalados: fraternidad local, regional, nacional e internacional[36].

Aunque siempre la OFS ha sido una, la Regla de Pablo VI da un respaldo a esta unidad, porque se habla de una Regla, unas Constituciones Generales, un Ministro-Ministra o Presidente en cada nivel, un sólo Consejo en cada nivel; en definitiva, una única estructura. La OFS “se rige por el derecho universal de la Iglesia y por el propio: Regla, Constituciones, Ritual y Estatutos particulares” (Const. 4, 1).

La fraternidad es palabra clave en la familia franciscana; en Francisco de Asís y en Clara, es el lugar de búsqueda, de vida, de desarrollo personal y eclesial; así también los seglares franciscanos recogen este testigo y lo trasladan a sus textos y a su vida. En la Regla, el capítulo tercero que trata de la organización, se titula La vida en fraternidad; y las Constituciones asumen el mismo título en su apartado tercero. Se quiere dejar así constancia de que las estructuras deben estar al servicio de la vida y que la vocación de los seglares es vivir el evangelio en fraternidad, pero sin copiar formas comunitarias que son propias de los religiosos.

Esta fuerza de la fraternidad  hay que buscarla siempre en la vida de la OFS como algo característico del movimiento franciscano. Los seglares viven el espíritu de fraternidad y el reunirse como hermanos, desde sus familias e inmersos en la sociedad.

La formación común, signo de unidad

Un signo de la unidad de la OFS es el apartado de la formación común.

En 1992, la Presidencia del Consejo Internacional de la OFS, publicó el Subsidio para la formación, en el que se aborda la formación inicial y permanente[37]. Según este documento, la formación consiste “en una acción inteligente, armoniosa, sistemática y constante”, que exige unas cualidades idóneas en el formador, desde el punto de vista psicológico (madurez, equilibrio, dominio de sí, apertura al diálogo, con capacidad de usar lo aprendido, de transmitirlo, de involucrarse); cultural (conocimiento de la doctrina a enseñar y pedagogía; nociones de metodología e interés en la actualización y capacidad de evaluación); espiritual (discernimiento, serenidad, fidelidad a la identidad de la persona en formación y al ideal que se quiere alcanzar).

La formación específica franciscana “se propone ayudar a la persona a descubrir cada vez más claramente la vocación recibida y a responder generosamente de manera que puede vivir la unidad que marca su ser como miembro de la Iglesia y ciudadano de la sociedad humana, según el espíritu y forma de vida de san Francisco”[38].

 

Formación inicial

             Al ser la OFS una única Orden, lógicamente el proceso formativo en dicha Orden es único. La Regla habla de tres momentos progresivos para la incorporación a la fraternidad: el tiempo de la iniciación; el período de la formación, que dura por lo menos un año; y la profesión de la Regla (Regla III, 23). La formación inicial incluye los dos primeros momentos -iniciación y formación- y debe sondear la autenticidad y solidez de la vocación del candidato y en caso positivo, ayudarle a madurar su opción de vida.

El mismo artículo anterior dice que “las peticiones de admisión en la Orden Franciscana Seglar se presentan a una fraternidad local, cuyo Consejo decide la aceptación de los nuevos hermanos”. Queda así superado el concepto y la realidad del terciario aislado que se daba con anterioridad a la Regla actual de 1978. Las constitucio­nes de 1957 dedican varios números a “los terciarios no congregados o aislados”. Con todo, se pedía al hermano o hermana que mantuviera relación con la hermandad local, bien mediante las publicaciones o asistiendo a las funciones más solemnes[39].

El tiempo de la formación pretende encaminar a la persona hacia la conquista de su propia madurez en la triple dimensión: humana, cristiana y franciscana, consideradas como momentos de un desarrollo armonioso de una única realidad, la persona concreta.

En la dimensión humana se quiere la búsqueda del hombre en sí mismo, en la familia, en el trabajo y en la sociedad, pretendiendo llegar a un compromiso de la persona con las grandes transformaciones técnicas, económicas, sociales y culturales que caracterizan la sociedad. Por otro lado, se busca también el enriquecimiento continuo de la propia personalidad del sujeto, y pasar a una participa­ción activa en los problemas colectivos.

La dimensión cristiana supone un enriquecimiento sustancial de la dimensión humana. Ello conlleva la necesidad de una catequesis apropiada desarrollando la teología de los sacramentos de la iniciación, la cristología, la eclesiología y una formación bíblica; y buscando actuar en el mundo con una presencia cualificada, asumiendo las responsabilidades que como laico le corresponde. Es necesario conocer la doctrina social de la Iglesia y actualizarla en la praxis cristiana.

La dimensión franciscana indica el paso del “ser” cristiano a una “forma” de vivirlo. La vocación franciscana es una opción evangélica explícita, libre y responsable de la persona creyente. Para afianzar la vocación franciscana será necesario conocer la vida y escritos de san Francisco, estudiar la espiritualidad y la historia franciscana, y profundizar en el estudio de la Regla y las Constituciones de la OFS.

En la formación inicial queda implicada toda la Orden, a través de los Consejos Nacionales, Regionales y locales.

La profesión la recibe siempre el ministro o presidente de la fraternidad local, o un delegado suyo, quedando registrada en el archivo de la Fraternidad. Son así los mismos seglares los que toman la responsabilidad y dirección de las fraternidades[40].

Formación permanente

             La formación permanente es una exigencia de la vida actual con sus múltiples cambios. Además, para los franciscanos seglares es una exigencia que nace de su llamada a la perfección de la caridad en su estado seglar (Regla 2).

El subsidio de la formación indica tres motivos de la exigencia de la formación permanente, que son: “la capacidad de perfeccionarse del hombre dura toda la vida y nunca debe considerarse cumplida; la meta que se quiere alcanzar: la perfección que debe inspirarse en la del padre celestial (Mt 5, 48); la continua evolución de las situaciones humanas”[41].

En virtud de su misión, los franciscanos seglares “deben tomar posturas coherentes ante los desafíos que se presentan, como  el desarrollo de la ingeniería genética, de la conquista del espacio, de la informática, de la política, de las comunica­ciones sociales, del uso de los recursos del planeta, del comercio internacional”[42]. La fraternidad es el ambiente privilegiado para la formación permanente.

La formación permanente de los franciscanos seglares debe ser una de las prioridades en todas las fraternidades de la OFS; sólo desde ella la persona irá creciendo humana, cristiana y franciscanamente.

Un signo de unidad en la pertenencia a la OFS es el distintivo THAU[43], sugerido en las Constituciones; pero se deja a los Estatutos Nacionales de cada país la capacidad de establecer el signo más adecuado[44].

Autonomía

             Para la Presidenta General Emanuela de Nunzio, “en las Constituciones se encuentran delimitadas con exactitud las funciones de gobierno de las fraternidades a todos los niveles, reservadas en exclusiva a los seglares” [45]. Estas funciones de gobierno se distinguen así de la asistencia espiritual, confiada a los religiosos de la primera Orden y de la TOR.

La autonomía de la OFS es indispensable para la vivencia de su espiritualidad. Es interesante ver cómo la Regla no comienza con una definición de la OFS, sino con la presentación de la Familia Franciscana, y es que la OFS está en comunión recíproca con los otros componentes de la familia: religiosos y sacerdotes. La autonomía no puede estar separada de la comunión y de la unidad. La autonomía es signo de identidad de la OFS, como veremos más adelante; pero es claro que ello no le aleja de los demás grupos eclesiales con los que debe mantener relación y compartir vida y actividad. También dentro de la familia franciscana, la OFS debe sentirse unida y en comunión vital con los religiosos, las hermanas de vida contemplativa y los jóvenes franciscanos seglares. Las Constituciones hablan de “fomentar un particular afecto con las hermanas de vida contemplativa que se traduzca en iniciativas concretas de comunión fraterna” (Const. 98, 2).

Esta búsqueda de comunión ha llevado a los seglares franciscanos desde hace tiempo, a tener encuentros con franciscanos seglares y religiosos, anglicanos, calvinistas y otros no católicos. En Inglaterra, Alemania, Nueva Zelanda y Suiza, las experiencias de encuentros ecuménicos franciscanos han colaborado al desarrollo del movimiento ecuménico. Por otro lado también hay que destacar la presencia positiva de hermanos anglicanos en los Capítulos Generales de Asís y Roma[46].

También los Ministros Generales de la Familia Franciscana animaban a potenciar la comunión con otros grupos, “trabajando por promover la colaboración entre todos los grupos eclesiales”[47].

La autonomía económica también es importante; ella permitiría la realización de actividades y programas propios, con la posibilidad de una sede propia y estructuras independientes, sin tener que recurrir a otros, -personas privadas u organizaciones- al margen de la misma OFS.

La Regla y las Constituciones piden una “contribución proporcionada a las posibilidades de cada uno” para el mantenimiento de la Orden[48]. La independencia económica da libertad a la Orden. En este aspecto hay que trabajar bastante para que los hermanos y hermanas se conciencien de que ellos son los que tienen que llevar adelante la Fraternidad. Muy importante es el poder encontrar en las fraternidades las personas adecuadas para guiarlas y animarlas.

 

Autonomía en los primeros siglos

Desde los inicios de los grupos de penitentes hasta nuestros momentos, la relación de los hermanos seglares con los religiosos ha sido permanente, aunque no siempre con la misma intensidad ni responsabilidad jurídica.

Las Constituciones de 1990 determinan la asistencia espiritual dada a los seglares por parte de los religiosos de la primera Orden y de la TOR[49]. Por un lado está la animación y dirección de los seglares en sus comunidades; por otro, la animación o asistencias espiritual a dichos grupos por parte de los sacerdotes. Los grupos de penitentes fueron confiados en los inicios a la atención espiritual de los Obispos y sacerdotes diocesanos y con posterioridad a los religiosos franciscanos.

El Propósito de vida de los Humillados (año 1201)[50], determinaba que los hermanos capaces, con permiso de los Obispos, podían predicar a los propios hermanos sobre cuestiones morales, incitando a una vida justa y de piedad; pero no podían tratar cuestiones teológicas, reservadas a los sacerdotes. Estas restricciones respondían a una época concreta.

En el Memoriale Propositi, de 1221, aparecía la figura del visitador, sacerdote, que tenía mucha fuerza en las comunidades de penitentes, ya que casi todas las decisiones pasaban por él. Con todo, cada fraternidad tenía su propio gobierno, formado por los hermanos y hermanas elegidos por la fraternidad[51].

La relación de los seglares con los Hermanos Menores era fluida, sin revestir un carácter legislativo o jurídico; eran relaciones laborales y de estilo de vida, ya que compartían los mismos ideales de vida. En 1247, siendo Juan de Parma ministro general de los Menores, pidió al Papa Inocencio IV que pusiera a los penitentes bajo la jurisdicción de los Hermanos, lo que logró al menos en lo referente a la visita canónica[52]. Un año después el Papa rectificó alegando que los penitentes no habían sido consultados.

En la Regla para los penitentes, aprobada por el Papa Nicolás IV mediante la bula Supra Montem (18 agosto 1289), se aconsejaba que la figura del visitador fuera asumida por los religiosos franciscanos, ya que según el Papa, Francisco había sido el fundador de dicha Orden de los Penitentes.

Esta imposición del Papa no fue bien acogida, lo que obligó a este último a publicar la bula Unigenitus Dei Filius, del 8  agosto 1290, obligando al cumplimiento de lo prescrito en la Supra Montem. El objetivo principal del visitador era el de vigilar la ortodoxia y la observancia de la Regla; aunque el gobierno de la fraternidad era competencia del Ministro y del Consejo (Supra Montem cap. XV), el Papa prohibía que el visitador fuera un laico.

En la Regla de León XIII[53] se indicaba que el gobierno lo llevaran los seglares, nombrándose los cargos desde la Junta, y por un período de tiempo de tres años (cap. III, 1).

El visitador tenía que cuidarse del cumplimiento de la Regla por parte de los terciarios; y tenía poder para convocar a los Ministros y a los mismos seglares. Esto suponía una autonomía limitada de los seglares franciscanos.

En las Constituciones de 1957, la Tercera Orden no tenía todavía la autonomía total. El texto legislativo decía: “el gobierno de la Tercera Orden, dada su naturaleza peculiar, se distingue en externo, que compete a la Iglesia y a las cuatro familias Franciscanas Regulares, y en interno, que se encarga por el derecho a los mismos terciarios” (art. 94). Las Constituciones seguían en su artículo 105: “los superiores de las cuatro familias regulares gobiernan de ordinario la Orden Tercera por medio de los Comisarios Generales, nacionales, provinciales y de distrito, como también por los Directores locales”. Dicho Director “debe estar dotado de la debida competencia, celo, piedad, prudencia y pastoral solicitud. Todos los hermanos le deben obediencia y reverencia según el espíritu de Nuestro Padre san Francisco” (art. 111).

Respecto al Gobierno interno de la Tercera Orden, “compete al Discretorio de la misma, que está formado por el Ministro y los Discretos (por lo menos cuatro), y constituyen al mismo tiempo el Consejo del Director”. El que presidía la reunión del Discretorio era el Director, y todas las decisiones necesitaban su aprobación y, en caso de elecciones, su presencia (art. 131). Como vemos, el Director es el que mandaba, siendo una figura externa a los hermanos.

Este recorrido por las Constituciones de 1957 nos muestra el cambio tan fuerte que han supuesto la Regla de 1978 y las Constituciones de 1990, según las cuales la Fraternidad es guiada por el Consejo y el Ministro, mientras el Asistente espiritual es miembro del Consejo (art. 89, 3-5). Alguna terminología y modos de actuar que podemos encontrar en  fraternidades, proceden de estas constituciones de 1957.

Lo que los documentos indican está claro; la dificultad, ya señalada en otros momentos, es la aceptación y vivencia no sólo de la letra, sino también del espíritu de los textos. Hoy nos encontramos con una notable necesidad de formación para la autonomía, tanto en la formación inicial como en la permanente. Por otro lado, hay que seguir trabajando en las relaciones OFS y religiosos de la primera orden y de la TOR; hay que seguir insistiendo en esa autonomía, también en la espiritualidad propia, para que la OFS no se convierta en reflejo de la espiritualidad de los religiosos.

Si la OFS es autónoma tendrá que compartir en igualdad de condiciones que los religiosos; y esto no se conseguirá si la OFS es considerada sólo como ayuda para la vida y misión de los religiosos y si éstos pretenden dirigirla.

 

Autogobierno de la Orden Franciscana Seglar

             Como vemos el logro de la autonomía se va consiguiendo, fundamentalmente, por el control del Gobierno en los diferentes niveles de Fraternidad. Hoy la OFS, a partir de la Regla y las Constituciones últimas, tiene el autogobierno en todos los niveles; en la práctica tiene que seguir trabajando para que los consejos respectivos, con sus presidentes, asuman totalmente la dirección de sus fraternidades.

Cada fraternidad es animada y guiada por un Consejo con el Ministro -o presidente-, elegidos por los profesos en conformidad con las Constituciones. Su servicio, que dura un tiempo limitado, es un compromiso de disponibilidad para con cada uno y con el grupo; y también es un ejercicio de corresponsabilidad. Y esto ocurre para cada nivel de fraternidad.

La Regla utiliza la expresión “Consejo y un Ministro”, al hablar de la animación de las fraternidades, mientras que las Constituciones dicen “Ministro y un Consejo”. Esta última fórmula pone más de relieve el papel del Ministro, primer responsable de la fraternidad, asistido por el Consejo. Desde aquí es más fácil que se adopte un estilo de animar y guiar la fraternidad -en cualquier nivel- en el que el Ministro obre individual­mente y el papel del Consejo llegue a ser secundario y casi exclusivamente consultivo.

La expresión “Consejo con un ministro”, usada por la Regla, pone de relieve el papel del Consejo y la división del servicio entre varias personas. La Regla atribuye la animación y guía de la fraternidad al Consejo; cuando se habla del Ministro o Presidente, siempre es junto al Consejo. Es claro que la Regla contempla un estilo colegiado de gobierno de la fraternidad, en el que el servicio y la responsabilidad es compartido por un grupo de personas. De esta manera el ministro no necesitará llevar él sólo todas las actividades. Con todo, será muy conveniente que sea una persona que sepa coordinar, dialogar, escuchar, compartir y delegar autoridad[54].El servicio que se presta a la Orden deberá estar siempre armonizado con las respectivas responsabili­dades familiares y profesionales de los miembros del Consejo.

El Capítulo General tenido en Madrid del 23 al 31 de octubre de 1999 ha tratado la revisión de las Constituciones antes de su aprobación definitiva por la Santa Sede. Uno de los temas de estudio ha sido la adopción del término “Consejo con su ministro” haciendo desaparecer el de “Ministro con su consejo”. Por lo expuesto con anterioridad parece que esa es la idea primigenia de los seglares franciscanos, y además la experiencia ha ido diciendo que es mejor así.

 

Fraternidad local

             Las Constituciones de 1990 dicen que la fraternidad local es la “primera célula de la única OFS” (art. 47, 1). De esto modo siguen con lo indicado en la Regla, cuando ésta habla de la fraternidad como el lugar privilegiado para “desarrollar el sentido eclesial, la vocación franciscana y animar en la vida apostólica de sus miembros” (Regla 22).

La fraternidad local debe estar formada por cinco personas profesas (Const. 46,2) para asegurar así unos mínimos de vida fraterna y de actividad[55]. Lo normal es que una fraternidad seglar franciscana esté constituida en una iglesia o casa de religiosos de la primera Orden o de la TOR; los hermanos interesados son los que piden al Superior Mayor religioso la constitución canónica de la fraternidad local. Cuando la fraternidad se constituye fuera de la casa de los religiosos es necesario el consentimiento escrito del Obispo para que tenga dicho acto validez canónica (Const. 46, 1).

Cada fraternidad constituida canónicamente es persona jurídica con derechos y deberes también civiles; el ministro o presidente de la fraternidad es el que asume la representación legal.

Los miembros de una fraternidad local tienen la responsabilidad de asumir que ellos son los primeros responsables de llevar adelante su compromiso de vida y de fe. En ellos está el promover las iniciativas necesarias para posibilitar un compromiso en el mundo, conforme a su vocación seglar; el tomar “opciones concretas y valientes” en el campo apostólico; el crear grupos de diversa índole dentro de la misma fraternidad que permitan acoger los diversos intereses de los miembros que la forman, siempre guiados y animados por un único Consejo con su ministro[56] .

Las Constituciones reservan un número para hablar de las fraternidades sacerdotales, formadas por los sacerdotes que se sienten llamados por el Espíritu a participar del carisma de san Francisco en la Fraternidad seglar, “con el fin de profundizar los estímulos ascéticos y pastorales que la vida y la doctrina de san Francisco y la Regla de la OFS les ofrece para vivir mejor su vocación en la Iglesia”[57]. En otros momentos han tenido más importancia que en la actualidad, y algunos pontífices han pertenecido a ellas, en Roma, en Milán[58].

Quiero recordar al beato Antonio Chevrier, sacerdote francés (1826-1879), fundador de la Asociación de sacerdotes diocesanos del Prado, quien solicitó en 1875 que su obra fuera acogida como congregación religiosa bajo la Regla de vida aprobada por León X en 1521[59], y que permitía a los terciarios franciscanos vivir la vida religiosa bajo los tres votos[60]. Su petición fue rechazada y la obra quedó como instituto secular. El Padre Chevrier tuvo mucha relación con los Hermanos Capuchinos, personalmente y desde la institución por él fundada.

Un objetivo de las Constituciones es que las fraternidades locales no se conviertan en meros grupos de piedad. La Regla dice que los seglares están llamados a construir un mundo más fraterno y evangélico; que deben colaborar en iniciativas, tanto individuales como comunitarias, en la formación de la justicia en el ámbito de la vida pública; que los seglares deben ser portadores de paz y de alegría. Y en general, el deseo manifestado por los hermanos y hermanas de ser más significativos en la Iglesia y en la sociedad.

Puede ocurrir que muchas de las iniciativas propuestas por las fraternidades locales no puedan llevarse a cabo por falta de vitalidad de los integrantes o escasez de personal dispuesto, o por necesidad de apoyo humano, económico o logístico. Para ello, la canalización de esas iniciativas a través de la fraternidad regional pudiera ser más efectiva, ya que permitiría aunar fuerzas, tener otras visiones de la problemática, y la posibilidad de emprender proyectos comunes. Habría que asumir lo anterior desde la corresponsabi­lidad entre fraternidades locales.

 

 Fraternidad regional

             La Fraternidad regional es la estructura de la OFS que sigue a la fraternidad local. La fraternidad regional es la unión orgánica de todas las fraternidades existentes en un territorio o que pueden integrarse en una unidad natural, bien por proximidad geográfica, problemas comunes o realidades pastorales. Esta es la definición que las Constituciones nos dan.

No hay una demarcación fija en la formación de esta estructura regional; dependerá del número de fraternidades locales u otros motivos pastorales el que la fraternidad regional abarque una o varias provincias civiles o participe de una o varias Diócesis. De una manera u otra quedan integradas las fraternidades locales, así como se integran las diversas obediencias franciscanas que prestan la atención y animación espiritual y pastoral a las fraternidades.

La Fraternidad regional asegura la vinculación entre las fraternidades locales y la nacional. La fraternidad regional es guiada y animada por su propio Consejo y Ministro, (como en los demás niveles de la OFS), y celebra sus Capítulos electivos cada tres años. Además tiene sede propia y se pretende que se rija por estatutos propios, no sólo por el Estatuto nacional[61].

Se echa en falta una mayor colaboración de las fraternidades regionales y también de las locales entre sí, sobre todo en temas comunes e importantes, como la formación inicial y permanente de los miembros. En algunas zonas la fraternidad regional organiza dos o tres cursillos de formación a lo largo del año, que no debieran suplir la responsabilidad que cada fraternidad local tiene en la formación de sus miembros, sino entendidas como complemento.

En general los seglares franciscanos sienten la necesidad de una mayor presencia significativa de la OFS como grupo en la Iglesia y en la sociedad, tanto en el nivel regional como en el nacional.

 

 Fraternidad nacional

             Es la unión orgánica de las fraternidades locales existentes en el territorio de un estado o de una entidad nacional, unidas y coordinadas entre sí a través de las fraternidades regionales. Tiene sede propia y se rige por estatutos propios; es animada y guiada por un Consejo con su Ministro, que son elegidos por los propios seglares cada tres años.

Los estatutos nacionales, aprobados por la Presidencia del Consejo Internacional de la Orden Franciscana Seglar (CIOFS), permiten un campo amplio de actuación al Consejo Nacional en la aplicación de la Regla y las Constituciones: la organización de la OFS en el ámbito nacional,  dar criterios sobre la formación de grupos, arbitrar normas sobre la celebración de los Capítulos regionales, establecer la edad para la profesión, señalar los signos distintivos, dar orientaciones sobre la formación inicial, etc.

Todas las directrices del Estatuto Nacional y también las competencias del Consejo Nacional con su Ministro no deben ser interpretadas como obstáculos a la iniciativa de cada fraternidad, sino como un servicio para una coordinación eficiente y una adaptación a la realidad nacional. Las Constituciones hablan de la subsidiariedad, para evitar intromisiones en las responsabilidades de los otros niveles inferiores[62].

Con todo, en el Capítulo General de Madrid (23 al 31 octubre 1999), se ha visto la necesidad de aumentar las competencias de los Consejos Superiores para los casos de incumplimientos de deberes por parte de los consejos inferiores y definir y clarificar mejor las competencias propias. La fraternidad nacional pretende una mayor promoción de la comunión, de la colaboración y de la unidad de la OFS; y a la vez, y por ello, que los Consejos de las fraternidades sean más capaces, ágiles y eficaces.

Dado que en muchos países es difícil reunir al Consejo nacional por la dispersión geográfica de sus miembros, se quiere introducir en las Constituciones la figura de la Junta Ejecutiva, de cara a hacer más ágil y eficaz la fraternidad nacional; de hecho, ya existe en la práctica.

Al Ministro o Presidente de la Fraternidad nacional, como estructura superior a la regional, le corresponde presidir los Capítulos de la fraternidad regional y visitar a los consejos regionales.

Desde la fraternidad nacional se han creado varias comisiones de trabajo: de formación, jurídica, de justicia y paz. Lo importante es que sirvan para mantener buenas relaciones, por un lado, con la base, y por otro, con el Consejo.

 

 Fraternidad internacional

             Se identifica con la totalidad de la Orden Franciscana Seglar, que la Regla presenta como “la unión orgánica de todas las fraternidades católicas esparcidas por el mundo entero…”[63].

La fraternidad internacional es guiada y animada por el Ministro General o Presidente con el Consejo Internacional de la Orden Franciscana Seglar (CIOFS), de acuerdo con la Regla, las Constituciones y el Estatuto propio (Const. 69).

El Consejo Internacional (CIOFS) está formado por representantes de todas las Fraternidades Nacionales, diversos asistentes espirituales de la Primera Orden y de la TOR, un representante de la Juventud Franciscana (JUFRA) y los cuatro Asistentes Generales. Este Consejo se reúne cada tres años en Capítulo General ordinario y cada seis en Capítulo electivo, donde se elige a los hermanos y hermanas de la Presidencia, que es el órgano ejecutivo del Consejo[64]. Así pues, el Capítulo general es una reunión ordinaria o extraordi­na­ria del Consejo Internacional.

Las Constituciones marcan los deberes y competen­cias del Consejo Internacional y de la Presidencia (artículos 71 y 73 respectivamente). Pero en el Capítulo General de Madrid (octubre 1999), la estructura de la Fraternidad Internacional fue sometida a revisión, con propuestas de cambio en ella. Una de tales propuestas fue que la Presidencia asumiera las tareas del Consejo Internacional, con el deber de animar y guiar la Fraternidad Internacional y siendo elegida por el Capítulo General, en substitución del actual CIOFS[65].

LA ASISTENCIA ESPIRITUAL A LA ORDEN FRANCISCANA SEGLAR

             La animación y guía de las fraternidades de la OFS corresponde al Consejo con su Ministro o Presidente; pero el cuidado espiritual y pastoral está encomendado a los religiosos de la Primera Orden Franciscana y de la TOR, que deben realizar su tarea de forma colegiada en el consejo regional, nacional e internacional. Este ministerio forma parte de la común vocación franciscana que se comparte con la OFS.

El deber de este cuidado espiritual corresponde, en primer lugar, a los Ministros Generales y Provinciales mediante el altius moderamen[66], que no es poder o domina­ción, sino un servicio que la Iglesia quiere que presten la Primera Orden y la TOR a los seglares. Dicho altius moderamen debe ser ejercido por los Ministros Generales de manera colegiada. Esta “guía” que recibe la OFS de la Primera Orden no rompe su entidad y autonomía propias Este altius moderamen tendría que ir transformándose en corresponsabilidad entre religiosos y seglares, en búsqueda común, en una “vigilancia” conjunta del carisma franciscano, porque juntos es como se consigue la plenitud del mismo. En estos últimos años, la Presidenta General de la OFS participa con los Ministros Generales de la Primera Orden, en la reflexión conjunta y firma de los documentos que la Familia Franciscana ha ido publicando. Creo que este es un camino positivo de corresponsabilidad y reconocimiento mutuo.

A lo largo de estos siglos, el papel del Asistente espiritual se ha ido modificando En la llamada Regla de León XIII, de 1883, el director espiritual era, básicamente, el responsable de los Terciarios. En la Regla aprobada por Pablo VI, de 1978, el papel del Asistente es más el de un animador que ayuda a desarrollar la autonomía de la OFS y mantiene al mismo tiempo una reciprocidad vital con los religiosos.

Según la regla de Pablo VI, los seglares “pedirán religiosos idóneos y preparados para la asistencia espiritual a los superiores de las cuatro familias religiosas franciscanas”[67]. Esta asistencia debe ser más un acompañamiento y ayuda que usurpación de tareas y responsabilidades propias de los seglares; los franciscanos seglares son responsables de su propia vida espiritual. Tanto seglares como religiosos pretendemos que “la vida y regla sea observar el evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”, plasmándolo en maneras y formas diferentes según unos u otros.

La asistencia espiritual a la OFS es contemplada por las Constituciones (art. 89) “como elemento fundamental de comunión”, con lo que se debe garantizar a todas las fraternidades dicha asistencia. Del asistente se dice que debe ser testigo de la espiritualidad franciscana y del afecto fraterno entre religiosos y seglares (art. 89,3).

Como se ve en las Constituciones, lo fundamental es que las comunidades de la OFS estén atendidas espiritualmente; para ello ven idóneo que el asistente sea un religioso sacerdote de la Primera Orden o de la TOR. Pero el mismo texto constitucio­nal se da cuenta de la dificultad que eso puede suponer e introduce otras posibilidades para esa animación espiritual: sacerdotes de otros institutos franciscanos; sacerdotes diocesanos pertenecientes a la OFS; animadores y animadoras religiosos o laicos; y de manera más excepcional, sacerdotes diocesanos o religiosos no franciscanos. Todo en función de una adecuada asistencia espiritual y pastoral a las comunidades de seglares franciscanos.

Se constata una gran escasez de religiosos sacerdotes de la Primera Orden y de la TOR en sus propias congregaciones. Junto a esto hay que añadir la dificultad, en muchas ocasiones, de encontrar religiosos idóneos y además vocacionados para la atención a las comunidades de seglares.

Aunque lo anterior es una realidad, se va imponiendo el que la animación espiritual no es sólo tarea de los sacerdotes; otra cosa será la atención sacramental específica del presbítero. Las Constituciones en su artículo 91 y el Estatuto para la asistencia espiritual y pastoral de la OFS en sus números 7 al 9, indican que la prioridad en la persona elegida debe ser dada “al testimonio de vida y a la capacidad de comunicar la espiritualidad franciscana”. Se distingue pues, entre animación espiritual por un lado, y servicio pastoral y sacramental por otro; ambas pueden coincidir en la misma persona o en personas diferentes [68].

Creo que habría que explotar más esta posibilidad, ya que así se conseguiría que hermanos y hermanas muy vocacionadas en esta tarea de la animación la pudieran realizar. Además, se romperían monotonías, se descargaría a muchos sacerdotes de labores añadidas y no especialmente deseadas, habría más preparación de los animadores y, en definitiva, la Orden Franciscana Seglar saldría ganando.

Ya existe en la práctica la animación a las comunidades de seglares por parte de religiosos laicos y también religiosas de la familia franciscana que con preparación e ilusión asumen la tarea de animar. Esto suele coincidir en comunidades que van surgiendo y que por ello no arrastran lastre de años y costumbres que pudieran quedar rancias. Una de ellas: que el sacerdote tenga que desempeñar un papel preponderante en la comunidad seglar.

Es necesario que los religiosos se sensibilicen más, para que descubran la importancia del testimonio de vida y su capacidad de comunicar la espiritualidad franciscana; y esto se da en aquéllos que se preparan y lo viven, religiosos y religio­sas. Los seglares tienen que seguir descubriendo y potenciando su papel protagonista en la marcha de la comunidad, sabiendo que la tarea del sacerdote es de acompañamiento, no de protagonismo en las comunidades. Los seglares no les pertenecen a los religiosos, ni son sus ayudantes. El asistente tiene que estar en la animación, en el acompañamiento y en la colaboración para la formación, tanto inicial como permanente de los hermanos y hermanas seglares.

El Asistente pertenece al Consejo de la fraternidad en el nivel correspondiente, y no puede ejercer el voto en las cuestiones económicas ni en los capítulos electivos de nivel inferior. Para el último Capítulo General ordinario de Madrid una de las propuestas que se llevaba, y que venía de los mismos Asistentes Generales, era retirar el voto a los Asistentes en cualquier tema, queriendo así distinguir perfectamente las tareas del seglar y del religioso. Esto le permitiría al Asistente ser hermano o hermana para la OFS, liberándolo de todo el proceso político consustancial a todo grupo humano.

Como indican los Ministros Generales, “el trabajo de los Asistentes espirituales, hoy de menor amplitud en el campo directivo y organizativo, podrá y deberá ser más profundo, como acompañamiento espiritual y como ayuda a la formación de los hermanos[69] .

La tarea de la animación espiritual está encomendada a los Superiores mayores religiosos; esta animación se confía a un hermano, delegado del Ministro Provincial, que es el Asistente Provincial. Este debe ser el primero en animar y fomentar el conoci­miento de la OFS, por medio de sus documentos e Historia, a los religiosos de su respectiva Provincia; así mismo, debe procurar los medios necesarios para la formación de los Asistentes locales. Es importante que los mismos religiosos estén convencidos de la validez de la OFS para vivir la fe y la espiritualidad franciscana siendo seglar; y además, respeten la gran tradición y riqueza de vida que la OFS ha ofrecido y sigue ofreciendo a tantos hombres y mujeres en todo el mundo. Animar y fomentar entonces la misma vida de la OFS, desde dentro de ella, por cuanto es posible recrearla. Una tarea importante es fomentar que a los frailes que se encuentran en formación inicial les sea presentada la OFS como parte integrante de la familia franciscana.

Las cuatro Ordenes religiosas masculinas tienen el compromiso de la atención a la Orden Franciscana Seglar, cuya última Regla, vigente, fue aprobada por el Papa Pablo VI el 24 de Junio de 1978, y cuyas Constituciones, recientemente revisadas, fueron aprobadas en 1990[70].

En la práctica la “animación” debería ser considerada como un cometido de toda la fraternidad seglar, con el fin de ayudarse mutuamente. También los Asistentes Espirituales deberán empeñarse en animar dichas fraternidades, siempre en unión con los propios hermanos.

Los Asistentes deben ser nombrados tomándolos, en primer lugar, de la Familia Franciscana religiosa: un fraile, ordenado o no, una Hermana franciscana. También puede ser un sacerdote secular o a un diácono que pertenezcan a la Orden Seglar. En caso de necesidad, incluso un sacerdote secular, que no sea franciscano seglar, podrá ser Asistente a condición de que tenga un conocimiento preciso de su función. Esta enumeración recoge lo ya indicado por las Constituciones y el Estatuto para la asistencia pastoral[71].

Al margen de toda cuestión legislativa, sería bueno acudir a los orígenes y redescubrir cómo los grupos de seglares caminaban junto a los frailes en la tarea de llevar adelante compromisos comunes y en la necesidad de buscar caminos de fe y de seguimiento del Señor Jesús. No haremos ningún favor a los religiosos ni a los seglares si se considera el papel del asistente espiritual como intromisión en la vida de los demás, o si se tiene la consideración de que los seglares no son adultos en la fe y necesitan el control de los religiosos. Creo que hay que seguir buscando lugares de encuentro entre religiosos y seglares para completar la común vocación franciscana[72].

Religiosos y seglares: una relación de enriquecimiento mutuo

             Las Constituciones de la Orden Capuchina dicen que “la Orden Franciscana Seglar debe considerarse necesaria para la plenitud del carisma franciscano” (Const. Ofmcap 95,1). Por lo tanto, una primera consideración es que los hermanos religiosos, sin los seglares, estarían viviendo de manera incompleta el carisma común franciscano.

En los orígenes del movimiento franciscano, los penitentes seglares y los compañeros de Francisco de Asís caminaban juntos en el seguimiento de Jesucristo. Ambos grupos, con su predicación invitaban a la penitencia y la conversión, y juntos establecieron y llevaron adelante planes que tenían mucho de transformación de la sociedad. Los penitentes,  seglares y religiosos, destacaron en la sociedad en la que estaban porque, entre otras cosas,  no se amoldaron a muchas de las normas establecidas en ella, por considerarlas injustas y excluyentes con los desfavorecidos. Pretendieron crear un nuevo tipo de relaciones personales y una mejor distribución de bienes en la sociedad. Todos ellos colaboraban en trabajos inferiores y se ocupaban de hospitales, asilos y leprosarios.

Por ahí apuntaban los seglares y los religiosos, y ambos se necesitaban y apoyaban. El destacar estos rasgos anteriores es porque quizás en ellos podamos recoger iniciativas que se puedan traer a nuestro momento actual de vida.

Creo que los seglares aportan al religioso algo fundamental que incide en su identidad, y es la posibilidad de que el religioso viva en plenitud su carisma, sea en la familia religiosa que sea, pero carisma común franciscano. Para que pueda ser una realidad, es necesario buscar cauces, como que el religioso conozca la Historia y espiritualidad franciscana seglar; que se establezca una comunión vital y una corresponsabilidad en tareas; que los ritmos de vida de las fraternidades, en algún momento, puedan encontrarse. Y lo importante es que las vidas se impliquen, no sólo en el intelecto, sino también en el afecto.

Creo que el carisma seglar autentifica el estilo de vida del religioso, le da otras referencias de vida, le ayuda a relativizar, y le sitúa en otras coordenadas de vida. En el encuentro religiosos-seglares, si  se vive desde al sinceridad, hay confrontación de la vida, y eso es positivo para todos, porque el seglar también ve autentificado su estilo de vida.

En otros momentos de la vida de los seglares franciscanos, podíamos hablar de casi sumisión del seglar al religioso y de excesivo control y fuerte paternalismo del fraile al hermano seglar. Afortunadamente este tipo de relaciones van cambiando, porque cada uno se va poniendo en su lugar. La forma de enriquecimiento de la persona y con ella las Ordenes respectivas y  la Iglesia, es que cada grupo asuma sus responsabilidades.

Hay una comunión de espíritu y de solidaridad entre los religiosos y los seglares. Cada actividad de una familia dentro de la Familia Franciscana, tendría que tener consecuencias para toda la Familia y para la Iglesia, como comunión vital de todos los miembros. La comunión también tendría que darse en el aspecto vocacional: todos tendríamos que sentirnos corresponsables de esa tarea.

Otra tarea común de participación de religiosos y  seglares podía y debía ser el campo de la actividad apostólica: la justicia, el mundo del trabajo, la  defensa de los derechos humanos, el cuidado y la defensa de la madre tierra, la paz y la reconciliación. Desde la fe en el Dios encarnado y con una herencia común de Francisco, los seglares y los religiosos debíamos trabajar en establecer planes comunes de acción, llevando cada uno la parte más adecuada, pero haciendo una apuesta decidida por ello.

Por último, apostar por querer vivir y transmitir una espiritualidad conjunta; en muchos sitios apoyamos y hacemos propias otras espiritualidades que no son la nuestra, tan rica y valiosa, por la que hemos hecho opción de vida. A veces se está apostando por otras, y quizás sea signo de no estar centrada la persona.

El conocimiento, el respeto y el amor mutuo creo que es fundamental para el enriquecimiento.

 

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     [1] Estas Constituciones fueron aprobadas ad experimentum por seis años, es decir, del 1990 al 1996. En el Capítulo General de la OFS celebrado en México (9 al 17 octubre de 1993), se acordó solicitar una prórroga por tres años más, hasta 1999. El Capítulo General celebrado en Madrid (23 al 31 octubre 1999), ha tratado como tema la revisión de las Constituciones, de cara a su aprobación definitiva.

     [2] Cf., J. ANGULO QUILIS, Entrega de las Constituciones Generales de la Orden Franciscana Seglar durante el Capítulo General celebrado en Fátima, en “Regla y Constituciones Generales de la Orden Franciscana Seglar”, Junta Nacional de la OFS, Madrid 1991, 46.

     [3] Cf., E. DE NUNZIO, Presentación de las Constituciones y su entrada en vigor, en Ibid., 48.

     [4] E. DE NUNZIO, Informe de la Presidencia del CIOFS al Capítulo General electivo -Roma 7-14 julio 1996- en “Tertius Ordo” 4, Roma 1996-1997, 101.

     [5] “Tenemos dos clases de cristianos. Unos que se dedican al oficio divino, a la contemplación y oración y tienen que estar lejos del ruido mundano. Son los clérigos, consagrados a Dios, es decir, convertidos (…) La otra especie son los laicos (…) A éstos se les permite tener cosas temporales, pero sólo para administrarlas (…) También les está permitido casarse, cultivar la tierra, juzgar entre los hombres, conducir procesos judiciales, colocar las oblaciones sobre el altar, pagar tasas, y así podrán salvarse si, haciendo el bien, evitan los vicios” Cf., GRACIANO, Decreto, c.7, C. XII, q.1, citado por R. BERZOSA,  en Teología y espiritualidad laical, Madrid 1995, 10.

     [6] “Los fieles, incorporados a la Iglesia por el bautismo (…) están obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la Iglesia”, L.G. 11.

“Es necesario que todos se conviertan a El, (…) y por el bautismo sean incorporados a El y a la Iglesia, que es su Cuerpo”, A.G. 7.

     [7] PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, n.70.

     [8] Const. 12, 1.

     [9] CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Los cristianos laicos, iglesia en el mundo, Madrid 1992 (2ª), ns. 19-29.

     [10] El Capítulo General de la OFS celebrado en México, del 9 al 17 octubre de 1993, reflexionó sobre el tema La secularidad como elemento característico de la identidad del franciscano seglar, con los subtemas: la secularidad en la familia; en el trabajo y en la vida social; en la relación fraterna con todas las criaturas. Cf.,  Actas del VII Capítulo General de la OFS, en Boletín CIOFS, 7-9.

     [11] Cf., JUAN PABLO II, Laborem Exercens, 4.

     [12] Cf., Ibid., 6.

     [13] MINISTROS GENERALES DE LA FAMILIA FRANCISCANA, Vocación y misión de los laicos franciscanos en la Iglesia y en el Mundo, Consejo Nacional OFS, Madrid 1989, 27.

     [14] BEN BREVOORT, Economía y fraternidad, en CIOFS, Koinonía, 1998, n.4.

     [15] En el Capítulo General de 1999,  se vieron las dificultades económicas de algunos países; para palia algunas dificultades, se dieron dos propuestas de aportación económica a determinar por cada nación; la primera propuesta consistía en aportar de 0.05 a 0.20 dólares USA; la segunda, aportar de 0.20 a 0.50 dólares USA. Cada nación deberá elegir el importe teniendo en cuenta los baremos marcados.

     [16] JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Christifideles Laici ,nn. 36 al 44.

     [17] “Como primera y fundamental contribución en la edificación de un mundo más justo y fraterno, comprométanse en el cumplimiento de los propios deberes de su trabajo y en una adecuada preparación profesional. Con el mismo espíritu de servicio asuman sus responsabilidades sociales y civiles” (Const. 20,2).

     [18] El número 11 de la Apostolicam Actuositatem está dedicado a la familia y habla de ella como fundamento necesario para hacer un mundo más fraterno y humano.

En Lumen Gentium 11 se habla de la familia como “iglesia doméstica”.

     [19] Se hablaba de practicar las virtudes domésticas, llevar una vida de honestidad y sacrificio, asumir la prole, tener una vida de piedad, conservar la moral y virtud de los integrantes de la familia, vigilando para ello lo que llegara de fuera: libros, prensa, radio. También se hablaba de tener signos externos en la casa, como el crucifijo de Cristo o el sello franciscano; y por supuesto, la vida de oración, que santifica el día.

     [20] “… dentro del ámbito de la Fraternidad pueden constituirse, bajo la guía del único Consejo, secciones o grupos que reúnan a los miembros unidos por particulares exigencias, por afinidad de intereses o por identidad de opciones de trabajo” (Const. 34).

     [21] “Hay que educar, además, a los niños para que, superando los límites de la propia familia, abran su espíritu a la idea de comunidad, tanto eclesiástica como temporal (…) para que adquieran conciencia de que son miembros vivos y activos del pueblo de Dios” (A.A. 30).

     [22] “El hombre y su ambiente natural son, como nunca, inseparables; el ambiente condiciona esencialmente la vida y el desarrollo del hombre; éste, a su vez, perfecciona y ennoblece el medio ambiente con su presencia, su trabajo, su contemplación. Pero la capacidad creadora del hombre no producirá frutos auténticos y duraderos sino en la medida en que el hombre respete las leyes que rigen el impulso vital y la capacidad de regeneración de la naturaleza: uno y otro son, pues, solidarios y comparten un futuro temporal común” Cf., PABLO VI, Interés de la Iglesia por los problemas ecológicos en orden al desarrollo integral del hombre. Mensaje a la Conferencia de Estocolmo sobre el ambiente humano. 1 de Junio de 1972, en, Pablo VI:. Enseñanzas al Pueblo de Dios, 1972,, Ciudad del Vaticano 1973, 342.

     [23] Cf., Ibid., 344-345.

     [24] Cf., JUAN PABLO II, Inter sanctos praeclarosque viros, AAS, LXXI (1979), 1509-1510.

     [25]  Cf., F. AIZPURÚA, ¿Por qué a ti?. La espiritualidad franciscana hoy, Oñate 1998, 130.

     [26] Cf., C. DÍAZ, Ecología y pobreza en Francisco de Asís, Madrid 1986, 53.

     [27] Cf., S. McFAGUE, Modelos de Dios. Teología para una era ecológica y nuclear, Santander 1987, 126-139.

     [28] Cf., F. AIZPURÚA, ¿Por qué a ti?…o.c., 131.

     [29] Cf., J. MENACHO, El reto de la tierra: ecología y justicia en el s. XXI, “Cristianisme i Justicia” 89,(1999) 31

     [30] Cf., San Francisco de Asís. Escritos…,o.c., 48.

     [31] Cf., L. BOFF, La espiritualidad franciscana frente al desafío del desequilibrio ecológico, en “Selecciones de Franciscanismo”, 27 (1980) 323.

     [32] J.Mª. MARDONES, Utopía en la sociedad neoliberal, “Aquí y ahora” 34, Santander 1997, 30-31.

     [33] J.A. MERINO, Visión franciscana de la vida cotidiana, Madrid 1991.

     [34] E. de NUNZIO, Presentación de las Constituciones y su entrada en vigor, en JUNTA NACIONAL OFS,  Regla y Constituciones generales…o.c., 49.

     [35] Según la relación financiera que la OFS presenta del año 1998, observamos que hay 54 fraternidades nacionales, con un número total de miembros de 339.340. Estas se dividen en: 9 con menos de 500 miembros; 21 entre 500 y 2.000 miembros; y 24 con más de 2.000 miembros, entre las que se encuentra la de España con 14.383. En este último bloque está la fraternidad de Italia, con 120.000 y la de México con 33.329, que son las dos fraternidades nacionales más numerosas que tiene la OFS. La fraternidad nacional más pequeña es Dinamarca, con 50 miembros a la que le sigue la de Togo con 76.

     [36] El título III del capítulo tercero, desarrolla en los artículos 46 al 75 los niveles de fraternidad en la OFS; así, la fraternidad local, verdadera célula de vida, es la que más artículos ocupa en las Constitucio­nes: del 46 al 60. La fraternidad regional se extiende en los artículos 61 al 64; la nacional, del 65 al 68; y la internacional, del 69 al 75.

     [37] PRESIDENCIA DEL CIOFS, Subsidio para la formación,  en “Tertius Ordo” 2-3, Roma 1993, 181-216.

     [38] Cf., Ibid., 186.

     [39] El artículo 30 define al terciario aislado como “aquél que por justas y razonables causas no puede agregarse a ninguna hermandad, o el que ha sido admitido en una hermandad inválidamente por falta de inscripción, con tal que haya sido recibido por un sacerdote que tenga la facultad de recibir también a terciarios aislados”. Observamos aquí la capacidad de control y gobierno que poseía el sacerdote, quedando esto superado, afortunadamente, en los textos posteriores.

     [40] La profesión es un acto eclesial en el que el candidato renueva las promesas bautismales y afirma públicamente el compromiso de vivir el evangelio en el mundo siguiendo el ejemplo de Francisco de Asís y según la Regla de la OFS.

Puede ser un compromiso temporal renovable anualmente durante tres años al máximo; al término de los mismos se hace el compromiso perpetuo.

     [41] Cf., PRESIDENCIA DEL CIOFS, Subsidio para la formación, en “Tertius Ordo” 2-3, Roma 1993, 203.

     [42] Cf., BEN BREVOORT, La formación permanente de los franciscanos seglares, en CIOFS, Koinonía, 1997, n.3

     [43] En el profeta Ezequiel 9, 4 se habla de “marcar una cruz en la frente de los hombres…” La traducción de cruz que hace la Vulgata es tau. Para los cristianos vino a representar la cruz de Cristo como el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. Francisco de Asís aceptó adaptar la Tau, la T como su propia corona o como su firma, combinando la ancestral figura de fidelidad por toda la vida hasta la pasión de Cristo que conllevaba la exigencia de servir a los débiles de su época que eran los leprosos.

Francisco debió oir al Papa Inocencio III inaugurar el IV Concilio de Letrán (año 1215), con la misma exhortación de Ezequiel. Esta figura de la tau fue tomada por Francisco como su propia llamada a la reforma.

     [44] Las Constituciones de 1957 establecen como signos de pertenencia el escapulario pequeño y el cordón para la vida cotidiana; para las funciones sagradas se habla de “costumbre laudable de la Orden ponerse el hábito o el escapulario grande” (Const. 1957, n.17).

     [45] Cf., E. de NUNZIO, Presentación de las Constituciones y su entrada en vigor, en JUNTA NACIONAL O.F.S., Regla y Constituciones Generales…, o.c., 49.

     [46] Cf., J. ZUDAIRE, En seguimiento de Cristo con Francisco de Asís, Madrid 1995, 225.

     [47] Cf., MINISTROS GENERALES DE LA FAMILIA FRANCISCANA, Vocación y misión de los laicos franciscanos en la Iglesia y en el Mundo, Madrid 1989, 23.

     [48] Regla 25; Const. 30, 3.

     [49] Los artículos 85 al 91 de las Constituciones explican la asistencia espiritual y pastoral a la OFS. La nota 1 al artículo 85 indica cómo las constituciones de los religiosos tienen  recogido el compromiso de la asistencia a los seglares: OFM, 60; OFM CONV, 116; OFMCAP, 95; TOR, 157.

En relación con lo anterior, el 17 de setiembre de 1992 entró en vigor el Estatuto para la asistencia espiritual y pastoral de la Orden Franciscana Seglar, aprobado “ad experimentum” por tres años por los Ministros Generales de la Primera Orden y de la TOR; dicho Estatuto pretende desarrollar una mayor y recíproca comunión vital entre las Ordenes religiosas y la seglar.

     [50] Aprobado el 7 de Junio de 1201 por el papa Inocencio III.

     [51] El número 38 del Memoriale dice que “después de un año, los ministros con el Consejo, elijan dos ministros y un tesorero de confianza, que se ocupará de las necesidades de los hermanos y hermanas y de los otros pobres; y (elijan) el portavoz que notificará las cosas dichas y hechas por la fraternidad”.

     [52] Mediante la bula Vota Devotorum (13-VI-1247) en B.F. I, 464.

     [53] Aprobada mediante la Constitución Apostólica Misericors Dei Filius, el 30 de Mayo de 1883.

     [54] Siempre es importante y estimulante ver cómo se insiste en que las formas de llevar adelante la guía y animación de las fraternidades sea tan compartida y delegando responsabilidades en los demás hermanos con los que el ministro colabora. Los religiosos podíamos tomar nota de los seglares para algunas de nuestras formas de gobierno, a veces no tan colegiadas.

     [55] En las Constituciones de 1957 el número necesario para la hermandad local era de tres personas profesas (art. 93, 1).

     [56] El artículo 34 de las Constituciones creo que es muy importante, porque permite la creación de diferentes grupos dentro de la misma fraternidad, todos guiados y animados por el único Consejo con su presidente-a. La realidad interna de un grupo puede ser muy variopinta, con intereses y realidades de vida muy diferentes, tanto en lo personal como en lo profesional. Es necesario activar la imaginación y los proyectos  concretos para poder funcionar bien en una única fraternidad con diferentes ritmos e intereses humanos y espirituales dentro de ella: podemos hablar de grupos de jóvenes, de matrimonios, de diferentes profesiones, por otros intereses.

En ocasiones una dificultad que se pone para no ingresar en una comunidad seglar puede ser el monótono o desfasado ritmo que lleve. Junto a esto que puede ser verdad, también está el desconocimiento de la existencia de este artículo que anima a la creación de diferentes grupos dentro de la fraternidad, procurando evitar que cada uno vaya a su aire.

     [57] Const. 35, 2.

     [58] Cf., J. ZUDAIRE,  En seguimiento de Cristo…o.c., 198.

     [59] Me remito a las notas 112 y 113.

     [60] Transcribo la carta de petición.

A Mons. Thibaudier, Obispo de Sidonia

LYON, 8 noviembre 1875

 

Monseñor:

A finales de mayo último Su Ilustrísima tuvo la bondad de apoyar con su bienhechora recomendación una súplica en la que pedíamos humildemente a nuestro Santo Padre el Papa el favor de vivir en comunidad, bajo la regla de la Tercera Orden de san Francisco, aprobada por León X. El Santo Padre se dignó concedernos su paternal bendición y enviar nuestra petición a la Sagrada Congregación de los Obispos y Religiosos.

(…)

  1. Chevrier,

de la Tercera Orden de san Francisco,

capellán del Prado Lyon

 

Cf. ASOCIACIÓN DE SACERDOTES DEL PRADO, Cartas del padre Chevrier, carta 168, Madrid 1996, 165.

     [61] Esta es una propuesta del Capítulo General tenido en Madrid del 23 al 31 de octubre de 1999.

     [62] El artículo 33,3 de las Constituciones de 1990 dice que “los consejos de nivel superior no hagan lo que puede ser desarrollado adecuadamente por las fraternidades locales, o los consejos de nivel inferior; respeten y promuevan su vitalidad para que cumplan adecuadamente sus deberes”.

     [63] Regla 2.

     [64] El último Capítulo General electivo de la OFS tuvo lugar en Roma, del 7 al 14 de Julio de 1996, con la participación de 38 Consejeros internacionales: 4 de Africa; 3 de Asia; 2 de América del Norte; 12 de América Latina; 16 de Europa; 1 de Oceanía.

Este Capítulo eligió a los miembros de la Presidencia del Consejo Internacional: la ministra, la vice-ministra, seis consejeros según las áreas lingüísticas (francesa, italiana, inglesa, portuguesa, española, alemana), a un representante de la JUFRA. En total, tres hombres y seis mujeres, a los que se unen los cuatro asistentes generales (OFM, OFM CONV, OFM CAP, TOR), que son designados por los Ministros Generales de las Órdenes religiosas.

El último Capítulo General ordinario ha tenido lugar en Madrid, del 23 al 31 de octubre de 1999, con la temática de la revisión de las Constituciones. Ha sido el noveno Capítulo General que celebra la OFS, con la participación de 46 representantes de fraternidades nacionales: 18 de Europa; 13 de América; 4 de Africa; 3 de Asia; 1 de Oceanía; 1 del Líbano.

     [65] La experiencia de estos años -desde 1990 en que se aprobaron las Constituciones- ha demostrado que fuera del Capítulo General, el actual Consejo Internacional no ha podido desarrollar sus competencias a causa del gran número y dispersión geográfica de sus miembros. Por otro lado, la Presidencia ha tenido que tomar decisiones que no le correspondían directamente, pero las ha asumido basándose en artículos de las Constituciones que hablan de decisiones inmediatas, problemas urgentes, subsidiariedad; el Capítulo General refrendaba posteriormente estas decisiones. Por ello las propuestas han ido en la línea de que la Presidencia pasase a ser el Consejo, el que animara y guiara la vida cotidiana de la fraternidad internacional.

     [66] “El altius moderamen tiene como finalidad el garantizar la fidelidad de la OFS al carisma franciscano, la comunión con la Iglesia y la unión con la Familia Franciscana” (Const.85, 2)-

     [67] Menores -OFM-; Conventuales -OFM Conv-; Capuchinos -OFM Cap-; Tercera Orden Regular -TOR-

     [68] Con la revisión de las Constituciones hecha en Madrid en el Capítulo General (23 al 31 octubre 1999), el Asistente espiritual queda definido como “la persona designada por el Superior Mayor competente para desempeñar este servicio a una Fraternidad concreta de la OFS” (art. 89,2).

Con ello no se especifica su condición sacerdotal, ya que lo suyo no es la asistencia sacramental, sino la asistencia espiritual.

     [69] MINISTROS GENERALES DE LA FAMILIA FRANCISCANA, Vocación y misión de los laicos…, o.c., párrafo 49.

     [70] Las Constituciones de las Primeras Ordenes Franciscanas y de la TOR recogen el compromiso de la asistencia espiritual y pastoral de la OFS: Const. OFM, 60; Const. OFM Cap, 95; Const. OFM Conv, 116; Const. TOR, 157.

     [71] Los Ministros Provinciales de la Primera Orden y de la TOR de los EEUU, formaron en el año 1999 una comisión de trabajo para estudiar el tema de la Asistencia espiritual a la OFS. De sus conclusiones quiero destacar dos: (1). “Existe un solo carisma franciscano con diversas expresiones; el único carisma es más importante que su aspecto obediencial o institucional. Por eso vale la pena dedicar nuestro tiempo y nuestra fatiga a cualquier cosa que promueva este carisma”. (2) “En el ejercitar los principios de vital reciprocidad o vivificante colaboración es necesario, por lo que se refiere a la asistencia espiritual, utilizar cada vez más los servicios de mujeres religiosas franciscanas”.

     [72] Las Constituciones de la Orden Capuchina dicen en su artículo 95,1 que “la Orden Franciscana Seglar debe considerarse necesaria para la plenitud del carisma franciscano”.

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Escrito por Fray Mario Garcia

Fray Mario es hermano menor capuchino y fue ordenado sacerdote en 1988. Actualmente reside en Pamplona (España) y, entre otras muchas tareas pastorales, es Asistente Nacional de la Orden Franciscana Seglar.

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