Existen heroínas de carne y hueso. No son ni superwoman ni catwoman. Pero sí tienen nombres y apellidos. Su único objetivo en sus vidas: es vivir para los demás. Sus historias son dignas de ser reconocidas. Sin embargo, prefieren pasar desapercibidas.

Una de las heroínas a las que me refiero, se llama Teresita Benegas y vive en Paraguay junto a su marido y sus cuatro hijos. Su vida es de las que no deja a nadie indiferente. Y es que su familia acoge, desde 2005, y durante seis o ocho meses a niños que han sido víctimas de abandonos, abusos o explotación en su país.

Una escena que cambió sus vidas para siempre

Todo comenzó hace diez años cuando estaba viendo un programa de televisión que daban a conocer la historia de una familia que había acogido a un recién nacido. Lo que más me impactó de esta historia es la forma en el que el niño biológico de la familia miraba a su hermano. Me emocioné con esa escena tan tierna. Y fue en ese momento cuando supe que mi familia tenía que hacer algo por esos niños abandonados. Supe que me convertiría en madre de acogida”, relata esta madre paraguaya a Paz y Bien.

La familia de Teresita Benegas triunfaban en la vida. La madre se había convertido en una de las chef más importantes del país, su marido consolidaba sus negocios y sus hijos sacaban adelante una carrera. Además, eran una familia feliz y unida, pero después de ver esta imagen, la madre sólo podía pensar que “estos niños deberían tener una segunda oportunidad”.

Teresita Benegas durante la presentación de sus recetas / ABC

Teresita Benegas durante la presentación de sus recetas / ABC

Por ello, se puso en contacto con las familias que componen la organización paraguaya, Corazones por la Infancia, y que acogen eventualmente a niños abandonados, “a los que el Gobierno, no les interesa y por eso miran a otro lado”, denuncia Benegas. Esta organización nació en 2003 con el objetivo de defender el derecho de todos los niños de vivir junto a una familia. En la actualidad, ocho familias forman parte de este proyecto.

“En cuanto mi familia supo mis intenciones, me apoyaron. De hecho, sé que a ellos también les hacía feliz”, explica esta madre que asegura que durante las primeras reuniones con Corazones por la Infancia,”miraban de manera especial que el niño no fuera a sustituir la pérdida de algún familiar o que fuéramos a poner impedimentos a la hora de que el niño fuese adoptado por una familia”.

La familia de Teresita, superó los primeros meses de prueba en 2005. Desde entonces, han pasado por su casa 13 niños. Y asegura que cuando estos niños llegan a su casa, su vida gira en torno a ellos. “Cuando el bebé llega a nuestro hogar, me ocupo de llevarle al médico, de estar atenta de que coma, beba, duerma. Me convierto en una madre, describe.

Dolor y tristeza al tener que decir adiós al niño

Cuando el niño tiene que abandonar el hogar de los Benegas para irse con su familia adoptiva,“se abre un periodo de dolor en la familia”. Teresita advierte que “siempre lloran”, pero se muestran “felices por saber que el niño se sentirá siempre amado y tendrá una segunda oportunidad en su vida”.

Cuando Teresita habla de oportunidad se refiere a amor, seguridad y protección. Y de eso sabe mucho su familia, ya que según afirma su familia “ha salvado la vida de los trece niños que han pasado por nuestro hogar”.

Además, la madre de los Benegas todavía se emociona al narrar cómo llegó Angelito, el primer bebé, a su casa. “Sus padres le habían abandonado nada más nacer. El bebé no reaccionaba ante nada. La psicóloga me explicaba que el niño no quería vivir. Mi familia paso las noches en vela para cuidarle. Después de un mes con nosotros, conseguimos que volviera a luchar por su vida. Esto son los milagros de las familias de acogida”, afirma Teresita.

Asimismo, esta paraguaya asevera que “recuerda a cada uno de los trece niños que han convivido con su familia”. Así se ha convertido en la madrina de muchos de esos niños. «Cuando vienen de visita, corren a besarnos y a decirnos lo mucho que nos echan de menos», afirma esta madre. 

Un hogar en el que Micaela refugiarse

La labor de esta familia no sólo se queda en acoger a niños abandonados. La pequeña Mireia estuvo durante cuatro meses conviviendo con la familia de Teresita hasta que apareció su abuela materna.

La pequeña Micaela riéndose junto a su tía / Corazones por la Infancia

La pequeña Micaela riéndose junto a su tía / Corazones por la Infancia

“A pesar de que la abuela de Micaela era pobre, la ley en Paraguay no impide que por este motivo se le separe de su familia. Por eso, nos ocupamos económicamente de las dos”, cuenta la madre. Teresita.

Y concluye: “ Nosotros escogimos ser los ángeles de la guardia de esta niña y siempre lo seremos».