La historia de las “jubiladas de oro”: de tomar café a dar de comer a 20.000 personas

Estas doce mujeres son simplemente madres de familia que pensaban disfrutar de una jubilación tranquila después de dedicar toda su vida a trabajar. Sin embargo, decidieron poner en marcha un comedor social en el barrio de San José de Zamora. 

Estas ‘Chicas de Oro’ no son heroínas ni tampoco cocineras profesionales. Sólo son doce mujeres normales que decidieron rechazar una vida cómoda, llena de viajes y actividades para personas jubiladas por los fogones.

 

Y, es que después de descubrir que en su barrio, conocido como San José, había gente pasando hambre no podían quedarse quietas. Por esta razón, se pusieron manos a la obra y, en abril de 2014, crearon un comedor social.

 

“Éramos un grupo de doce amigas jubiladas que disfrutábamos quedando para tomar un café. Un día comentamos que la compañera de una de nuestras nietas se había quedado dormida en clase, porque no había ni desayunado ni cenado. Esto nos hizo reflexionar, porque no podíamos mirar a hacia otro lado mientras la gente de nuestro barrio no podía mantener a su familia”, nos explica una de las doce, Raquel Cañaver, de 76 años. 

Tras esta conversación en una cafetería cumplieron con su palabra. Así las doce jubiladas hablaron con la asociación vecinal de San José Obrero de Zamora para que les prestase un local donde instalar una pequeña cocina.

 

Comida en un tupper para unir a la familia

Pero, ¿de dónde salió el dinero? Raquel asegura: “De nuestro propio bolsillo y de las donaciones de varias personas”. Por lo tanto, estas doce jubiladas se las ingeniaron para que las familias se llevaran la comida a sus hogares.

Además, el local que la asociación las proporcionó no era lo suficientemente grande.  “Nos proporcionaron un local pequeño en el que sólo pudimos poner una cocina, así que después de pensar mucho decidimos que las comidas se llevarían en un tupper. Con ello, las familias podían compartir un momento juntas y sin sentirse como si recibieran limosna”, señala Cañaver,

Y añade: “Ninguna de nosotras había cocinado antes para tantas personas, pero nuestro barrio nos necesitaba”.

 

Más de 200 personas acuden diariamente al comedor

Aunque esta cocina social nació para ayudar a las familias del barrio zamorano de San José Obrero, estas doce jubiladas tuvieron que ampliar su ayuda. “Nuestro comedor comenzó acogiendo a la gente del barrio, pero la noticia se fue difundiendo y ahora ayudamos a toda la ciudad e incluso viene gente de los pueblos más cercanos”, relata.

Al albergar a más gente también han ampliado sus servicios. “Cada día venían más de 200 personas, así que tuvimos que aumentar la entrega de comidas a un día más, porque la situación se nos iba de las manos. Es decir, pasamos de tres a cuatro días”, destaca Cañaver mientras que otras de las doce, asegura “a mí se me venía a la cabeza lo mal que lo había pasado durante la posguerra y sentía que tenía qué hacer algo para que mis vecinos tuvieran algo que comer”.

 

 “A las familias les encanta todo lo que hacemos”

Cuando digo que estas doce jubiladas se han convertido en auténticas heroínas es porque sirven una media diaria de sesenta menús para llevar. “Las familias que vienen al comedor tienen primer plato, segundo y postre. Cocinamos todo tipo de platos: verduras al vapor, carne a la plancha, guisos castellanoleonesés, etc. A las familias les encanta todo lo que hacemos, aunque siempre nos dicen que su plato preferido son las lentejas y las alubias sobre todo en invierno”, se ríe Raquel.

Asimismo, las personas que se acercan a este comedor social reciben productos no perecederos para que puedan hacerse las cenas en sus casas, pero también prendas de vestir de segunda mano.

Todo esto que hacen por los demás implica mucho trabajo y poco tiempo que dedicar a sus familias. “Mis hijos dicen que después de toda una vida trabajando, debería dedicar mi jubilación a descansar. Pero yo lo tengo claro: aguantaré hasta que el cuerpo resista”, relata Cañaver.

 

La solidaridad de un barrio humilde

La labor de las doce se ha contagiado y las doce ‘mujeres de oro’ han conseguido apoyo de muchas familias del barrio San José. “Nos han ayudado mucho, sobre todo gente humilde que ha vivido en su propia piel la falta de alimentos. Pero las instituciones públicas miran para otro lado”, denuncia.

Y eso que han pedido ayuda una y otra vez, pero sólo han recibido el silencio por respuesta. Raquel se queja: “Muchas veces me rebelo y pienso que tendríamos que dejar de hacer esta labor, porque estamos haciendo el trabajo del Gobierno”.

Pero luego se tranquiliza y concluye: “Lo primordial es que estas familias puedan comer caliente gracias a doce mujeres que han cambiado sus vidas al servicio de los demás”.

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