in ,

LA FRATERNIDAD FRANCISCANA SEGLAR (8ª Parte)

De la utopía a la realidad, de la realidad a la utopía

El tiempo que he pasado con la rosa es lo que hace que la rosa sea tan importante para mí

Antoine de Saint Exupéry

 1364989499_b2cb81d456_o2

Vocación a la santidad

Siempre hemos tenido en cuenta que las distintas espiritualidades nos llevan a la santidad.  “Todos los fieles, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (Lumen Gentium 40). Todos son llamados a la santidad: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48):

«Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo […] para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del Pueblo de Dios producirá frutos abundantes, como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos».(Lumen Gentium 40)

 El progreso espiritual tiende a la unión cada vez más íntima con Cristo. Esta unión se llama “mística”, porque participa del misterio de Cristo mediante los sacramentos —“los santos misterios”— y, en Él, del misterio de la Santísima Trinidad. Dios nos llama a todos a esta unión íntima con Él, aunque las gracias especiales o los signos extraordinarios de esta vida mística sean concedidos solamente a algunos para manifestar así el don gratuito hecho a todos.

El camino de la perfección pasa por la cruz. No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual (cf 2 Tm 4). El progreso espiritual implica la ascesis y la mortificación que conducen gradualmente a vivir en la paz y el gozo de las bienaventuranzas:

«El que asciende no termina nunca de subir; y va paso a paso; no se alcanza nunca el final de lo que es siempre susceptible de perfección. El deseo de quien asciende no se detiene nunca en lo que ya le es conocido» (San Gregorio de Nisa,In Canticum homilia 8). 2013 a 2015 Catecismo de la Iglesia Católica

Podría agregarse que la santidad desde el punto de vista humano es la plenitud de la madurez existencial.

Dimensión psicológica de la santidad.

No cabe duda que la gracia se desarrolla en las condiciones psíquicas del sujeto. Entra en la definición misma de la espiritualidad. Hay naturalezas favorecidas, predispuestas para sembrar en ellas santidad: temperamentos fuertes, magnánimos, pacientes, generosos. La semilla produce aquí ciento por uno.

Hay variedades relevantes para la santidad mientras se consigue después de conseguida. El ideal diferirá según se trate de hombre o mujer, activo o no activo. En líneas generales, la mujer está mejor dispuesta para la dimensión teologal: caridad, humildad, religiosidad; en cambio, está menos favorecida en el hombre por el psiquismo para la perfección moral: juega más con la emotividad, y está más expuesta a cambios bruscos, resentimiento, envidia, depresión, etc. El hombre goza de equilibrio moral más estable; pero es frío, autosuficiente, poco inclinado a entregarse del todo a una sola causa.

Conviene tener presente que la canonización y la santidad no garantizan el temperamento o el carácter de la persona. Como los demás mortales, han conservado su tanto de errores, defectos, miserias, debilidades, falta de criterios, etc. «La Iglesia canoniza a los santos. La opinión pública, con demasiada frecuencia, los diviniza».

Ya que no nos es dado el poder determinar los perfiles de la santidad propia de cada uno, queda la esperanza de conocer al menos los rasgos que caracterizan al santo de nuestro tiempo.

No faltan encuestas e indicaciones sobre el tipo de santidad hoy preferido: atención a las actitudes de conjunto, más que al detalle; desarrollo de la dimensión comunitaria; interés por el hombre, en amor y obras; desarrollo de la personalidad humana. Algunos reconstruyen su imagen conjetural con excesiva ingenuidad. El santo será un hombre completo, sensible a la historia y al mundo, solidario de todos, que desarrolla sus cualidades personales y sociales; en fin un centro de atracción. Lo malo de semejantes reconstrucciones es que reflejan, más que la personal real del santo mismo, lo que piensan los no santos proyectando sus deseos e ideas.

Algo podemos entrever, a partir de las funciones que Dios les ha enviado a cumplir en la historia anterior que conocemos. Hombres que revelan a sus hermanos la presencia de Dios y las aspiraciones más íntimas de esos mismos hermanos; que les devuelven a lo esencial en la creciente dispersión. Cristianos sin espectacularidad, que reaniman la vida y mantienen la esperanza en las personas.

El santo de hoy vive entre nosotros, pasa inadvertido, dedicado a su obra, con una buena dosis de abnegación; es probablemente objeto de contradicción. Probablemente es incompleto y vulnerable, porque Dios le dio solamente un carisma que cumplir, y deja ver toda su pobreza en lo demás.

El santo es fruto maduro producido por el encuentro de la gracia divina y la libertad humana en el tiempo. Ni una ni otra dependen, estrictamente hablando, de nuestra mentalidad. Es ACTUAL el santo que Dios quiere dar a cada época. Y frecuentemente envía, no el que los hombres desean, sino el que más necesitan. ( CAMINOS DEL ESPÍRITU, de Federico Ruiz Salvador O.C.D. Editorial de Espiritualidad, Madrid, España)

Dice Luigi Rulla en “Antropología de la Vocación Cristiana”: “la patología no es necesariamente un impedimento para la vocación sacerdotal-religiosa. Ha habido santos canonizados que parecen haber presentado limitaciones patológicas en algunas áreas de su personalidad; la patología se convierte en impedimento para la vocación cuando obstaculiza gravemente el vivir y utilizar la misma vocación para el bien de las almas, según los valores autotrascendentes de Cristo, incluso el hecho de practicar la caridad dentro y fuera del ambiente comunitario”. En otra parte del texto señala para los casos en que la problemática ha sido detectada antes de las profesiones “…el permitir al candidato seguir adelante en la vida vocacional no es tener caridad ni hacia el mismo candidato ( que se hallará en serias dificultades para vivir su vocación) ni hacia la comunidad con la que debe vivir, ni hacia la Iglesia y fieles a los que debería ayudar a crecer por el Reino de Dios”

La formación franciscana seglar- Fortalezas y debilidades

Comparando la formación que se proporciona en la OFM a los candidatos y la que opera en la OFS, encontramos una debilidad que a veces se convierte en fortaleza. Y es que hay tantos formadores como fraternidades, a diferencia de la 1º Orden en que un sólo equipo se ocupa de la tarea.

Esto deriva en que hay tantos criterios de admisión como fraternidades en una nación. El beneficio, sería la posibilidad de recurrir a otra fraternidad cuando se ha sido rechazado en una anterior lo que permite subsanar-perseverando el postulante un tiempo importante-muchos errores. ( o cometer otros)

La formación para la vida en fraternidad ha sido insuficiente. Este hecho se expresa en estadísticas nunca investigadas de deserciones. Y es que las expectativas puestas por el profeso han sido tal vez exageradas, y la vida fraterna, por todas las interacciones humanas expuestas, ha sido demasiado desalentadora. No se va a la reunión de fraternidad a sufrir.

Inclusive muchísimos asistentes han privilegiado otras actividades propias de su compromiso religioso a verse envueltos en conflictos, peleas, etc.

Por otra parte, herederos de la espiritualidad occidental, ponemos el acento en lo intelectual, en el conocimiento, descuidando la educación en los gestos, la cultura del encuentro, como ha recientemente enfatizado el papa Francisco.

Sugerencias superadoras

En base a muchos intercambios fraternos hechos en los pasillos de los encuentros nacionales (¿Cuándo haremos un foro los seglares franciscanos creyendo sinceramente en que el Espíritu Santo habla por boca del hermano?), en reuniones de consejo, en evaluaciones luego de notables fracasos me permito sugerir algunos caminos.

Estas invitaciones apuntan a servir al hermano, a ayudarlo en su maduración humana sin importarnos su perseverancia final. Después de todo, los que pastorean el rebaño son responsables de su bautismo. Y como el Buen Samaritano debemos ayudarlo a sanar sus heridas, incluso pagando por ello, como el que se hizo prój-ximo de la parábola

  • Entrenarnos en la cultura del diálogo teniendo siempre la mirada puesta en Jesús, el gran dialogante, con Dios y los discípulos
  • Invitar al hermano a hacer un diagnostico psicológico, no excluyente de su posibilidad de seguir la vocación franciscana. Obviamente afrontado por la fraternidad. Este servicio se orienta a colaborar con el gran desafío de maestro ateniense: “Conócete a ti mismo”
  • Pedir colaboración a la Renovación Carismática Católica para la realización de retiros de sanación
  • Enviar a los formandos a servir a alguna entidad caritativa como voluntarios durante un tiempo acotado. Esta actividad puede ayudar a la orientación del hermano y la calibración de sus talentos. Además no es ni mas ni menos que una exhortación de la REGLA
  • Orientar al hermano hacia el sacramento de la Reconciliación y la Dirección espiritual, ambos tan descuidados . La gracia de Dios y el acompañamiento espiritual son un gran bien para los bautizados.
  • Estimular a los hermanos a aceptar pequeñas tareas, pero siempre de a dos. Esto es particularmente formativo. En los servicios de tesorería es imprescindible el acompañamiento de los recién llegados.
  • Descubrir sus talentos y posibilidades humanas inclusive concediéndoles subsidios para que se capaciten en temas vitales como biblia, dialogo interreligioso, acompañamiento espiritual, liturgia. ¡Qué bueno sería que a través de las fraternidades pudiéramos hacer que la luz que trae el hermano se encienda e ilumine la sociedad y la Iglesia!

Próxima y última entrega: Cultura del diálogo, cultura del encuentro.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Redacción

FRANCISCO DE ASÍS Y LA REFORMA DE LA IGLESIA POR LA VÍA DE LA SANTIDAD

Un programa itinerante recorre el Camino de San Francisco de Asís a Santiago