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LA FRATERNIDAD FRANCISCANA SEGLAR (6ª Parte)

De la utopía a la realidad, de la realidad a la utopía

El tiempo que he pasado con la rosa es lo que hace que la rosa sea tan importante para mí

Antoine de Saint Exupéry

Asumir a los hermanos que llegan: los simples, los intelectuales, los enfermos, los pecadores, los psicópatas (continuación)

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c.2- Hermanos con heridas emocionales: Las fraternidades siempre irradian un calorcito de hogar, una llamita que puede cambiar la vida de muchos. Y se acercan. En realidad el carisma los atrae, pero más el deseo de neutralizar muchas experiencias no sanadas.

¿De qué heridas estamos hablando? Conflictos matrimoniales no resueltos, hijos discapacitados, traumas no sanados, problemas de identidad sexual, insatisfacciones existenciales. Ninguno debería perderse la posibilidad de vivir la fraternidad como experiencia sanadora. Sin embargo no son en si mismo s los problemas con que llega el hermano sino su proyección al seno de la fraternidad los que someten a los hermanos ya profesos a un stress para el cual no están preparados. Ese malestar se resuelve generalmente mal. Por falta de conocimientos, por falta de asesoramiento, por miles de circunstancias no hacemos frente a esta situación. Miramos para otro lado. O rezamos pero no buscamos intensamente asumir al hermano recién llegado o al profeso que irrumpió mostrando al volcán interior en erupción- durante mucho tiempo el volcán estaba inactivo. También es cierto que nuestras fragilidades personales entran en colisión con las heridas del otro y debemos apartarnos, aun luego de haber brindado lo mejor de nosotros mismos. La gracia no suple la naturaleza. Deberíamos buscar sugerencias de profesionales competentes en el tema y pedir el consejo del asistente.

La Plegaria Eucarística V/b debería inspirarnos siempre para buscar el camino de sanación del hermano: Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado, ayúdanos a mostrarnos disponibles ante quien se siente explotado y deprimido.
Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando.

¿Entre todos, no podríamos hacer algo más?

Hay solamente una cosa que nos está prohibida: no asumir el problema y al hermano problemático. Aunque le hablemos y le hablemos tal vez lo único que entienda es el gesto de preocuparnos por él.

Entre los “males” que llegan con este grupo de hermanos está el de la manipulación de sus problemas y enfermedades, y la agresividad no controlada a veces. Acá siempre se impone el “no devolver mal con mal”, el excusar su comportamiento, pero advirtiendo los límites que conlleva la relación.

Un hermano con heridas puede arruinar la convivencia fraterna pero siempre se puede con caridad, prudencia y discreción poner una contención. Y los formadores si no se sienten capacitados, buscar entre los hermanos a alguno que lo esté. Siempre habrá alguno con el don de la empatía.

Cuando en un espacio educativo irrumpe alguien “diferente” se trabaja sobre el conjunto para mejorar la integración.

c.3.- Hermanos con desórdenes psiquiátricos

A veces irrumpe en nuestras fraternidades algún enfermo psiquiátrico con diagnóstico establecido. ¿Qué busca? Lo que buscamos todos: amor en forma de integración, de aceptación, relaciones, reconocimiento.

El nuevo modelo psiquiátrico establece que solamente un paciente tal debe ser internado cuando es peligroso para si o para terceros. La teoría asegura que con medicación y vida social pueden llevar una vida “normal”. Este paradigma está lejos de haberse cumplido en muchos países. Los enfermos psiquiátricos rara vez tiene trabajo- siendo como es la ociosidad algo que contribuye a su deterioro. Muy pocas veces tienen relaciones-la locura es un estigma.

Y en los hospitales de día, única propuesta terapéutica- solamente se relacionan con otros tales como ellos.

Es una verdad fácilmente comprobable que siempre se mejora nivelando hacia arriba. El límite de la integración es la conducta agresiva. Con una adecuada preparación de los profesos se podría aceptar e integrarlos. Ello redundaría en un beneficio para el enfermo y para la fraternidad si es que sabe descubrir los talentos del hermano. Y ofreciéndole un servicio para realizar dentro de su competencia. ¡Hay tantos! Desde tejer, hasta ordenar una biblioteca. Existe una profesión que se denomina Terapia ocupacional. ¿Es muy descabellado consultar con alguno de ellos para hacerla sentir útil e integrada a la sociedad gracias al carisma franciscano?

En una oportunidad se acercó pidiendo profesar el carisma una enferma esquizofrénica. El consejo tuvo la buena voluntad de aceptarla haciendo una catequesis especial, alejada de los demás… Esta hermana percibió que no era aceptada plenamente y se alejó. Cuando presento su pedido de ser admitida la justificación de la negativa se basó en el criterio juridicista y muy alejado de la realidad, de que si profesaba se la podría elegir para un servicio. (…)

c.4- Hermanos psicópatas

A menudo se asocia el término psicópata con el de los asesinos seriales, carentes de culpa, insensibles, despiadado. Este es solamente un aspecto de la situación. Hay psicópatas integrados en la sociedad y más de una vez hemos sido víctimas de sus manipulaciones. La actividad que mejor ejercen en el acoso moral.

A lo largo de la vida, mantenemos relaciones estimulantes que nos incitan a dar lo mejor de nosotros mismos, pero también mantenemos relaciones que nos desgastan y que pueden terminar destrozándonos. Mediante un proceso de acoso moral, o de maltrato psicológico, un individuo puede conseguir hacer pedazos a otro. El ensañamiento puede conducir incluso a un verdadero asesinato psíquico.(..) Con el pretexto de la tolerancia nos volvemos indulgentes.”. Marie Hyrigoyen, EL ACOSO MORAL 

Carentes de una personalidad equilibrada, suelen mimetizarse con el medio. A menudo con una historia de frustraciones personales, laborales donde les es imposible ocultarse, suelen irrumpir en distintas entidades, las religiosas pueden ser algunas de ellas, con las cuales adoptan una nueva identidad. Es que como cualquier ser humano necesitan ser re-conocidos, gratificados, que sus talentos sean utilizados. No carecen de ellos.

Consiguen que muchas de sus actividades sean útiles al medio. Son inteligentes, poseen una autoestima elevada, a menudo sin fundamentos reales, y son hábiles a la hora de justificar sus desaciertos. Pero solamente son una fachada.

Carecen de autocrítica y solamente aceptan correcciones en la medida que les permita permanecer dentro de la estructura. No tienen empatía ni experimentan sentimientos de culpa.

Sus habilidades para seducir al grupo y manipularlo a su antojo, siempre buscando el re-conocimiento, están solamente a la vista de quienes han padecido de sus artes. El circuito de predación consiste en tres etapas diferenciadas:

  • seducción de quienes pueden colaborar en su promoción- podría definirse como sutil adulación, especialmente de las autoridades
  • manipulación es decir utilización de los otros en su propio beneficio
  • abandono-una vez que se utiliza a esa persona se la desestima, deja a un lado e inclusive se la hostiliza utilizando a quienes inocentemente simpatizan con él

Los psicópatas integrados tienen una indisposición personal para vivir el carisma franciscano y aun así están entre nosotros. Conocer su accionar permite prevenir conflictos interpersonales, sobre todo en los demás hermanos de la fraternidad. El pastoreo implica el cuidado de todos. Al revés que en la parábola de la oveja perdida un hermano asi puede hacer que tengamos que ir a buscar las noventa y nueve ovejas por quedarnos con la única, que es la que desencadenó la huida de las demás.

No se trata de andar descalificándolo o atacándolo. Como aquella fábula del sabio que ayuda al escorpión a cruzar el río, incluso sabiendo de antemano que lo va a lastimar, está en su naturaleza actuar así. ¡Vaya a saber uno las heridas que trae!

Poseen solamente empatía con quienes lo admiran y alaban, olvidándose del resto

Tienen un apego desmedido por reglas y normas jurídicas que la Orden proporciona exuberantemente convirtiéndose en fundamentalistas

Abusan de la buena fe del grupo, que muy tardíamente o nunca se dará cuenta de su forma de ser. Esto es especialmente importante a la hora de concederles el servicio de tesorería. En el libro “Víboras de traje” sus autores Babiak y Hare conceden un espacio especial a la acción de los psicópatas en comunidades religiosas. Hay registros de que muchos de ellos abusando de la confianza de la iglesia, se quedan con el capital penosamente recaudado a través de la limosna.

Carecen de posibilidad de comunicarse corazón a corazón con todos, inclusive bloqueando toda posibilidad de diálogo.

Es que estas personas- he conocido a muchas- se mimetizan con el medio. En la feliz expresión de José Ingenieros, “simulan lo que no son y disimulan lo que son”. ¿Pecado? ¿Enfermedad? Jesús no ahorró palabras para calificarlos: hipócritas. Yo no me animo a tanto, porque presiento que no tienen conciencia de lo que ocasionan, pero tampoco culpa.

¿Cómo vivimos entonces la contradicción de aceptarlos tal cual son reconociendo que son incapaces de cuestionarse algo, de cambiar, y, por otra parte, mantener al “rebaño” unido? En numerosas ocasiones se han apartado personas muy sanas, al encontrarse con estas personalidades, prefiriendo la huida y el silencio a la confrontación.

¿Por qué abundan los psicópatas integrados, en las fraternidades? En principio porque la sociedad se ha psicopatizado y los hermanos provenimos de la sociedad, no del cielo. En segundo término porque mientras el objetivo de cualquier institución, inclusive la OFS sea mantener una estructura eficiente, siempre habrá psicópatas interesados en ser reconocidos por el poder al que pueden aspirar provisto abundantemente por la estructura y la norma.

El psicópata integrado abunda porque le prestamos todo el sustrato humano para que ejerza sus talentos: la manipulación de la burocracia eclesial. Por sus limitaciones personales el hermano no puede visitar a los enfermos, ni a los presos, ni sostener un servicio oculto porque él, lamentablemente necesita “lucirse”. Nunca escuchar al hermano, nunca acompañarlo a alguna gestión…

También muchos ministros ordenados delegan actividades en estos hermanos que poseen una servicialidad insaciable sin supervisión. Nuestro mayor poder está en el servicio pero para hacer el bien. A menudo se queda en poder nomás y allí se revelan las verdaderas heridas que hieren a los demás alejándolos de la comunidad.

Entre el activismo y el servicio a los hermanos en forma desinteresada, elegirán lo primero. Un activismo carente de empatía, que se aprovecha de los recovecos que la institución le proporciona con generosidad.

A estos hermanos y también a otros puede aplicarse lo que Segundo Galilea dice sobre el demonio del activismo.

Próxima entrega: El demonio del activismo y otras cuestiones

María Cecilia Jaurrieta OFS

 

 

 

 

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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