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LA FRATERNIDAD FRANCISCANA SEGLAR (5ª Parte)

tres_locosDe la utopía a la realidad, de la realidad a la utopía

El tiempo que he pasado con la rosa es lo que hace que la rosa sea tan importante para mí

Antoine de Saint Exupéry

Asumir a los hermanos que llegan: los simples, los intelectuales, los enfermos, los pecadores, los psicópatas (continuación)

c) El hermano enfermo y pecador

Ambicionando seguir el ideal franciscano se acercan hombres y mujeres con las heridas del pecado y la enfermedad. Que no excluyen la pertenencia a los grupos señalados anteriormente. (los simples y los intelectuales)

Son muchos los elementos que se combaten en el propio interior del hombre. A fuer de criatura, el hombre experimenta múltiples limitaciones; se siente sin embargo ilimitado en sus deseos y llamado a una vida superior. Atraído por muchas solicitaciones, tiene que elegir y renunciar. Más aún, como enfermo y pecador, no raramente hace lo que no quiere hacer y deja de hacer lo que quería llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división que tantas y tan graves discordias provocan en la sociedad». (Conc. Vat. II, Const. past. Gaudium et Spes)

Jesús es el buen samaritano que sana nuestras heridas. Como expresa tan maravillosamente una Plegaria Eucarística: “Te damos gracias, Padre fiel y lleno de ternura, porque tanto amaste al mundo que le has entregado a tu Hijo, para que fuera nuestro Señor y nuestro hermano.
Él manifiesta su amor para con los pobres y los enfermos, para con los pequeños y los pecadores.
Él nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano; su vida y su palabra son para nosotros la prueba de tu amor; como un padre siente ternura por sus hijos, así tú sientes ternura por tus fieles”.

Dicen en medicina que no hay enfermedades sino enfermos. Esta condición puede no manifestarse en el periodo de formación. Sus signos aparecen insospechadamente. Estamos preparados para aceptarlos? Estamos preparados para hacernos cargo como el buen Samaritano, de vendar y sanar sus heridas?

¿Qué actitud tomamos hacia ellos? La respuesta proviene de la experiencia de fraternidad que aspiremos a vivir. Muchas veces la necesidad del apóstol- activista cierra el corazón ante el hermano que irrumpe. Si lo que necesitamos son activistas de un carisma, evidentemente los enfermos de cualquier condición, son un lastre. La tentación es al descarte. Si, por el contrario, hemos descubierto que ese Jesús necesita nuestro corazón para amar, para sanar heridas, entonces nuestra actitud será diametralmente opuesta. La fraternidad no es un grupo de terapia, dicen, pero compartir la fe con un grupo eso si es terapéutico.

Lamentablemente no hemos leído en clave franciscana el signo privilegiado de estos tiempos: la curación y el mejoramiento de muchas situaciones proviene de la inclusión. Ya no más niños con necesidades especiales segregados: hasta donde se pueda deben integrarse con los niños “sanos”. Ya no más enfermos psiquiátricos en los manicomios: Hasta donde se pueda deben ser integrados a la sociedad y desempeñar alguna tarea útil para ellos y a sociedad. ¿Pero dónde hallar un modelo de integración, de inclusión?

Son nuestras fraternidades las que, en mi modesta apreciación, deberían trazar huellas aceptando los desafíos y proponiendo respuestas.

Entre las presencias más habituales de enfermos en nuestras fraternidades podemos distinguir:

c.1- Hermanos con minusvalías físicas

c.2 -Hermanos con heridas emocionales

c.3.- Hermanos con desórdenes psiquiátricos

c.4- Hermanos psicópatas


Cada uno de ellos busca algo en el carisma franciscano. Cada uno trae su historia. Con el cuidado puesto en discernir, no juzgar en el sentido de condenar, se podrían hacer algunos comentarios abiertos a la experiencia de otros formadores y con el propósito de enriquecernos por la vida de relación. Resuenan en mis oídos siempre que pienso en este tema aquella canción denominada VIVA LA GENTE, que en su primera estrofa decía:

Dentro de cada uno /hay un bien y un mal/mas no dejes que ninguno/ataque a la humanidad./Ámalos como son/ mas lucha porque sean/los hombres y mujeres/ que Dios quiso que sean”

Dios nos amó primero. De la experiencia del amor ágape surge la posibilidad de que el otro experimente un cambio. ¿Cuándo? Nunca en nuestros tiempos, sino en los tiempos de Dios.

Nosotros actuamos al revés. Queremos que el otro cambie, así lo amamos. ¡Qué mal hemos entendido el mandamiento del amor fraterno!

c.1- Hermanos con minusvalías físicas: La perseverancia en la vida fraterna extendida en el tiempo muchas veces es acompañada de deterioros en la salud, funcionalmente hablando.

Hacerle sentir al hermano mayor que es todavía una parte viva de la fraternidad es de las tantas tareas evangelizadoras en sí mismas. Favorecer la posibilidad de desplazamiento hacia la reunión, inclusive con el acompañamiento personal o la colaboración económica es un gesto maravilloso. Y cuando no puede asistir tenerlo siempre presente con un llamado telefónico o una visita.

Las personas con minusvalías físicas no generan ningún inconveniente de integración. Discapacidades visuales, motoras, incluso de comunicación oral no son tenidas en cuenta como obstáculos a la pertenencia e incluso profesión de los candidatos.

Próxima entrega: Asumir a los hermanos que llegan: los simples, los intelectuales, los enfermos, los pecadores, los psicópatas (continuación)

Primera parte

Segunda parte

Tercera parte

Cuarta parte

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  1. Dios los bendiga grandoootote por estas hermosas publicacions. Las compartiré con mi fraternidad y las demás también. paz y bien. Claret Cañizalez ofs Venezuela

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Escrito por Redacción

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