in , ,

LA FRATERNIDAD FRANCISCANA SEGLAR (4ª Parte)

De la utopía a la realidad, de la realidad a la utopía

El tiempo que he pasado con la rosa es lo que hace que la rosa sea tan importante para mí

Antoine de Saint Exupéry

Asumir a los hermanos que llegan: los simples, los intelectuales, los enfermos, los pecadores, los psicópatas

 

 

  1. Los hermanos simples

Los hermanos simples tienen una vida espiritual, a menudo, basada en devociones y prácticas de piedad. A veces no han terminado la escuela primaria. Desempeñan oficios sencillos sin mucha complicación. Son los Juníperos de las fraternidades. Generalmente no tienen ningún problema en la admisión. Su vida transcurre tranquila, sin grandes dificultades, sin grandes cruces. Sin embargo los hermanos los dejan en ese lugar, incapaces de ver sus talentos o descubrir dones que seguramente poseen. Son hermanos que están. No se los considera sino como objetos de la caridad, nunca sujetos de evangelización Se tiene con ellos la interrelación justa y necesaria, pero no más.

En una oportunidad, un servicio de tesorería, en un capitulo electivo, casi se declara vacante luego de varios intentos de votación. Sin embargo uno de estos hermanos simples, aun ofreciéndose no consiguió los votos necesarios. Estaba jubilado, y durante la vida civil había sido encargado de depósito de una importante empresa. Tenía en su historia una importante cuota de práctica en entradas y salidas… ¡Cómo no desempeñarse correctamente en la tesorería de una fraternidad! Sus hermanos, lo avergonzaron innecesariamente al no confiar en su idoneidad. Tal vez pensarían que al ser pobre, tendría una tentación en guardarse el dinero. Sin embargo se lo conocía muy bien desde mucho tiempo atrás.

Sobre la acepción de personas dice el teólogo chileno Segundo Galilea en Tentación y Discernimiento: “Lo habitual en esta tentación del apostolado (salvo que ésta haya caído a niveles muy bajos) no son las acepciones y discriminaciones de personas motivadas por prejuicios graves: racismo, clasismo, nacionalismo, trato diferente a ricos y pobres, etc. Esos grados de discriminación no suelen encontrarse, a no ser en casos inusuales, en la pastoral de la Iglesia. El demonio de la acepción de personas suele presentarse más sutilmente.

Se trata aquí de dar más tiempo, poner más interés y estar más disponible para las personas en general, y para los miembros de la comunidad cristiana que tienen más cualidades humanas, que son más inteligentes, más interesantes o entretenidos, más simpáticos y atractivos… Por el contrario, se deja sutilmente en un segundo lugar a los que son menos dotados, más grises y menos atractivos, menos inteligentes y gratificantes… Esta es la forma más común de acepción de personas en el apostolado, tanto más sutil, profunda y persistente, cuanto que suele ser más o menos inconsciente.

En el apostolado, la predilección por los pobres no debe restringirse al nivel sociológico, que es siempre esencial, sino que debe alcanzar igualmente a los «pobres» en cualidades humanas externas, psicológicamente discriminados en atención y acogida. Pues el apostolado no debe guiarse por el solo criterio de la eficacia, que aconseja invertir preferentemente en los más dotados y en los líderes potenciales. Debe igualmente testimoniar el primado de la caridad fraterna, que se revela preferentemente con los menospreciados y los olvidados”.

Este texto que fue utilizado en un encuentro nacional animado por el equipo de Formación una y mil veces debería ser tomado en cuenta en las reuniones de consejo como la tentación en la cual todos podemos caer.

Siempre me pregunto qué sucedería si quisiera pertenecer a nuestras fraternidades un analfabeto y gitano, es decir alguien doblemente excluido por sus condiciones socioculturales. Un hermano de tales características es el Beato Ceferino Giménez Malla, mártir de la Guerra Civil Española. Al negarse a abandonar la recitación del rosario en el calabozo de la prisión, tuvo bien en claro la opción. No sucumbió a la invitación de olvidar ese rezo. No se confundió. Podría haber salvado su vida si evitaba esa oración… Sin embargo rezar el rosario en la cárcel era símbolo de una identidad a la cual él no quería dejar de pertenecer.

Sólo Francisco de Asís nos invita a re-conocer los valores de tantos Juníperos y a mostrarnos dóciles a aprender de ellos.

 

  1. Los “intelectuales”

Los hermanos con estudios superiores, universitarios o terciarios, son un grupo heterogéneo pero que tiene como riqueza el haber podido completar estudios superiores. En las estadísticas provisorias que llevo, paradójicamente son los que abandonan el camino en los primeros tramos, habiendo o no profesado. Muchos tienen dificultades para ser admitidos. Las causas son múltiples. En primer término podría señalarse el desequilibrio cultural entre muchos hermanos, a veces miembros del consejo, y los recién llegados con un bagaje intelectual importante. El menos dotado culturalmente si no tiene una espiritualidad exuberante que lo conduzca a la desapropiación, a sentirse sólo instrumento, siempre verá una amenaza de su situación, en el que sabe… Inclusive los “doctos” suelen ser los últimos en enterarse del proceso de desestabilización que generan San Francisco contempló con recelo a este grupo pero progresivamente fue modificando su mirada. Y era obvio: ¡Los intelectuales, también son hermanos! Su desconfianza se basaba en el poder que pudieran ejercer sobre los “iletrados”. La clave de su aceptación hay que leerla en la carta a san Antonio de Padua, el gran teólogo:”A fray Antonio, mi obispo, el hermano Francisco, salud. Me agrada que enseñes sagrada teología a los hermanos, con tal que, en el estudio de la misma, no apagues el espíritu de oración y devoción, como se contiene en la Regla”

Muchos de los simpatizantes franciscanos con estudios superiores han abandonado el caminar como orden, por dos temas no menores:

  1. No encontrar un canal donde servir a través de sus conocimientos que buscan compartir como un bien

  2. Encontrar una burocracia eficiente, pero nada más. Las objeciones más habituales son la perdida de la vida en pos de la permanencia, olvidando reunión tras reunión el objetivo de la fraternidad, que es intrínsecamente la evangelización.

La pertenencia de los hermanos intelectuales es una riqueza para la fraternidad. Para encauzar tantos talentos bastaría poner en práctica el artículo 34 de nuestras CCGG:” En donde la situación ambiental y las necesidades de sus miembros lo requieran, dentro del ámbito de la Fraternidad pueden constituirse, bajo la guía del único Consejo, secciones o grupos que reúnan a los miembros unidos por particulares exigencias, por afinidad de intereses o por la identidad de opciones de trabajo. Tales grupos establecerán normas específicas relativas a sus reuniones y actividades, permaneciendo firme la fidelidad a las exigencias que nacen de la pertenencia a una Fraternidad. Los Estatutos nacionales establecerán los criterios idóneos para la formación y el funcionamiento de las secciones o grupos”.

Es más en una misma región podrían agruparse por temas de interés para trabajar concretamente en incumbencias específicas donde la Iglesia reclama una presencia activa y misionera: Bioética, educación, lucha contra las adicciones, ecología, medios de comunicación.

La mirada franciscana de estos temas es también un servicio para la Iglesia, y la sociedad.

Los hermanos intelectuales son también un aporte valiosísimo para los demás hermanos, por su estímulo, por sus vinculaciones con otros estratos sociales, incluso como despertar vocacional

Proxima entrega: Asumir a los hermanos que llegan: los simples, los intelectuales, los enfermos, los pecadores, los psicópatas (continuación)

María Cecilia Jaurrieta OFS

 

Comentarios

Leave a Reply

One Ping

  1. Pingback:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

La gracia de trabajar. Carta del General de los Capuchinos.

Abrazando a los miembros más débiles. Diario desde la Amazonia.