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LA FRATERNIDAD FRANCISCANA SEGLAR (3ª Parte)

De la utopía a la realidad, de la realidad a la utopía

El tiempo que he pasado con la rosa es lo que hace que la rosa sea tan importante para mí

Antoine de Saint Exupéry

De los juicios temerarios al miedo a juzgar…Pero ¿qué es juzgar?

Muchos consejos oscilan, a la hora de discernir vocaciones entre el juicio impiadoso y temerario y la total ausencia de discernimiento.

La primera actitud parte de algo así como una santa impunidad para interpretar la vida y milagros del nuevo hermano. Obviamente todos los diagnósticos se fundamentan en percepciones, susceptibilidades a menudo no confrontadas con el interesado. En todo este trajinar falta dialogo, conocimiento, cercanía. El tiempo de formación no es un tiempo cronológico en el que pasados los días que marca la norma se toma una decisión. Es un tiempo precioso de compartir la riqueza de la fraternidad con el hermano y la riqueza del hermano con la fraternidad. Con un límite, que es la no invasión de la intimidad del recién llegado. Con un delicado equilibrio que suscite confianza y apertura y la maravillosa experiencia de compartir la fe y la vida, las expectativas y las frustraciones. Sin críticas, sin condicionamientos. Muchas veces la aceptación del otro es pura declamación. Al que hay que aceptar es al recién incorporado. Por el contrario, a veces se exige que este acepte, acríticamente, todo lo que le propone la fraternidad, como un cepo o un corsé al cual debe amoldarse. Si consideramos a los santos como modelos a contemplar veríamos cuanta diferencia entre una Teresita y un Pio, entre una Catalina Salawa y una Angela de Foligno.

A veces una de las causas de esta posición se sitúa en la falta de vida familiar por parte de los servidores. Los padres y madres de familia suelen estar más predispuestos para la aceptación de las personas que llegan (tienen hijos, y han vivido el proceso de reacomodarían interna que supone el recién llegado). Y los hijos que cuidan de sus padres, hermanos, sobrinos también viven esta experiencia. Pero por tener compromisos de estado, generalmente no tienen posibilidad de acceder a los servicios y no pueden aportar esa cuota de flexibilidad a la conducción de las fraternidades.

No estoy construyendo una antinomia solteros versus casados, nada de eso. Pero en su gran mayoría el perfil célibe abunda en los consejos con el traslado de una visión muy solitaria de la vida. El célibe suele tener tiempo, acepta servicios e involuntariamente condiciona la irradiación del don de la fraternidad.

En el extremo opuesto se encuentran los que declinan opinar basados en el evangelio: “No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes. ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Deja que te saque la paja de tu ojo», si hay una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano. (Mateo 7, 2-5)

Aquí la letra del evangelio se manipula para favorecer el no compromiso.

Jesús no prohíbe el discernimiento sino la inclinación a condenar. El seguidor de Jesús debe analizar personas, hechos, acontecimientos, situaciones, pero sin sentirse juez. A menudo la tentación es la de ser fiscal, juez y verdugo.

El mandato no juzguéis no es una invitación a ser ciegos, sino más bien una exhortación a ser benignos, manso, magnánimos.

En este sentido ¡Cuánto debemos agradecer a la psicología que nos muestra las infinitas causas de la conducta humana, dándonos excusas para la flaqueza del otro!. Jesús no nos dice que suspendamos nuestra capacidad de discernir (algo que nos distingue de los animales), sino que renunciemos a la ambición presuntuosa de ser Dios (al colocarnos en alto como jueces).

Con este presupuesto me dispongo a analizar los distintos hermanos que se acercan a vivir el carisma franciscano, sus expectativas, fortalezas y debilidades.

 

Próxima entrega: Asumir a los hermanos que llegan: los simples, los intelectuales, los enfermos, los pecadores, los psicópatas

 

María Cecilia Jaurrieta OFS

 

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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