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LA FRATERNIDAD FRANCISCANA SEGLAR (2ª Parte)

De la utopía a la realidad, de la realidad a la utopía

El tiempo que he pasado con la rosa es lo que hace que la rosa sea tan importante para mí

Antoine de Saint Exupéry

¿Estamos preparados para vivir la cultura del encuentro en nuestras fraternidades?

El Concilio Vaticano II reformuló la Regla de los franciscanos seglares y todo un aire de renovación recorrió la Iglesia animando a aggiornar el carisma vivo desde ocho siglos.

El cambio sustancial, en mi modesta apreciación, radica en tratar de que las fraternidades vivan y experimenten la gracia de “tener hermanos”. La vigencia de fraternidades preconciliares permite entrever el modelo anterior, ni bueno ni malo, sino concordante con otros tiempos, otra eclesiología. La fraternidad se articulaba alrededor de un fraile y aunque las formas de gobierno eran muy parecidas a las actuales y las fraternidades también se denominaban fraternidades, el cambio que se estimulaba era a otra forma de relación entre los hermanos. Podríamos decir que antes del concilio el modelo era la cofradía o asociación piadosa. Los esfuerzos refundacionales postconciliares apostaron a formar franciscanos seglares que vivieran el espíritu fraterno, no ya como individuos aislados sino como una verdadera interrelación familiar evocando las primeras comunidades cristianas.

Por el Bautismo estamos todos llamados a esparcir el buen olor de Cristo en los ambientes en los que hemos sido colocados y que ejercemos nuestra misión de profetas, sacerdotes y reyes: la novedad radica en vivir nuestra misión en fraternidad. La misma edificación de la fraternidad es evangelizadora: los encuentros, la animación, la conducción de la fraternidad y tantos otros rasgos de la vida fraterna manifiestan, aún con sus luces y sus sombras, una vocación particular en la Iglesia. Acoger a los hermanos “con ánimo cortes” es la evangelización por excelencia.

Me animo a preguntar, luego de todo lo expuesto: ¿Estamos preparados para recibir a los hermanos que desean vivir nuestro carisma? ¿Estamos preparados para discernir vocaciones? ¿Tenemos la suficiente idoneidad para generar la cultura del encuentro de la que tanto nos ha hablado el papa Francisco?

Con más preguntas que respuestas quisiera plantear algunas situaciones que en el pasado y en el presente pueden generar conflictos, y proponer algunas pistas superadoras.

¿Quienes NO podrían ser franciscanos seglares?

Dice la regla de la OFS: “La Regla y la Vida de los franciscanos seglares es esta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, que hizo de Cristo el inspirador y centro de vida con Dios y con los hombres. Cristo don de amor del Padre, es el Camino hacia Él, es la Verdad en la cual nos introduce el Espíritu Santo, es la Vida que El ha venido a traer en abundancia. Los franciscanos seglares dedíquense asiduamente a la lectura del Evangelio, pasando del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio” (Capítulo 4)

La convocatoria vocacional es amplia, tanto que en principio, muy pocos, una vez sentido el llamado vocacional, podrían ser excluidos. Después de todo la propuesta a vivir el Evangelio es idéntica para todos los bautizados.

¿Cómo se acercan los nuevos hermanos? Muchos atraídos por la personalidad de San Francisco buscan algún lugar donde se viva este carisma. A veces coincide con una fraternidad seglar en donde pueden (o no) seguir el camino. Algunos llegan por el testimonio personal de otros franciscanos seglares. Ninguno por una pastoral vocacional organizada.

Los candidatos siguen un programa de formación y son admitidos. Las profesiones temporales incorporadas recientemente por los Estatutos Nacionales, son un intento de garantizar un período de perseverancia, vistas la experiencia desalentadora del inmediato abandono de muchos de los hermanos recientemente profesos.

En realidad la limitación más importante para ser seglar OFS es la incapacidad, o la debilidad personal para vivir el evangelio en fraternidad. Esto es si tomamos la fraternidad como el valor más importante a ser vivido. En fraternidad se debería compartir la vida personal, laboral, los compromisos apostólicos, la oración, la liturgia.

Son los conflictos, las fragilidades, los pecados personales los que obstaculizan la vida en fraternidad. Entonces inmediatamente surgen unas preguntas… ¿Cómo han podido profesar hermanos con tanta indisposición para la vida fraterna? Por un lado el llamado a la conversión es permanente, con lo cual se alienta la profesión de muchos sin tener en cuenta sus rasgos, pensando que no hay que ser un santo para profesar la regla. Pero por otro se carece en la formación de un umbral de base como para garantizar la perseverancia. Los que alguna vez han sido formadores han experimentado esa desazón interior que mejor que de ninguna manera expresa el dicho “uno ve caras y no corazones”. ¿Qué pasó con ese hermano piadoso, servicial, amistoso en la formación, que progresivamente va cambiando de perfil hasta hacerse irreconocible? ¿Y qué paso que esa buena comunicación, luego se convirtió en silencio? Y hasta hostilidad?

Obviamente cuando el modelo era la cofradía o la asociación piadosa, no emergían ni se suscitaban conflictos. Todavía hoy en muchas fraternidades no se lleva un registro de los teléfonos de los hermanos distribuido en forma personal, de modo de poder comunicarse fácilmente, entre reunión y reunión.

En cuanto la propuesta es la fraternidad como forma de vida, es ahí que surgen los problemas…

Próxima entrega: De los juicios temerarios al miedo a juzgar…Pero ¿qué es juzgar?

María Cecilia Jaurrieta OFS

 

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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