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LA FRATERNIDAD FRANCISCANA SEGLAR (1ª Parte)

De la utopía a la realidad, de la realidad a la utopía

El tiempo que he pasado con la rosa es lo que hace que la rosa sea tan importante para mí

Antoine de Saint Exupéry

Justificación de este trabajo

Caminar dentro de una institución casi treinta años ofrece una excelente perspectiva para hacer un aporte entre otros temas, sobre el complejo entramado humano que se teje en nuestras fraternidades. Al intentar vivir una utopía tan maravillosa como la fraternidad entre los que llegan y los que están, se suscitan no pocos desencuentros. Algunos permanecen en forma subterránea, otros son visibles. Y el resultado es que se abortan numerosas vocaciones. Sin hablar del malestar que esos desencuentros producen, habida cuenta de que Francisco, es el modelo a seguir. Nada más ni nada menos alguien que llamó a todos “hermanos”. Y que en su Testamento les confiere la categoría de “dones”, ”regalos” del Señor.

No creo que los que desisten del camino franciscano seglar sean los únicos responsables de no perseverar, inclusive luego de haber profesado.

Esta modestísima contribución quiere despertar la necesidad de revisar y encarar los numerosos desafíos que la edificación de la fraternidad conlleva, so pena de experimentar un desaliento de las vocaciones y un permanecer en nuestras fraternidades por permanecer no más. Como sucede con la longevidad, y la OFS tiene 800 años, se trata no solo de agregar años a la vida sino de vida a los años….

Me permito abordar el tema del encuentro en nuestras fraternidades considerando, en base a la experiencia de tantos años que nuestra mayor riqueza es la diversidad. El que en una fraternidad convivan armoniosamente ricos y pobres, universitarios y casi analfabetos, maestros y estudiantes, viudos y casados, solteros y jóvenes, amas de casa y bancarios, policías y asistentes sociales es un desafío y una oportunidad para mostrar al mundo y a la Iglesia la vitalidad de nuestro carisma.

La Regla

El Art. 6 de nuestra Regla exhorta:” Sepultados y resucitados con Cristo en el Bautismo, que los hace miembros vivos de la Iglesia, y a ella más estrechamente vinculados por la Profesión, háganse testigos e instrumentos de su misión entre los hombres, anunciando a Cristo con la vida y con la palabra. Inspirados en San Francisco y con él llamados a reconstruir la Iglesia, empéñense en vivir en plena comunión con el Papa, los Obispos y los Sacerdotes, en abierto y confiado diálogo de creatividad apostólica”.

Somos portadores de la misión de la Iglesia y la realizamos en comunión con los pastores, comenzando por hacer presente esa comunión dentro de la misma común unión en la fraternidad que otro artículo caracteriza como “comunidad de amor” (Art. 22).

Hay dos modos de poner en práctica nuestra espiritualidad. Muchos de los profesos tendrán alguna actividad apostólica . Muchos a lo largo de una vida alternaran momentos de reclusión impuesta por motivos de salud, de cuidado de familiares próximos, de compromisos laborales con el servicio a la estructura de la OFS o la dimensión pastoral eclesial

Lo que ilumina estas dos dimensiones de la espiritualidad es la Regla y la vinculación con una fraternidad concreta. Sea que estemos solos atendiendo a un enfermo o colaborando con un servicio eclesial, la novedad es que nunca deberíamos estar solos… sino acompañados por el afecto hecho cercanía y la oración del hermano.

Utopías humanas, utopía franciscana

A diferencia de otras espiritualidades mucho más diferenciadas, la franciscana posee la riqueza de la diversidad de compromisos a partir de la intuición fundacional de san Francisco. Nadie puede apropiarse del ser el intérprete genuino del carisma y todos contribuimos al enriquecimiento mutuo. Es que ser custodios del Evangelio intentando vivirlo a la letra y sin glosa, tiene como consecuencia que todo es posible dentro de la pluripotencialidad de opciones que marca el Evangelio. Se parece a lo que en biología sucede con las células madres: pueden diferenciarse para adquirir muchas funciones, pero una vez adquirida esta “habilidad” ya no hay vuelta atrás. Por eso, tal vez, vivir la espiritualidad dominica, la carmelita, la mercedaria, la educacionista, la de servicio a los enfermos y tantas otras suscitadas por el Espíritu Santo en la Iglesia sea fácil de definir y más aún de poner en práctica. En cambio a los franciscanos nos envuelve una fecunda anarquía.

Las pistas que nos dejó San Francisco, por mucho que esa diversidad nos atraviese, son una especie de ADN espiritual sin la cual nuestra identidad se esfuma. Y aunque cada siglo haya redescubierto algo del santo con que dar respuesta a las urgencias históricas del momento, podríamos resumir esas huellas genéticas en algunos rasgos comunes:

  • Espíritu de fraternidad con los seres humanos y con todas las criaturas “animadas” e inanimadas,

  • Espíritu de conversión,

  • itinerancia,

  • pobreza,

  • espíritu de paz,

  • espíritu de justicia,

  • Espíritu de servicio

  • Opción por los pobres

En el ejercicio de la “alta dirección” las tres obediencias han contribuido a dibujar, cada una con su impronta, la identidad franciscana seglar postconciliar. Los franciscanos conventuales privilegian la fraternidad como la gracia por excelencia de la familia franciscana, del cual se derivan todas las demás particularidades.

De tratar al hermanos como un regalo nada menos que de Dios, deriva necesariamente en servirlo, ser justo, vivir austeramente para compartir con él los bienes. Y para permanecer siendo hermano es necesario cambiar, convertirse. La espiritualidad de la conversión se basa en el propio cambio, no en pretender cambiar al otro. En la Carta a un Ministro san Francisco lo exhorta a soportar al hermano que lo molesta. Y redobla la apuesta diciendo que eso es más importante que irse a orar a una ermita, por más santo que parezca.

Próxima entrega: Viernes 18-10. Estamos preparados para la cultura del encuentro?

María Cecilia Jaurrieta OFS

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

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