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La economía franciscana, una respuesta a la crisis económica.

El pasado 8 de Enero, el periódico católico italiano «La Perfetta Letizia» (la perfecta alegría) publicó una interesante entrevista a la profesora Vera Negri Zamagni, sobre la concepción franciscana de la economía. 

Ofrecemos a continuación la versión castellana de dicha nota.

El momento histórico que estamos viviendo y el comienzo del nuevo año nos lleva a reflexionar sobre el verdadero significado de la economía, el bien común y especialmente del compromiso que los cristianos, y especialmente los franciscanos, deben tener con respecto a la vida económica y social de nuestro país.

Hablamos con la profesora Vera Negri Zamagni, economista y profesora de Historia Económica de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Bolonia.

P. Mirando hacia atrás en los siglos, nos damos cuenta de que alrededor de 1400-1500 se puede individualizar lo que se denomina «economía civil o economía franciscana”, una economía que se centra en la persona humana y no en la ganancia. Que nos puede decir sobre esto?

 R. Fueron precisamente los franciscanos quienes propusieron una reflexión sobre la actividad económica que llevó al nacimiento de la economía moderna.

Los pilares de esta reflexión son las siguientes:

1. Aquellos que ejercen la actividad económica debe hacerlo por el bien común, un principio que permite una dinámica «integradora», en cuanto que el agente económico no trabaja sólo para sí, sino también para otros.

2. Con el propósito de incluir a otros, el agente económico tiene que invertir para ampliar el tamaño de sus actividades, el «capital» por lo tanto, no debe permanecer en reposo o ser consumido por aquellos que lo poseen, sino que debe «volver» a generar empleos, ingresos, riqueza para otros, de esta manera, el agente económico es legitimado como «benefactor» de la comunidad, ya que ayuda a su entorno social a prosperar. Obviamente es justo, por tanto, que use una parte de los resultados de sus labores para sí mismo.

3. Pero no suficiente: hay muchas razones por las cuales no todos pueden ser incluidos en el circuito del trabajo (enfermos, discapacitados, ancianos, los niños, a quienes se les debe inculcar la cultura del trabajo), por lo que el bien común exige que todas estas personas sean ayudadas. Por esto, algunos de los recursos producidos, deben ser destinados a obras de servicio y ayuda (en adelante, llamadas obras de bienestar), y por último,

4. la ciudad debe ser habitable para todos, lo que implica que otra parte de los recursos deben asignarse a la infraestructura civil (las «obras públicas»), incluidas las iglesias, fuentes y jardines. Es así que las ciudades italianas se convirtieron en un modelo de progreso y riqueza, enseñando al resto de Europa y el mundo cómo construir una economía dinámica y sostenible.

P. El franciscanismo, con su criterio de la simplicidad, la pobreza y el valor que le dio al dinero, ha sido un terreno fértil para el surgimiento de una economía «antieconómica» pero ciertamente cristiana. Cómo,  siempre en su opinión, el modelo económico franciscano no ha encontrado desarrollo?

R. La economía creada por la reflexión franciscana no puede ser llamada «antieconómica», ya que es la economía «real», ciertamente diferente de lo que hoy tenemos, pero que sin embargo aún conserva importantes vestigios de inspiración franciscana. Tampoco es cierto que la economía franciscana no haya encontrado desarrollo. El problema es que durante este desarrollo se han introducido elementos no cristianos que el franciscanismo había intentado eliminar.

La principal desviación en la idea originaria tiene que ver con la concepción del  “bien común”.  La economía capitalista ha restringido mucho el concepto de “bien común”, para que coincida con el bien de un pequeño subconjunto de los participantes en la actividad productiva, es decir, los propietarios del capital y los administradores, mientras que a los trabajadores sólo se le asigna un salario de subsistencia. La inversión es el motor de nuestra sociedad, pero a menudo no es suficientemente inclusivo, dejando a muchas personas desempleadas. Las Obras de bienestar público se financian, generalmente, a través de impuestos, pero hay muchos problemas de cantidad y calidad. La verdadera razón de esto es que vuelva a estar en boga la filosofía utilitarista-individualista que el franciscanismo trato de superar con el concepto de bien común.

P. ¿Cree usted que el modelo franciscano es viable hoy en día y cree que puede ser una herramienta valiosa para abordar la actual crisis económica y moral?

R. La economía franciscana es adaptable a todos los tiempos, pero, al contrario de lo que, por error, se llegó a creer, no es una economía de la pobreza, sino una economía de inclusión en el circuito del progreso. Algunas personas optan por la pobreza para seguir un camino de perfección, pero el objetivo del agente económico (que no elige la pobreza) debe ser el de compartir la prosperidad generada por sus actividades, como he indicado más arriba, con todos aquellos que deben ganarse la vida, construir una casa, criar una familia.

«Es hora de que los franciscanos, tanto en su predicación como en su acción, recuerden a todos que la actividad económica se lleva a cabo por el “bien común”, y no por la riqueza individualmente disfrutada»

P. ¿De que forma, en la sociedad de hoy, los franciscanos pueden intervenir en el contexto social y económico, revalorizando las experiencias de los siglos anteriores?

 R. Es hora de que los franciscanos, tanto en su predicación como en su acción, recuerden a todos que la actividad económica se lleva a cabo por el “bien común”, y no por la riqueza individualmente disfrutada. Y este es el verdadero fundamento de nuestra economía. Cada vez que nuestra economía se aleja de este fundamento descarrila, porque no hay límite a la avaricia y la avaricia destruye las sociedades, mientras que la actividad económica realizada por el bien común la hace próspera, dinámica y sostenible en el tiempo.

P. Existen en la actualidad economias franciscanas y si es así, ¿qué visión tienen de ella las instituciones?

R. Sí, hay formas económicas de inspiración franciscana. Son todas aquellas formas económicas llamadas sin fines de lucro o cooperativas, que trabajan para la inclusión social y distribución equitativa de los resultados de los trabajos. Desafortunadamente, unos pocos siglos de dominación del capitalismo ha hecho que las instituciones (y también pensamiento colectivo) sean incapaces de concebir la empresa como diferente de la capitalista. Los franciscanos están llamados a hacer oír fuertemente su voz a favor de todas las formas de negocio que no funcionan con el propósito de lucro, sino para producir bienes y servicios útiles a las personas, tratar a los trabajadores de manera justa, y reinvirtiendo los beneficios con fines inclusivos. En cuanto a las empresas capitalistas, se les debe recordar su «responsabilidad social», objetivo que se persigue desde hace varios años con una respuesta cada vez mayor y que está generando a respuestas muy interesantes.

Traducido por Gabriel Lopez Santamaria directamente de la version en italiano.

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Escrito por Redacción

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