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LA CRUZ EN EL PENSAMIENTO DEL P. PÍO

Sermón pronunciado por el p. Carlos Miguel Buela en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores el 14 de septiembre de 2001 con ocasión de la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz

        Celebramos hoy la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, y en este día varias de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará hacen sus votos perpetuos. El gran santo Tomás de Aquino compara la consagración propia de la vida religiosa nada menos que al sacrificio máximo que existe, que es el holocausto, es decir, la entrega total de uno como víctima a Dios1 .

        Me pareció que para esta ocasión podría ser provechoso hacer lo que podemos llamar una suerte de florilegio sobre la cruz, siguiendo el pensamiento de ese gran crucificado del siglo pasado que fue el p. Pío, que tiene como alguno de ustedes bien sabe, pensamientos sublimes sobre la cruz.

Complacer a Dios

        La cruz es un complacer a Dios: «Amar a Dios es complacerle, y no vale la pena preocuparse por el resto, sabiendo que Dios tendrá cuidado de nosotros más de lo que se puede decir o imaginar».

Elegidos

        Él nos trata a cada uno de nosotros, y de manera especial a las almas consagradas como a elegidos: «Abre tu corazón al celeste médico de las almas y abandónate con confianza en sus brazos. Él te trata como a un elegido y te invita a seguirlo de cerca por la cuesta del Calvario».

Subir al Calvario

        La vida consagrada se trata de esto, de subir al Calvario, y es un subir al Calvario todos los días, como lo es la vida del sacerdote que al subir cada día al altar sube un poco más al Calvario. Dice el p. Pío: «Sí, consolémonos al vernos cada vez más oprimidos por las aflicciones, demos gracias a la divina piedad que nos hace partícipes de la pasión y muerte de nuestro divino maestro, y hasta que no se pueda decir de nosotros ‘este cristiano es otro Cristo’, no nos detengamos hasta subir el Calvario».

Su amor

        Eso es fruto de su amor: «Si Dios nos somete a una cruz muy pesada, y nos da la fuerza necesaria para soportarla con mérito, son signos inequívocos y únicos de su amor por nosotros».

        Esa cruz muy pesada, a veces pueden ser problemas de salud, problemas familiares, también pueden ser incomprensiones, tentaciones, o tribulaciones de distinto tipo… Nosotros debemos pedir esas cruces. Pensemos esto: «son signos inequívocos y únicos de su amor por nosotros»

Estar crucificados

        Es que debemos estar crucificados como lo está nuestra divina cabeza.

        «Sigamos al Divino Maestro a lo largo de la cuesta del calvario cargando con nuestra cruz, y cuando él crea conveniente clavarnos en la cruz, démosle gracias, y considerémonos afortunados por tanto honor que nos ha sido concedido, sabiendo que el estar crucificado con Jesús es un acto mucho más perfecto que el simple contemplar a Jesús en la cruz».

No asustarnos por la cruz

        Por eso no hay que asustarse por la cruz. Hay almas que no avanzan en la vida espiritual por miedo a la cruz. Más aún, hay almas que retroceden, incluso hay almas que abandonan a Cristo porque le tienen miedo a la cruz.

        «Que la cruz no te asuste. La más grande prueba de amor consiste en padecer por el amado; y si Dios, por tanto amor, sufrió tanto dolor, el dolor que se sufre por Él se vuelve amable en cuanto al amor».

Jesús y la cruz: esposo y esposa unidos indisolublemente

        Y de tal manera están dadas la cosas que no se da Jesús sin la cruz, ni la cruz sin Jesús. Jesús esposo, la cruz esposa, indisolublemente unidos.

        «Jesús nunca está sin la cruz, pero la cruz no lo está nunca sin Jesús».

La cruz no aplasta

        Y por estar así unidos Jesús y la cruz, la cruz y Jesús, la cruz nunca aplasta, aunque esa sea la impresión que a veces nos da cuando tenemos que sufrir grandes dificultades, pero la cruz no aplasta. «No te aplaste la Cruz. Si su peso te hace tambalear, su potencia te sostiene».

        Parece que el peso nos hace sucumbir, pero a la vez éste es el que nos hace permanecer firmes en el combate, en la lucha espiritual que se nos presenta.

Con la cruz a cuestas

        Por eso hay que subir al Calvario con la cruz a cuestas: «Subamos al Calvario con la Cruz a cuestas. No dudemos. Nuestra ascensión terminará con la visión celeste del dulcísimo Salvador».

La vida es Calvario

        Es que la vida es Calvario: «La vida es un calvario. Conviene subirlo alegremente».

La cruz es bandera

        Y la cruz es bandera: «La Cruz es la bandera de los elegidos. No nos separemos de ella y cantaremos victoria en toda batalla».

Cuanto más dura, más mérito

        Y cuanto más dura, más pesada sea la cruz, tanto más mérito tendremos: «Cuanto más dura sea la prueba que Dios envía a sus elegidos, tanto más abundantemente los conforta durante la opresión y los exalta después de la lucha».

Amor y dolor

        Es el misterio que siempre va unido: amor y dolor, dolor y amor. Cuanto más dolor, más amor. Cuanto más amor, más dolor: «El que comienza a amar ha de estar preparado a sufrir».

Dolor y felicidad

        «La vida del cristiano no es más que una lucha continua contra sí mismo. No se consigue la felicidad sino por medio del dolor».

        Por eso en este día, queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor por medio de su Madre, la Santísima Virgen María, el llegar a tener en nosotros la ciencia de la cruz; porque es una gracia de Dios el tener la sabiduría de la cruz. Y cuando tengamos la sabiduría de la cruz tendremos esa otra gran cosa que sólo la cruz da: la alegría de la cruz.

        Se lo pedimos a Nuestro Señor que fue el primero en sufrirla por causa de nosotros, y a su Madre que fue la segunda en sufrir espiritualmente todos los dolores que sufría su Hijo por amor a nosotros.

        Que siempre seamos amigos de la cruz, que nunca huyamos de Ella, porque quien huye de la cruz huye de Jesús y quien huye de Jesús nunca encontrará la felicidad.

1 Cfr. Santo Tomás de Aquino, S.Th. II–II, 186, 1.

Via Padre Buela

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Escrito por Redacción

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