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La conversión laboral vs la ecología integral en China

El gobierno de China ha apartado de sus tierras a un número cada vez mayor de trabajadores rurales para llevarlos a centros de formación recientemente construidos, donde se convierten en trabajadores industriales.

Esta conversión laboral como idea de generar trabajo digno en distintas comunidades del Tibet y de la región occidental de Xinjiang es calificada por los grupos de defensa de los derechos humanos como una dinámica de trabajos forzados.

En tanto que el Ministro de Asuntos Exteriores de China negó rotundamente las acusaciones de trabajos forzados, y dijo que China es un país con un Estado de derecho y que los trabajadores son voluntarios y debidamente compensados. “Lo que estas personas con motivos ocultos llaman ‘trabajos forzados’ simplemente no existe. Esperamos que la comunidad internacional distinga el bien del mal, respete los hechos y no se deje engañar por las mentiras”.

En la Región del Tibet más de 500.000 personas han sido formadas como parte de este nuevo proyecto no admitido formalmente por el gobierno central en los primeros siete meses del 2020. Hay informes no oficiales que indican que muchas de estas personas  terminan en trabajos poco remunerados, incluyendo la fabricación de textiles, la construcción y la agricultura.

En tanto, en la Región Autónoma de Xinjiang, el gobierno chino si ha reconocido con la publicación en el libro blanco, del Consejo de Estado, gabinete de china, el sistema organizacional implementado por el gobierno regional para la llamada “capacitación orientada al empleo en chino estándar hablado y escrito, conocimiento legal, conocimiento general para la vida urbana y habilidades laborales”, cuyo objetivo sería el de mejorar el nivel educacional de la población activa y así luchar contra la pobreza. El documento reconoce que el gobierno regional brindó capacitación vocacional a un promedio de 1.29 millones de trabajadores urbanos y rurales cada año entre 2014 y 2019. De esos trabajadores, alrededor de 451.400 eran del sur de Xinjiang, un área según señala el libro blanco, dominada por “pensamientos extremistas” por encontrarse luchando contra la pobreza extrema sumado a un deficiente acceso a la educación. En este período las autoridades regionales introdujeron junto a la capacitación una campaña de “des-radicalización sistémica” para combatir el terrorismo y los pensamientos religiosos extremos, según informes de los medios de comunicación de China continental.

La Fundación Jamestown, un instituto con sede en Washington D. C. dice en su informe “en la Región del Tibet, es un cambio forzoso desde un estilo de vida basado en el nomadismo y la agricultura hacia el trabajo asalariado”.

Los grupos defensores de derechos humanos y los investigadores por su parte expresan que reconocen que algunos pueden ser voluntarios aunque es poco probable que la mayoría de los trabajadores puedan rechazar las colocaciones laborales.

A los periodistas extranjeros no se les permite entrar en la región, y a los demás ciudadanos extranjeros sólo se les permite hacer viajes aprobados por el Gobierno.

Frente a esta realidad la comunidad internacional toma esto como un “reconocimiento indirecto” de actividades ilícitas y atropellos a los derechos humanos en las regiones.

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Escrito por Redacción

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