in

La capacidad de perdonar; gesto humano y actitud cristiana

El primero en pedir disculpas, es el más valiente. El primero en perdonar, es el más fuerte. El primero en olvidar, es el más feliz. Papa Francisco

No existe un acto más bondadoso, magnífico y gratificante que mirarnos a los ojos, comenzar con una leve sonrisa y pedirnos mutuamente perdón.

No hay mejor vitamina para el alma que realizar el gesto humano por excelencia: perdonarnos. Una actitud cristiana que deberíamos tener siempre como ejercicio antes de actuar.

Perdonar es la acción que nos abre la puerta a la trascendencia; a lo que no estamos habituados a percibir, es el motor que nos eleva al encuentro con el Padre, nos abraza con su misericordia y nos estimula a ser verdaderos miembros de la Iglesia.

Perdonarnos nos sitúa en un giro sustancial, en observar la vida desde otra perspectiva, de aprender a querernos, conocernos y así, construir y vivir en plena felicidad.

A veces actuamos por instinto, somos viscerales, tenemos miles de errores y defectos que nos conducen en un bucle habitual, compararnos y somos incapaces de separar lo bueno de lo malo, confundimos lo que deberíamos hacer con lo que realmente hacemos.

Otras, ignoramos, sentenciamos y juzgamos. Nos alejamos porque nace esa sensación del “no perdón” sea porque nos ha hecho daño o simplemente, porque no coincidimos en su manera de afrontar la vida.

perdonar

En algunas ocasiones, enfurecidos con la vida misma, atormentados por el pasado, con historias que hemos atravesado y que han generado vacío y dolor, no resolvemos la “acción de caminar hacia delante”, somos incapaces de apartar lo negativo para darle oportunidad a lo positivo. Nos enfrentamos a la naturaleza humana, no aceptamos la grandeza divina ni mucho menos tendremos la capacidad para realizar gestos que nos reconforten y nos ayuden a entender que la vida tiene momentos, etapas, caminos, sensaciones y emociones.

La vida cristiana nos enseña que amar al prójimo nos sitúa por el camino del bien, nos conduce a un estado de libertad y sobre todo de dulzura espiritual. Amar; un estado que se contempla con un corazón puro y con el alma llena de energía, vitalidad y gestos verdaderamente humanos.

Cuando llega la noche y conectamos con el Padre Celestial le decimos que perdone nuestras ofensas y que nosotros, perdonamos a aquellos que nos han ofendido. ¿Realmente los perdonamos?

Si somos capaces de romper el ego, superar las barreras humanas y sobre todo, ser verdaderos cristianos, nos daríamos cuenta que el diálogo conlleva al perdón.

Aquella pareja que se funden en un abrazo dejando que su respiración sea la clave para pedir perdón… sabiendo que el amor se sustenta en el respeto, la tolerancia y la diversidad. El perdón de ambos construye la confianza. Ese perdón que nace del alma, posiciona el corazón e ilumina la mirada.

Esos amigos que en un malentendido se distanciaron, que se echaban de menos pero ninguno se atrevía a ir al encuentro para olvidarse del pasado y accionar un futuro. El amor de amigos pudo más que la soberbia y el orgullo que destroza la caridad humana… el gesto de perdonarse los hace alianza y los proyecta a una vida en paralelo.

El perdón, un gesto lleno de misericordia y sobre todo de humildad. No hay acto más hipócrita que decir “te perdono” cuando el rencor queda clavado debajo de la lengua.

El perdón, actitud de aquellos que, frente a los sucesos de la vida cotidiana, se aferran a las enseñanzas de una Iglesia que lucha por predicar el Evangelio, ser testimonio de amor verdadero y por sobre todas las cosas, tener la capacidad de pedir perdón cuando se ofende a un hermano.

El mejor acto del ser humano es reencontrarse consigo mismo, perdonarse y perdonar… Aprender que perdonar no es de cobardes sino de humildes, saber llegar al otro y decir lo siento, me he equivocado, ¿me perdonas?

Cuando hay amor, voluntad, cuando somos nosotros mismos y tenemos objetivos y proyectos, somos conscientes que estamos en un continuo aprendizaje y nos damos cuenta que Dios nos da la capacidad de entendernos, comprendernos y perdonarnos.

“Jesús nos enseña a rezar así al Padre: ‘perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’. Si yo no soy capaz de perdonar, no soy capaz de pedir perdón. Papa Francisco.

Omar Leonard

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Omar Leonard

Exorcista italiano pide apartarse de Halloween y celebrar Fiesta de Todos los Santos

España volverá a salir a las calles el domingo en defensa de la vida.