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La Asamblea de Capuchinos aborda la crisis de la vida religiosa.

La Asamblea de los Capuchinos de América Latina y el Caribe (ALAC) que se esta reuniendo en Lima, Perú, desde el pasado 29 de enero, ha abordado ayer el problema de los abandonos de la vida religiosa.

Gustavo Gutierrez

La Asamblea que reune a más de 40 frailes, de 20 paises, ha contado con la presencia (el martes) del sacerdote Gustavo Gutierrez, padre de la Teología de la LIberación, quien, citando repetidas  veces al Papa Francisco,  dijo que «la historia de Dios y la historia humana son la misma». El teólogo afirmó que la encarnación de Jesús es prueba de ello y que necesitamos no sólo buscar la presencia de Dios en la religión, sino en nuestra vida diaria, «la casa del Padre también es aquí», dijo. Esto nos ayuda a encontrar en la propia vida las razones para tener esperanzas.

«¿Qué es tener esperanza? Tener esperanza es crear motivos de esperanza, que no va a caer del cielo, no hay esperanza si no hay trabajo. La esperanza es un don; pero en este mundo que nos ata a tantas cosas, donde hay tanta cosa buena, mala y regular, el discernimiento es lo más importante. Creo que en estas cosas está presente el mensaje del Papa. A invitación de él, tenemos que saber mirarlas, eso es tener esperanza! »

«Tenemos un Papa que habla muchas cosas bonitas, pero, más que eso, necesitamos estar atentos a lo que hace», recordó el teólogo. Además, Gutiérrez definió «profecía como fidelidad a la memoria», o sea, profeta es aquel que en los días de hoy testimonia el amor de Dios que nos acompaña desde el principio.

«No sabemos vivir con libertad»

El encuentro, que concluirá mañana, abordó ayer una gran problemática para los frailes de todo el mundo, que no se restringe sólo a la Orden Franciscana, sino a toda vida religiosa: la falta de perseverancia vocacional, las desistencias, aquellos que dejan de ser frailes para pasar a una nueva realidad. Fray Sérgio Dal Moro, consejero general de la Orden para Brasil,  apuntó razones para esas salidas: externas (como una sociedad líquida, donde todo es provisional, en que las cosas deben suceder inmediatamente y que los proyectos personales están al frente de los colectivos e institucionales) e internas (como la falta de coherencia entre aquello que se pide a los frailes jóvenes y lo que es vivido por los más viejos, falta de un acompañamiento más personalizado y de profundidad en las oraciones cotidianas, transformándolas en algo automático).

Hubo un tiempo que «bien formando era aquel que mejor se integraba en la disciplina. La vida estaba toda prevista por horarios rígidos de oración, estudio, trabajos manuales, recreación, silencio, tareas bien definidas, estudios bien programados, regulaciones, espacios permitidos y no permitidos, maneras de vestir … todo estaba previsto […] se enfatizaba en lo que no se debía hacer, descuidando lo que se debía hacer y, sobre todo, lo que se debía SER».

El futuro

Una realidad difícil exige cambios dificiles. El consejero general aportó algunas pistas para solucionar tantas problemáticas, algo que el Concilio Vaticano II, hace más de 50 años, apuntaba: volver a las fuentes. Si realmente los formadores quieren mantener a los novicios, necesitan vivir de acuerdo con los valores franciscanos y descubrir una manera nueva de comunicarlos en los tiempos que corren. Algunos valores fundamentales que propuso fueron la vida fraterna, oración, misión, fidelidad al evangelio, entre otros …

Con información de Paulo Henrique.

 

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Escrito por Redacción

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