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La actualidad del pensamiento franciscano sobre la pobreza.

La belleza de Francisco y sus compañeros, es haber apuntado a un ideal moral de pobreza, más allá de una cuestión económica.

por Marco Iuffrida

Quien se ocupa de la historia franciscana puede tener serias dificultades para interpretar hoy, el ideal de la vida pobre. En verdad, teniendo en cuenta el pasado, un historiador debería ser capaz de dar respuestas objetivas; ilustrar lo que significa ahora la fraternidad del siglo XXI; respecto a la rentabilidad derivada del trabajo y las ofrendas; explicar cuál sea la identidad que diferencia a la vida pobre sufrida, de aquella que se propone como una elección ética y en qué sentido la opción de una sociedad franciscanamente «pobre» pueda aportar una ganancia a la misma.

Quien se ocupa de historia no debe dudar en proporcionar definiciones, por así decirlo, científicas o al menos objetivas, refiriéndose a los numerosos estudios que se han seguido desde la Edad Media tardía sobre las concepciones económicas de los teólogos franciscanos. Después de la muerte del Santo, de hecho, se iniciaron complejos debates dentro de la comunidad franciscana sobre el uso pobre del dinero. Cuestiones que se prolongaron por siglos, que llevaron a los investigadores a hipotizar que las ideas modernas del capitalismo, nacieron incluso con los primeros discípulos de Francisco.

Pero el historiador de hoy tiene una responsabilidad moral muy diferente y no solo frente a su pequeña comunidad de lectores, sino respecto a todo el género humano que sufre la pobreza de una civilización despojada de sus valores. Para el nivel de progreso al que hemos llegado, es intolerable presenciar lo que la vida cotidiana, debido a los deficientes sistemas financieros, el «valor» del intercambio y el chantaje de la moneda, muestra con crudeza a nuestros ojos: ausencia de trabajo, terrorismo, temor , muerte, cuerpos de niños destrozados por bombas y amontonados como en un mercado infernal, rígidos, con la última mirada dirigida a preguntar por qué la humanidad se ha vuelto tan pobre como siempre. Una humanidad que es continuamente empobrecida en sus sueños.

Pero entonces, ¿la pobreza es positiva o negativa? Quien se ocupa de historia no puede, aceptar, hoy, justificaciones retóricas del tipo «El hombre busca el mal cíclicamente, por lo que no es de extrañar que la pobreza se sufra y no se elija». Porque solo el mal es lo que da forma a las geografías económicas de la humanidad. Esto es falso: la pobreza franciscana puede revolucionar el sistema de un mundo de gangrena. Sí, eligiendo la “rica” pobreza que es la esposa del Santo de Asís y sus frailes. La belleza de Francisco y de sus compañeros es haber apuntado a un ideal moral de pobreza, más allá de una cuestión económica. Son los pobres de Francisco, los niños sirios afectados por los recientes ataques químicos se convertirán en paladines y nuevos caballeros corteses de la civilización. Quien se ocupa de historia sabe que también hay un trovador, un poeta, un juglar con su hábito cargado de revoluciones en su corazón que encabeza a este ejército de paz hacia el camino correcto.

Hace algún tiempo, en Roma, en la Piazza del Popolo, me sorprendieron unos niños jugando con las pompas de jabón. Los culpables de los recientes bombardeos en la provincia siria de Idlib tal vez no sabían que solo a las pompas de jabón se les concede el derecho de golpear a un niño. Francisco de Asís, hoy, nos tranquilizaría diciéndonos que las praderas volverán, incluso para los niños de Idlib, que hay una manera de ser rico en lo que es bueno para todos, que hay una manera de ser finalmente pobres de lo inútil. La justa pobreza es franciscana.

Aparece en San Francesco Patrono di Italia

Traducido para PazyBien.es por Marta Furlan

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Escrito por Redacción

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