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José, el santo del perfil bajo.

En los Evangelios se habla poco de él y no se citan sus palabras. La devoción por el padre putativo y custodio de Jesús, «patrono de la Iglesia» cuya fiesta se celebra el 19 de marzo, es un culto que se ha consolidado lentamente. Qué sabemos de él y cómo han hablado sobre él los dos últimos Papas

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La figura de San José, «patrono de la Iglesia» cuya fiesta se celebra el 19 de marzo, fue «descubierta» por la Iglesia misma con con cierta lentitud. No hay huellas sobre su culto en los calendarios litúrgicos o en los martirologios antes del siglo IX. En el occidente, el culto aparece formalmente en el siglo XI: se le dedicó un oratorio en la catedral de Parma (en 1074) y se construyó una iglesia en su honor en Boloña (1129). Hacia finales del siglo XIV se difundió la fiesta del 19 de marzo dedicada al santo, que se convirtió en un precepto en 1621 por decisión de Gregorio XV. En 1870 Pío IX proclamó a san José patrono de la Iglesia y el año siguiente le reconoció el derecho a un culto superior al del resto de los santos. Papa Francisco, con un decreto de la Congregación del culto divino, del primero de mayo de 2013, incluyó una mención de san José en el canon de la misa, en la oración eucarística, inmediatamente después del nombre de María y antes de los de los apóstoles.

El Evangelio de Mateo

Según el derecho hebraico Jesús pertenece a una estirpe, a la davídica, por ser hijo de José. El primero de los dos Evangelios de la infancia, el segundo de Mateo, se ocupa completamente de la figura del padre putativo de Jesús para subrayar que el Niño pertenece a la estirpe de David. En él asume una importancia particular cuando el carpintero acepta que el niño, hijo de su joven y prometida esposa, no es suyo. José es mencionado solamente en los pocos párrafos de los Evangelios de la infancia, y nunca se citan sus palabras.

Su nombre significa «Que Dios los sume» o «Que Él los reúna», y es el mismo que el que llevan otros seis personajes bíblicos. La tradición indica que este hombre era viejo. No solo debido a su completa ausencia cuando Jesús comienza su ministerio público, ausencia que permitiría deducir que en esa época ya no estaba vivo. También está la voluntad, completamente apologética, de representar a José viejo, es más decrépito, para evitar cualquier insinuación sobre la castidad y sobre la virginidad de su esposa María.

Migrante y prófugo

La iconografía clásica nos lo presenta, pues, bastante viejo y con un bastón. José, con María y después con el pequeño Jesús, fue un migrante y un prófugo. Migrante debido al censo que lo obligó a viajar de Nazaret a Belén, en donde nació el niño en las condiciones precarias que describió Lucas. Después prófugo, porque se vio obligado a escapar a Egipto, atravesando la frontera de un país tradicionalmente acogedor, para huir de la espada de los soldados de Herodes, que habían recibido la orden de matar a todos los niños pequeños de Belén.

El carpintero

¿Qué profesión tenía José? En el Evangelio de Mateo (13, 55) se lee esta definición de Jesús: «¿No es acaso el hijo del carpintero?». Cristo mismo es definido por el evangelista Marcos (6, 3) como «carpintero». Estamos acostumbrados a traducir la palabra griega «tékton» como «carpintero». Pero estudios más recientes tienden a reconsiderar esta definición y a proponer una traducción más cercana a l tarmino «constructor», aunque esta, obviamente, es una hipótesis. «Tékton» en la época indicaba a un obrero que trabajaba con materiales duros, por lo tanto no solo madera, sino también piedras, y que sabía  hacer de todo. Un indicio que podría indicar la solución de un José «constructor» serían algunas parábolas de su hijo, dedicadas al arte de construir una casa. Por ejemplo en Mateo (7, 24-26): «Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la piedra».

En cambio, en el Evangelio de Lucas (14, 28-30), se lee: «Porque, ¿cuál de ustedes, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla? Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren no comiencen a hacer burla de él, diciendo: ‘Este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar’».

A menos de 6 kilómetros de Nazaret estaba Séforis (a actual Sípori), ciudad que hasta el 20 a.C. fue la capital de Galilea, que después habría sido sustituida por Tiberíades. Carsten Peter Theide ha hipnotizado que José y su hijo Jesús trabajaron en su construcción. La profesión de José, como sea, debía permitir a su familia vivir con dignidad.

«Era justo»

Merece también un comentario la expresión que usa Mateo al definir a José: «era justo». El término hebreo «sadiq», explican los estudiosos, significa «hombre ejemplar», que respeta la Ley, un hebreo «practicante», observante, que poseía, por lo tanto, cierta cultura y que conocía tanto el hebreo como el arameo: la primera era la lengua clásica de Israel, la segunda era la que se usaba comúnmente en esa época. Una antigua tradición rabínica relaciona el oficio de «obrero», «constructor», con una formación especial, es decir con un conocimiento especial del texto bíblico y con una insólita capacidad para explicarlo. José, escribe Mateo, es un hombre «justo» y misericordioso. Al enterarse del embarazo de María, antes de recibir el mensaje de Dios en un sueño, decidió repudiar a su esposa, pero en secreto. No la repudia en público, no divulga la noticia del embarazo «ilegítimo». El ángel que se le aparece en un sueño, con su anuncio, arregla la situación.

Las palabras de Benedicto XVI

En una homilía que pronunció el Papa emérito en el convento en el que vive en el Vaticano, Benedicto XVI trazó un «perfil» de san José: «¿Por qué Dios eligió a José? Porque José era un hombre justo, pío. Pero también porque José era un hombre práctico. Por lo demás, se necesitaba un hombre práctico para organizar la fuga a Egipto, pero también para organizar el viaje a Belén por el censo, y para satisfacer todas las necesidades prácticas de Jesús». El 19 de marzo de 2006, Papa Ratzinger recordó la figura del santo del que lleva el nombre y subrayó que «la grandeza de san José, a la par que la de María, resalta aún más porque su misión fue desempeñada en la humildad y en el ocultamiento de la casa de Nazaret». En las primeras Vísperas de la fiesta de san José de 2009, Benedicto XVI trazó casi con estupor teológico la figura del santo: «San José lo manifiesta de manera sorprendente, él que es padre sin haber ejercido ninguna paternidad carnal. No es el padre biológico de Jesús, de quien solo Dios es el Padre, sin embargo él ejerce una paternidad plena y completa. Ser padre, sobre todo, es ser servidor de la vida y del crecimiento. San José demostró, en este sentido, una gran dedicación. Por Cristo conoció la persecución, el exilio y la pobreza que deriva. Tuvo que establecerse en un lugar diferente de su aldea. Su única recompensa fue la de estar con Cristo».

El «perfil» de Francisco  

El 19 de marzo de 2013, Papa Francisco celebró la misa para el inicio de su Pontificado. En la homilía, presentó a san José como modelo de educador, que custodia y acompaña humildemente a Jesús en su crecimiento. «José es ‘custodio’ porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad y, justamente por ello, es más sensible a las personas que se le confían, sabe leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que lo rodea y sabe tomar las decisiones más sabias En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la vocación de Dios, con disponibilidad, con prontitud, pero también vemos cuál es el centro de la vocación cristiana: ¡Cristo! ¡Custodiemos a Cristo en nuestra vida para custodiar a los demás, para custodiar la Creación!». Y significativamente, el próximo sábado 19 de marzo de 2016, fiesta de san José, será firmada la exhortación dedicada a la familia, documento que representa el camino de dos sínodos.

El «documento de identidad» del custodio

Con todo lo anterior, es posible concluir citando algunos rasgos del «perfil» de san José. Es un hombre justo y misericordioso, capaz de ver más allá de las convenciones sociales. Es un hombre silencioso y humilde. Está abierto a las «sorpresas» de Dios, a sus planes, aunque alteren la vida cotidiana. Es un custodio de la vida, permite que Dios se haga hombre, un niño inerme, «completamente dependiente de los cuidados de un padre y de una madre» (como dijo Papa Wojtyla en Belén en marzo de 2000); permite que crezca. Es capaz de ser padre de un hijo que no era suyo. Es un hombre práctico, capaz de escuchar la voz de Dios y de ponerla en practica, para tomar las mejores decisiones por el bien de su familia.

Via VI

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Escrito por Redacción

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