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José I. Calleja: «El compromiso social en la Iglesia no es algo secundario u opcional»

(José Ignacio Calleja).- En realidad, esto que sigue es una lectura inicial de la Instrucción Pastoral La Iglesia, servidora de los pobres (abril de 2015), acogida con gran afecto y compartida muy de cerca. El lector verá si le aporto alguna clave de lectura que le resulte significativa para implicarse más en la evangelización social y, en algún caso, para llevarla más allá de sus actuales orillas. Así entiendo yo el acoger una enseñanza eclesial con afecto.

Veamos:

Los nn 2-14, me parecen muy logrados en cuanto al tono moral y espiritual que adoptan; y me gusta la selección de hechos que nos presentan para hacernos cargo, cargar y encargarnos de la realidad social que nos interpela. Podían elegirse algunos otros, pero esta selección está muy bien para lo que se pretende.

En el n 15, los factores que explican esta situación, dice: «una crisis previa: «La negación de la primacía del ser humano», (y debió añadir desde el enunciado «negación de la primacía del ser humano por una economía del dinero a cualquier precio y, por ende, de la exclusión social de los sobrantes». Algo así, explicaría mejor la negación del ser humano pues, a secas, se presta a un uso etéreo del principio, aunque luego se explique sobradamente. Tanto más, cuanto que está muy extendida la idea de que «la crisis es moral», dicho como un eslogan apolítico).

En el n 16: Urge recuperar una economía basada en la ética y en el bien común. (Lo de recuperar es optimista al mirar al pasado. El presente es tan negativo que estamos mitificando el pasado del capitalismo).

En el n 19: «Entre nosotros, las causas de la actual situación, según los expertos, son la explosión de la burbuja inmobiliaria, un endeudamiento excesivo,…». (Comentario: Aquí había que haber profundizado más en la denuncia de por qué esa burbuja y no dejarlo sólo en un endeudamiento excesivo. Se ha querido evitar la discusión sobre las causas. Esto es muy benigno con los prestamistas de Europa y los Bancos españoles; muy benigno con el capitalismo de casino en cuanto tal. Queda muy corta la frase y se corresponde con el principio de las deudas se pagan. ¿Sí? ¿Todas son justas? ¿No hay que hablar de esto? ¿No había posiciones de privilegio al conocer, al facilitar y al decidir? No es fácil acordar las causas y su orden, lo reconozco).

En el n 23: el concepto ético de la dignidad humana, y a continuación, la cita de los pobres, queda con un vínculo tenue, sin la fuerza ética y política que debería tener aquí, y que en otros momentos adquiere.

 

 

En el n 26, el concepto de propiedad privada podía cobrar más fuerza como problema social, al ser, hoy, propiedad privada capitalista, acumulada en pocas manos de un modo y cantidad tan incontrolables, que de facto hace inviable el uso justo de este derecho. Además es el que más afecta a la Iglesia y al uso social de su patrimonio.

En los nn 27-30, muy bien haber presentado con esa fuerza la solidaridad, como alma de la justicia social, y cumplida la justicia, prolongada en el don y la comunión. Y algo obscura la cita de la caridad política como forma excelsa de la caridad. Noble y atinada la conexión de la defensa de la vida (n 28) con la exigencia de una legislación protectora de la infancia y la maternidad.

En el n 31, muy bien la llamada de atención para que el Estado no descargue su responsabilidad de justicia social en las instituciones privadas. Y debió tener más fuerza el contrapunto de que, por solidaridad con los más pobres, el Estado tiene que controlar la iniciativa civil de los más fuertes cuando, con apariencia de libertad democrática y de empresa, se hacen con un poder económico o cultural omnímodo. Ésta es en gran medida la situación internacional.

En el n 32, muy bien la expresión de un trabajo digno y estable; ahí es nada, y como forma destacada de caridad y justicia social; yo hubiera dicho, como forma absolutamente primordial.

 

En el n 33, al decir, «En la Palabra de Dios encontramos luz suficiente para ordenar las cuestiones sociales», se entiende, pero lo de suficiente suena pretencioso sin añadir en qué plano se mueve esta convicción. Los de las ciencias sociales pueden pensar que competimos en el mismo plano. Trenzados, sí, el mismo, no. Y muy bien decir que «la Iglesia es Caridad» como su Cristo.

En el n 34, al apelar a la conversión, la idea debería estar más expresada desde la primera línea como conversión al Evangelio del Reino, Buena Noticia de la Salvación para los pobres, y por ellos, para todos. La palabra conversión, a secas, se presta a usos muy espiritualizantes y tarda en conectarse a Dios y a Cristo por los pobres y a éstos, desde ese Dios samaritano, vaciado de sí, crucificado, y ahora sí, resucitado.

En el n 35, «El servicio privilegiado a los pobres está en el corazón del Evangelio… no sólo como destinatarios… sino como configuradores de nuestro ser y nuestro hacer». Amén. ¿Cómo decirlo mejor?

En el n 36, muy lograda y directa la teología del Dios cristiano para fundar en su Amor la vida cristiana, y el vínculo indisoluble y único de vida activa y contemplativa, de mística y política: evangelizadores con Espíritu.

En el n 38 prosigue con acierto y gusto exquisito la espiritualidad trinitaria del compromiso cristiano de la caridad y su conexión absoluta con la Eucaristía. Hermoso pasaje, y denso.

En los nn 39-40, «Entre la evangelización y la promoción humana existen lazos muy fuertes», un lugar clásico en la teología de la caridad… El compromiso social en la Iglesia no es algo secundario u opcional sino algo que le es consustancial y pertenece a su propia naturaleza y misión». Mil veces repetido y poco a poco, aceptado.

En los nn 41-45, «porque la Iglesia existe para evangelizar… y Si Dios es amor, el lenguaje que mejor evangeliza es el del amor… No podemos olvidar que la Iglesia existe, como Jesús, para evangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos y que, evangelizar en el campo social, es trabajar por la justicia y denunciar la injusticia. Nuestra caridad no puede ser meramente paliativa, debe de ser preventiva, curativa y propositiva…El acompañamiento es otra forma muy válida de presentar el Evangelio… y el recto ejercicio de la función pública representa una forma exquisita de caridad, … y, así, en el modo justo de gobernar, en la promoción de políticas fiscales equitativas, en propiciar las reformas necesarias para una razonable distribución de los bienes, en la efectiva supervisión de las instituciones bancarias, en la humanización del trabajo industrial, en la regulación de los flujos migratorios, en la salvaguardia del medioambiente, en la universalización de la sanidad y la educación… Tenemos, además, el reto de ejercer una caridad más profética. No podemos callar cuando no se reconocen ni respetan los derechos de las personas, cuando se permite que los seres humanos no vivan con la dignidad que merecen… La caridad social nos urge a buscar propuestas alternativas al actual modo de producir, de consumir y de vivir. (Comentario: A mi juicio, una parte muy lograda en la concreción de la caridad interpersonal y social o lucha por la justicia).

Y en los n 47: «El acompañamiento a las personas es básico en nuestra acción caritativa. Es necesario «estar con» los pobres – hacer el camino con ellos- y no limitarnos a «dar a»… Ya no se trata sólo de asistir y dar desde fuera, sino de participar en sus problemas y tratar de solucionarlos desde dentro. (Es un rosario de perlas prácticas, ¿qué decir?).

Y en el n 48: «La pobreza no es consecuencia de un fatalismo inexorable, tiene causas responsables. Detrás de ella hay mecanismos económicos, financieros, sociales, políticos… nacionales e internacionales… Los principales obstáculos para conseguirlo (removerlos) no son técnicos, sino económicos y políticos». (Aquí el texto está siguiendo la Evangelii gaudium de Francisco, y por eso mismo, es más directo en el juicio moral de las estructuras económicas de pecado; más directo con la perversión de las estructuras capitalistas que en otros pasajes).

Y en el n 49, para eliminar esas causas estructurales de las pobrezas, hay objetivos ya factibles e irrenunciables, como crear empleo digno, mantener y mejorar el Estado de Bienestar, la responsabilidad social de los mercados, el protagonismo de la sociedad civil y un Pacto Social contra la pobreza, aunando los esfuerzos de los poderes públicos y de la sociedad civil, las actitudes de vida más austeras y modelos de consumo más sostenibles, iniciativas de economía social y de comunión, el cuidado de la cooperación internacional y formación de la conciencia socio-política.

(Comentario: Es una buena relación de lugares sociales para mejorar nuestra convivencia, pero en términos de cambio de modelo social, de superación de las causas estructurales de la pobreza, es posibilista. Es como si el texto echara el freno político, finalmente; también digo que más por sentido común que por temor político; así lo creo; al final, la gente de Iglesia tenemos este punto insuperable de contención política, y más todavía, si un Episcopado lo refrenda. El paso dado, de todos modos, es muy importante).

Y prosigue, «Es preciso superar el actual modelo de desarrollo y plantear alternativas válidas sin caer en populismos estériles» (n 52). (Comentario: A este gran objetivo de fondo quieren apuntar esas medidas recién citadas. Debió reconocerse que son dos caminos de no fácil encuentro y que casi siempre siguen cursos políticos paralelos. La misma crítica del crecimiento debió tener en cuenta que un modelo social más justo, hoy y para todos, seguramente tiene que pensarse en clave de decrecimiento y postcapitalista en cuanto al alcance que en éste tiene ya la propiedad privada financiera, y la propiedad privada en cuanto tal; no tiene por qué significar lo mismo que negar la libre empresa y la competencia de mercado; mercado libre, según su alcance efectivo, sí; sociedad sometida a los mercados, no).

Y añade, «Es preciso dar paso a una economía de comunión, a experiencias de economía social que favorezcan el acceso a los bienes y a un reparto más justo de los recurso», dice el n 53, siguiendo a la Caritas in veritate. (Comentario: Lógico que se cite, pero ver ahí una alternativa, cuesta; no es un camino despreciable, todo suma, pero cuesta como alternativa social).

Y la caridad, toda ella, la interpersonal y la social, es y ha de ser obra al cuidado y responsabilidad de toda la comunidad eclesial (n 54), con todo el apoyo y cuidado, en formación y espiritualidad, que este voluntariado social requiere (n 55) (Comentario: Apuntes tan clásicos como necesarios y acertados). Dando prioridad absoluta a los procesos que crecen con cercanía y ternura hacia los pobres, y con dedicación y tiempo de los protagonistas para incluir a todos y cambiar a fondo la realidad (n 58). (¿Cómo no compartirlo?).

Y por fin, el n 50: la vida y la familia constituyen los pilares fundamentales y bienes inmateriales supremos de la vida social. (Comentario: Lógica esta reflexión, después de lo que se ha dicho sobre el ser humano y la dignidad que corresponde ver respetada y cumplida en todos). «Nos preocupan las desigualdades que sufren las mujeres en el ámbito familiar, laboral y social… Nuestras instituciones sociales deben movilizarse para asistir, acompañar y ofrecer respuestas suficientes a las mujeres que se encuentran en estas difíciles situaciones» (con tentación de abortar). (Comentario: Bien tratado el problema, con cercanía y auto-implicación).

Y conclusión, n 56, el genial y necesario, «pedimos perdón por los momentos en que no hemos sabido responder con prontitud a los clamores de los más frágiles y necesitados… Las víctimas de esta situación social sois nuestros predilectos».
Así de «pedagógica», por compañera de lectura, es mi aportación a esta Instrucción Pastoral, La Iglesia, servidora de los pobres. Dejo al lector de estas notas que saque sus consecuencias. No es difícil.

Buen camino a todos en este hacerse cargo, cargar y encargarse de la vida digna de todos, desde los más pobres y desvalidos del mundo. Así es Dios.

J. Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete
Vitoria-Gasteiz

 

Via RD

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