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Hacia una «nueva normalidad» en la vida religiosa

Debido a la pandemia de la COVID-19, la humanidad se ha descubierto frágil ante un virus que trasciende fronteras, poderío económico y fortaleza militar.  Los avances tecnológicos entre ellos los médicos quedaron insuficientes o saturados para acoger y tratar de forma eficiente a la población infectada.  La producción de insumos médicos se saturó debido a la masiva y rápida transmisión del virus sobre todo en la población adulta mayor.  Debido a las medidas de confinamiento, las capas sociales más vulnerables sufren hambre, desabastecimiento de alimentos, quiebra de múltiples negocios informales, empresas pequeñas y medianas, y para sorpresa de todos, hasta algunas empresas grandes colapsaron.   Las muertes se multiplicaron y los familiares no pudieron acompañar, despedir y hacer duelo de sus amigos y familiares en las últimas horas de existencia.  

 El capitalismo salvaje que basa su funcionamiento en el producir más allá del bienestar de los trabajadores y de la sociedad, centrado en la acumulación de capital en pocas manos, ha puesto en evidencia que es un sistema económico-social-ecológico que no brinda garantías frente a una emergencia mundial como la virus  mortal de la COVID-19 donde la mayoría de la población vulnerable quedó desprotegida para procurar su sustento alimentario, a buscar recursos por medio del trabajo y no recibir un tratamiento médico digno, humano, asequible y eficiente.   Otro problema que tiene conexión en muchos países es el sistema político y la corrupción que generan inestabilidad, falta de recursos y pobre o indiferente liderazgo para poder solventar la inestabilidad y la incertidumbre originada por la crisis mundial que se está padeciendo.

La pandemia develó que los valores y el estilo de vida reinantes que se promocionan en los medios de comunicación masivos no buscan una mayor humanización sino la vanidad, la soberbia reflejada en las reservas de armas de destrucción masiva, la relación cercana y a la vez alejada con los amigos y familiares por el alto uso de medios tecnológicos de información y recreación, el acaparamiento de bienes, la ley del más fuerte y la despiadada relación con la creación.   

Leonardo Boff, en su artículo titulado. Volver a la Normalidad es Autocondenarse, nos concientiza de buscar un nuevo horizonte civilizatorio, es decir, un nuevo paradigma político, económico y social que nos mueva ser humanos y humanizantes, a configurar una renovada relación con la creación: “Al final, pasaremos de una sociedad industrial/consumista a una sociedad de sustentación de toda la vida con un consumo sobrio y solidario; de una cultura de acumulación de bienes materiales, a una cultura humanístico-espiritual en la que los bienes intangibles como la solidaridad, la justicia social, la cooperación, los lazos afectivos, y no en última instancia la amorosidad y la logique du coeur (la lógica del corazón), estarán en sus cimientos.”

Todo lo anterior, hace que todo se tenga que repensar y recrear el actual estilo de vida, y a ello no escapa la vida religiosa, ya que volver a la normalidad del ritmo de vida y evangelización que se desarrollaba antes de la COVID-19 sería autocondenarse a morir lentamente en la llanura de la insignificación, del sin sentido, de la parálisis, del miedo y perdernos la oportunidad de caminar compaginadamente hacia la reconfiguración de un nuevo caminar mundial.   Es necesario un liderazgo consensuado que genere respuestas a las incertidumbres pastorales, misioneras, económicas, relacionales, espirituales, humanas, vocacionales y formativas que tienen y buscan muchos religiosos y religiosas que han caído en la incertidumbre, el miedo, la desestabilización no solo a nivel personal sino provincial y general.

Creo que la buscar soluciones y respuestas ante la crisis que generado la COVID-19 aún en la vida religiosa, nos impulsa a hacernos algunas preguntas dentro de otras como: ¿Cómo re-estructurar nuestras pastorales? ¿Cuáles directrices hay que tomar para la sostenibilidad económica? ¿Cómo contribuir con los padecimientos de los fieles a causa de la pandemia? ¿De qué se forma se puede generar una nueva dinámica de comunicación, trabajo y formación a través de los medios virtuales? Aún en medio de la crisis, ¿cómo fortalecer el encuentro con los hermanos, los fieles y el cuidado de la creación?  Teniendo en cuenta que la COVID-19 viene a consecuencia de la depredación de la creación, ¿cómo incluir decisivamente la conversión ecológica en nuestras formaciones iniciales y permanentes? y en la formación de los fieles?

Fray Manuel Alfonso Vargas Reales OFMCap.

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Escrito por Redacción

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