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General de los Frailes Menores es nombrado Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada.

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Fr. José Rodríguez Carballo, ofm, Ministro general de la Orden de Frailes Menores ha sido nombrado Arzobispo/Secretario de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica por su Santidad el Papa Francisco. El nombramiento se hizo público hoy a las 12.00 del mediodía.

Al nuevo Arzobispo le ha sido asignada la Sede titular Arzobispal de Bellicastrensem. En archivo adjunto transcribimos las Cartas Pontificias de su nombramiento, así como su curriculum vitae y las cartas que escribió Fr. José a toda la Orden y a las Hermanas Contemplativas franciscanas, y que se hicieron públicas después que el Vaticano ha dado a conocer la noticia. A nuestro hermano José le deseamos todo bien en el Señor. Nos alegramos por la confianza depositada por el Santo Padre en Fr. José y en la Orden franciscana, aunque sintamos que nos deje. ¡Felicidades Fr. José! Gracias por tu trabajo sin descano y sin pensar en ti. Gracias también en nombre de las Hermanas Clarisas y Concepcionistas franciscanas a las que tú cuidaste con verdadera solicitud. ¡Sigue acompañándonos con tu amor a la Orden, demostrado en estos años de incansable y fecundo servicio como Ministro general OFM! Cuenta con nuestro cariño y con nuestras oraciones. ¡El Señor, María Inmaculada y el Seráfico Padre san Francisco bendigan tu nuevo ministerio!

Conocida la grata noticia el padre Carballo a dirigido esta dos cartas:

A TODOS LOS HERMANOS DE LA ORDEN

Queridos hermanos: ¡El Señor os dé la Paz!

Cuando os llegue esta carta ya se habrá hecho público mi nombramiento de Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, por parte de Su Santidad el Papa Francisco. Quiero, en estos momentos, compartir algunos sentimientos con vosotros, mis queridos hermanos.

El primer sentimiento de inmensa gratitud va al Padre de las misericordias por la bondad que me ha manifestado durante todos estos años. Desde las entrañas maternas me eligió y me llamó. Me dio el regalo de unos padres, Ángel y Celia, a los que no solo debo la vida, sino también una educación en la fe, lo que permitió que, desde muy joven, me sintiese llamado a la vida franciscana y sacerdotal y que me permitió responder con gran entusiasmo y generosidad a dicha llamada. Ellos, con su ejemplo de trabajo y de amor por el Señor, me sostuvieron siempre en este camino y fueron verdaderos formadores en el seguimiento de Cristo. A ellos se unieron mi hermana, mi cuñado y mis sobrinos, a los cuales debo tanto en mi vida humana, franciscana y sacerdotal. Más tarde, desde cuando tenía diez años y medio, el Señor me dio los hermanos franciscanos que me acogieron y me formaron, primero en mi Provincia de origen, Santiago de Compostela, y luego en la Custodia de Tierra Santa. Los hermanos de mi Provincia me mostraron su confianza al asignarme oficios de gran responsabilidad, principalmente en el campo de la formación y de gobierno, luego los hermanos de la Orden harían otro tanto, eligiéndome Definidor, Secretario general para la Formación y los Estudios, y Ministro general. Y en todo este tiempo no dejé de sentir la mano del Señor que me protegía y la confianza de los hermanos que no vino a menos, a pesar de mis debilidades. Por todo ello no cesaré de agradecer al Señor su bondad y misericordia para conmigo.

Un gracias particular quiero dar a los hermanos que me han formado, muchos de ellos ya en la casa del Padre, y a aquellos con los cuales he compartido responsabilidades de animación y de gobierno, primero en mi Provincia y luego en la Orden. Gracias a ti, querido hermano Giacomo Bini por tu cercanía y tu amistad, en estos años. ¡De ti aprendí tanto! Gracias a vosotros hermanos Definidores del primer o segundo sexenio de mi servicio como Ministro. Con vosotros no me resultó difícil colaborar. Siempre habéis sido comprensivos con mis limitaciones y siempre confiasteis en mí. Gracias a mis secretarios particulares, principalmente a Fr. Francisco Javier Arellano, fiel hermano y colaborador, y a los hermanos de la Curia general, sin los cuales me hubiera sido imposible la animación y gobierno de la Fraternidad universal. Gracias a vosotros hermanos todos de la Orden. Con vosotros he sufrido y con vosotros he gozado. Con vosotros he sobrellavado las fatigas y las alegrías de nuestra vida. ¡Qué gran alivio ha sido para mí saberme acompañado de los casi 15.000 hermanos de la Orden! Tal vez haya sido mucho lo que os he dado en estos 10 años de Ministro y 6 de Definidor y Secretario para la Formación y los Estudios, pero ciertamente mucho, muchísimo más, ha sido lo que de vosotros he recibido. ¡Gracias de verdad! ¡Habéis sido para mí un gran regalo, un gran don! Ahora que me separo temporalmente de vosotros, os lo suplico, besándoos los pies, seguid siendo para mí soporte y bendición con vuestra oración y con el don de vuestra fraternidad y amistad.

Con la acción de gracias no puedo menos de reconocer mis limitaciones. Si es verdad, y lo es, que al que mucho se le dio mucho se le pedirá, en estos momentos siento más fuerte que nunca el peso de mis debilidades, por lo que pido perdón. Primero a Dios, que me ha de juzgar y que me conoce mejor de lo que yo me conozco a mí mismo, y luego a vosotros, mis queridos hermanos a los que prometí servir desde la lógica del don sir reservas. Perdonadme cuantas veces os haya podido ofender. Poniendo mi vida ante el Señor os puedo asegurar que nunca he querido faltaros y que nunca he querido caer en favoritismos. Si la humildad es la verdad, os puedo asegurar, con gran humildad, que siempre y en todo momento he intentado el bien de la Orden, sin pensar en mí ni en lo que pudieran decir unos y otros. También confieso que siempre he intentando hacer yo mismo lo que os pedía que hicierais. Si no lo he logado, me confío a la misericordia del Señor y a vuestra fraterna comprensión.

En estos momentos siento en mi corazón un doble sentimiento: de alegría y de tristeza. Alegría porque el Señor sigue confiando en mí y porque el Santo Padre, mi “Señor Papa” Francisco, me confía una gran responsabilidad al servicio de la vida religiosa y consagrada, signo también de su confianza en mi persona y en la Orden. Tristeza porque os voy echar de menos, mis queridos hermanos. Me vais a faltar. Me faltará vuestra compañía en la oración, en el recreo, en las comidas, en todo momento. Me faltarán vuestros sabios consejos y vuestra mano tendida en cualquier necesidad. Os voy echar de menos… Me consuela que seguiré trabajando por la vida que amo, porque es la mía: la vida religiosa y, por lo tanto, también por la vida franciscana. Sentidme a vuestro servicio. En cualquier ocasión que lo consideréis conveniente no dudéis en recurrir a mí y, dentro de mis limitadas posibilidades, me encontraréis disponible, aunque solo sea para caminar con vosotros.

Mi ordenación episcopal está prevista para el 18 de mayo, víspera de Pentecostés. Será en Santiago de Compostela. Me ordenará Su Eminancia el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de Su Santidad. Me gustaría ese día teneros a todos físicamente conmigo. Sé que no es posible. Por ello os pido un recuerdo en la Eucaristía y en vuestra oración. La necesito. Orad por mí, como yo oro por vosotros.

Es mi última carta firmada como vuestro Ministro y siervo. Con ese sentimiento, y con profunda emoción, os bendigo en el Seráfico Padre.

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Ministro general, OFM

 

A todas las Hermanas Clarisas y Concepcionistas Franciscanas

 

Mis muy amadas Hermanas Clarisas y Concepcionistas Franciscanas: Vuestro hermano José os desea salud y paz (cf. 5CtaCl 1).

Como seguramente muchas de vosotras ya sabréis, Su Santidad el papa Francisco me ha nombrado Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica. Quiero, en estos momento importante de mi vida, compartir algunos sentimientos con vosotrAs, mis queridas hermanas contemplativas.

En mi corazón se entremezclan sentimientos de alegría, tristeza y temor a la vez. Alegría por la confianza que el Señor, a pesar de mis muchas debilidades, sigue poniendo en mí. Alegría porque el Santo Padre confía en la Orden y en mí, poniendo en mis manos una gran responsabilidad en la animación de la vida religiosa y consagrada en la Iglesia. Tristeza porque me veo obligado a vivir separado de mis hermanos, aunque solo sea temporalmente. Temor porque no sé lo que esa nueva responsabilidad va a requerir de mí y no sé si estaré a la altura de la circunstancia. A pesar de la tristeza y del miedo que siento he aceptado el nombramiento porqué “sé de quien me he fiado” (2Tm 1, 12), palabras que he escogido como lema episcopal. También lo he aceptado porque cuando hice el voto de obediencia he prometido, como Francisco, “obediencia y reverencia” al señor Papa (2R 1, 2). Desde la fe, acepto este nombramiento como un “don” que me hace el Señor y la Iglesia, y en actitud de “restitución” intentaré vivirlo desde la lógica del don sin reservas.

Mirando hacia atrás, sólo puedo confesar que el Señor ha sido bueno conmigo (cf. Sal 125, 3) y su misericordia y su amor hacia mí han sido sin límite. Por ello quiero hacer mías las palabras del salmista cuando confiesa: “Cantaré eternamente su misericordia” (Sal 88, 1). Con María, la “virgen hecha iglesia” proclamo la grandeza del Señor, porque miró mi pequeñez (cf. Lc 1, 48) y con la Hermana Clara agradezco al Señor el que me haya pensado, amado y llamado a la vida y a la vida franciscana.

Mi gratitud va también a vosotras, mis queridas hermanas Clarisas y Concepcionistas. Mucho ha sido lo que hemos trabajado juntos en estos años. Grande es la ayuda recíproca que nos hemos dado. Enorme el cariño fraterno que nos profesamos. Por mi parte he intentado ser fiel a la promesa de san Francisco a Santa Clara (RCl 6, 3-4) y a la responsabilidad histórica que adquirimos con el carisma concepcionista franciscano. A unas y otras he intentado prestaros “cuidado” y “solicitud” de hermano. Vosotras habéis respondido con una generosidad sin reservas y hoy me siento deudor de tanto amor y cariño como me habéis dispensado en estros 10 años de servicio como Ministro de la fraternidad universal y sucesor del Seráfico Padre san Francisco. Gracias hermanas.

Mi ordenación episcopal está prevista para el día 18 de mayo, víspera de Pentecostés. Os ruego, por el amor de Dios y “besándoos los pies”, que ese día os unáis a mi en la oración.

Mis amadas Hermanas en el Señor: Ya no os escribiré las cartas que os escribía todos los años, ya no os visitaré como lo hacía cada vez que visitaba a los hermanos en las distintas Entidades. Pero sabed que donde quiera que esté, haga lo que haga, os llevaré siempre en mi corazón y contad con mi ayuda fraterna. Creo firmemente en la actualidad de vuestro carisma franciscano, clariano y concepcionista. Creo en la importancia y necesidad de vuestra misión de contemplativas en la Iglesia y en el mundo. Creo en vosotras, pues sé santidad que se esconde entre los muros de vuestros monasterios. Contad conmigo como yo cuento con vosotros.

Ahora que el Señor me llama a asumir otras responsabilidades en bien de la Iglesia y de la vida religiosa y consagrada, vengo, en cuanto mendicante, a pediros encarecidamente que sigáis orando por mí. Necesito de vuestra oración, como la he necesitado hasta ahora. Sigamos unidos en el afecto fraterno y en la oración.

Siendo esta la última carta que os dirijo como Ministro y siervo, con profunda emoción, os bendigo en el Seráfico Padre.

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Ministro generale, OFM

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