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Fray Rodriguez Carballo: «Sin fraternidad no hay ecología»

Francisco de Asís estaba convencido de que los bienes y la tierra eran una herencia común a todos los hombres. En este sentido, no admitía el uso de los mismos reservado sólo a pocos: para él el rico y el pobre tenían la misma dignidad por ser hijos del único Padre. ¿En qué medida está reflejada esta visión en la Laudato si’? Se lo hemos preguntado al arzobispo José Rodríguez Carballo, ex ministro general de los Frailes Menores y desde 2013 secretario de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica.

¿Por qué el Papa eligió a Francisco de Asís como inspirador de la encíclica?

En una encíclica sobre el cuidado de la casa común, el Pontífice no hubiese podido inspirarse en un modelo que nos

motivara mejor. Hablando de ecología, el poverello es para los cristianos en general —en particular para el Papa Francisco—, y también para muchos que no son cristianos, no sólo el «santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología», sino «el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad». De hecho, él vivió en cada momento una relación armoniosa con Dios, con los demás, especialmente con los más pobres, con la naturaleza y consigo mismo. Esta relación es verdaderamente el corazón de la ecología integral, objeto de laLaudato si’. San Francisco es para nosotros un auténtico maestro en la atención a los más pobres y abandonados y a la creación, para descubrir en todo al Señor.

¿De dónde nacía su visión?

Puesto que todo tiene origen en el Creador, todo para san Francisco era «hermano» y «hermana». Y como todo es «sacramento» e imagen del «Altísimo, omnipotente, buen Señor», ya que todo de Él «lleva significación» —como afirma en el Cántico de las criaturas—, él trataba todo con sumo cuidado y reverencia. Y todo se incorporaba en la alabanza al Señor. Con una vida marcada por lo esencial, con la libertad de quien vive sin nada propio y con una existencia abierta a la trascendencia, a los demás y a la creación, san Francisco nos pone en guardia de un comportamiento dominado por un narcisismo estéril y patológico, que nos lleva a destruir la creación e ignorar el mandato que recibió el hombre de cuidar de ella, custodiarla, asistirla y protegerla. Un mandato que exige una atención especial a quienes tienen igual dignidad, los más pobres, los últimos, sobre quienes el Señor nos pedirá cuentas, como le pidió cuentas a Caían de su hermano Abel. Como destaca el Papa en la encíclica y en muchos de sus discursos, la actualidad de Caín lamentablemente es evidente. Hoy, como entonces, nos comportamos como quienes no acogen a los hermanos, promoviendo la cultura del descarte. Por otra parte, nuestra relación con la tierra es la de quien se siente poderoso dominador, consumidor insaciable o explotador sin escrúpulos de sus recursos; y nuestra relación con el medio ambiente es el de quien no tiene frenos ni conoce límites, sin preocuparse de la casa común y de quienes vendrán.

Nicola Gori

L’Osservatore Romano

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Escrito por Redacción

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