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Francisco, repara mi casa. Una relectura. Primera parte.

Comenzamos hoy con la publicacion de un ensayo sobre uno de los puntos centrales del carisma franciscano. Cada lunes ofreceremos una nueva entrega. Esperamos sea util.

Paz y Bien!

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I. Francisco. Ida y vuelta.

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Aunque no parezca los tiempos de Francisco de Asís y los nuestros son muy similares. Aun cuando nos separan mas de 800 años.

Tiempos de cambios tecnológicos y sociales aquellos y tiempos de cambios sociales y tecnológicos estos.

En aquellos años aparece en Europa el molino de viento que simplificara notablemente el proceso de la molienda. También se populariza el uso de la brújula y aparece un nuevo tipo de arma que cambiara el curso de las batallas: la ballesta.

Las primeras catedrales góticas comienzan a surgir en el horizonte sorprendiendo a todos con sus dimensiones y magnificencias.

El “imperio del dinero”, del que hablaremos mas adelante, se encuentra con un aliado fundamental, los números arábigos.

Hasta entonces las operaciones aritméticas eran muy complicadas debido a que se hacían con el sistema de notación romano. Esto hacia que el llevar un registro de compras y ventas o de asignar un valor a un bien era tarea de unos pocos especialistas. A medida que se fue extendiendo el uso de los números arábigos (los que hoy usamos en todo occidente) la costumbre de asignar a todo un valor dinerario fue cada vez mayor.

Pero no solo se popularizo el poner “precio” a los bienes y servicios sino que todo se convierte en un elemento “comerciable” en dinero.

La palabra dada en un determinado contrato, que antes era sagrada, ahora puede ser rota pagando una “clausula” en dinero. Cuestión que permanece hasta nuestros días en todos los contratos mercantiles y de todo tipo, son las llamadas “clausulas penales”.

Ya era conocida la posibilidad de poner precio a una vida, el mismo Jesus fue entregado por “treinta monedas de plata” (Mt. 26,15), pero ahora también se evidencia que la libertad de las personas tiene un precio en dinero. El propio Francisco, prisionero en Perusa, es liberado luego de que su padre pagara el rescate (TC 4).

Y como ejemplo final, la propia Iglesia, comienza a poner precio al perdón, al acceso a la Vida Eterna, se comienza a regular el precio de las indulgencias.

Estos cambios produjeron una profunda transformación social, aparecieron nuevas clases, como los comerciantes, y estas derivaron en todo un nuevo abanico de relaciones sociales.

En ese entorno la Iglesia quedo al borde de la ruina debido a sus actitudes mundanas y materiales, su interés por las cosas de la tierra mas que por las del cielo.

El Espíritu Santo suscito entonces un hombre “nuevo”. Francisco, un joven de condición acomodada pero comprometido con su entorno social, basta recordar que probablemente participo en la toma de la Rocca en 1199, y con seguridad en la guerra con Perusa en 1202, surge como un faro de luz, como un “nuevo sol” (Dante, Divina Comedia, Paraíso, Canto XI, ver 28 y ss)

En nuestros años la aparición de múltiples innovaciones tecnológicas es evidente. La “economía de mercado” que a todo le asigna un precio, se yergue como el verdadero poder global.

Los medios de comunicación masiva (radio, TV, Internet) nos crea la falsa idea de que estamos “informados” de que conocemos mas cosas pero la realidad es muy diferente de eso.

Es cierto que tenemos un amplio acceso a la información pero el contenido de dicha información esta ciertamente condicionado por los poderes de turno y los intereses del mercado.

 La aparición de las llamadas “redes sociales” en internet nos crea la ilusión de que somos mas sociales, de que tenemos mas amigos, de que somos mas queridos, pero en realidad nos ha quitado, en muchos casos, el contacto personal con esos amigos, el contacto físico, la inmensa riqueza de un contacto hablado y personal, del poder estrechar una mano o un abrazo.

Como tenemos mas información y estamos mas “conectados” con nuestros amigos y seres queridos, permanecemos mas tiempo “enfrascados” en nuestra propia realidad, hemos perdido la capacidad de “ver” al que camina a nuestro lado, al que se sienta junto a nosotros en el transporte publico, al que vive en el piso de enfrente.

Con la aparición de la publicidad las empresas han encontrado la forma de hacernos creer que, sin determinados productos y servicios, nuestra vida es vana, inútil, infeliz. Esto, entre otras cosas, ha llevado a que busquemos constantemente un falso “estado de bienestar”. Buscamos tener artículos y servicios que NO necesitamos. Entramos entonces en un circulo vicioso donde las empresas producen mas de lo que realmente se necesita, agotando recursos innecesariamente, para que los consumidores compremos cada vez mas con dinero que no tenemos, dinero que pedimos prestado endeudandonos y que nos lleva a trabajar cada día para pagar esas cosas que no necesitábamos.

Este sistema perverso, este “imperio” del dinero, del consumismo y del capitalismo salvaje esta haciendo estragos en el mundo. Precisamente porque esos recursos que se consumen innecesariamente son arrebatados de los verdaderos destinatarios: todos los seres humanos del planeta, TODOS, no solo los que pueden pagar por ellos.

En estos momentos, según varias organizaciones, incluyendo las Naciones Unidas, mas de 4000 millones de personas (el 60% de la población mundial) vive en la pobreza. 448 millones de niños en el mundo sufren desnutrición y todos los días mueren 30.000 de ellos (uno cada CUATRO SEGUNDOS) por causas evitables.

1000 millones de personas no tiene acceso al agua potable cuando en buena parte de occidente estamos acostumbrados a tomar baños de media hora debajo del grifo.

Estas consecuencias sociales tan negativas se deben a la aplicación y desarrollo de décadas de un sistema económico basado en la desigualdad y el individualismo.

En lo referente a la Iglesia, al final del pontificado de Juan Pablo II, el estallido de los escándalos de abusos sexuales y de corrupción, generaron una crisis de proporciones que fue afrontada con mucha valentía, aunque con muy mal marketing, por Benedicto XVI, pero provoco una enorme desazón, desesperanza y repudio en propios y extraños.

En este contexto cuando la noche del 13 de marzo escuche que el nuevo papa había escogido el nombre de FRANCISCO, mi emoción fue incontenible. Sus primeros gestos de humildad, de voluntad de servicio, me invadieron como una brisa fresca en el atardecer de un bochornoso día de verano.

Mi esperanza se acrecentó cuando, unos días después, el papa Bergoglio, confirmo que había elegido ese nombre por el santo de Asís y remarco que quería “una Iglesia pobre y para los pobres” (Encuentro con representantes de los medios de comunicación, 16-3-13)

Los “signos de los tiempos” están a la vista. Tiempos convulsos aquellos, tiempos convulsos estos, un Francisco en aquellos y un Francisco en estos.

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La próxima semana entraremos en tema e intentaremos descubrir que «casa» le pidio Cristo a Francisco que reparara.

Paz y Bien!

Gabriel Lopez Santamaría, ofs

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Escrito por Redacción

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