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Francisco ordena la detención del obispo pedofilo.

El arresto del ex-nuncio en la República Dominicana. «Un expediente impresionante»; así nació el parteaguas de Papa Francisco, que comparó el abuso contra menores con el sacrilegio de las misas negras

«En Argentina decimos de los privilegiados: “este es un hijo de papá”», pero para los que se cometan este delito «tan feo», el abuso de menores, «¡no habrá privilegios!». Dicho y hecho. Papa Francisco, el pasado 26 de mayo durante el vuelo de regreso de su viaje a Tierra Santa, comparó la violencia de un sacerdote en contra de un niño con una «misa negra», un verdadero sacrilegio. Y ayer por la tarde, con el clarmoroso arresto en el Vaticano del ex-nuncio apostólico en la República Dominicana, el antes arzobispo Józef Wesolowski, que había sido condenado y reducido al estado laico por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Papa demostró que está actuando con coherencia.

Ningún privilegio ni siquiera para quienes integran la “cúpula” clerical, pues ahora se encuentra sin libertad un ex-arzobispo que tenía inmunidad diplomática. Hace dos años hubo otro arresto sorprendente, el del mayordomo de Benedicto XVI, el laico Paolo Gabriele, el “cuervo” de los “vatileaks”, que vivía muy cerca del Pontífice y fotocopiaba su correspondencia. Esta vez, en cambio, le tocó a un alto prelado, y se trata de una señal de un cambio histórico: las instituciones de la Santa Sede deben asumir todas sus responsabilidades y actuar «con el rigor adecuado y necesario», sin usar el “guante blanco de terciopelo” con quienes tiene nel pasaporte vaticano o visten la túnica roja. Si no hubiera abandonado el país, Wesolowski habría sido arrestado en la República Dominicana. Considerando la gravedad de los delitos y de las pruebas en su contra (pues el ex-nuncio “comparba” favores de chicos en una playa), el ex-nuncio no podía seguir en libertad por las calles de Roma.

Se dice que Papa Bergoglio, hace algunos meses, quedó muy impresionado al leer el expediente del caso Wesolowski. «Un sacerdote que hace esto traiciona el cuerpo del Señor, porque este sacerdote debe llevar a este niño, a esta niña, a este chico, a esta chica, hacia la santidad; y este chico, esta niña confía, y él, en lugar de llevarlo a la santidad, abusa de ellos. ¡Es gravísimo!».

Lo que sorprendió profundamente a Francisco fueron las narraciones de las víctimas de los sacerdotes pederastas de Alemania, Irlanda y Reino Unido: a ellos dedicó toda una mañana, el pasado 7 de julio, y se reunió con cada uno de ellos personalmente. Una mujer que fue violada cuando era niña le dijo: «Sí, ustedes reducen a estos sacerdotes al estado laico, pero después de haber dejado el hábito y la Iglesia, ¿quién los vigila?». Palabras que seguramente quedaron impresas en la mente de Francisco. Después del proceso canónico y de la reducción al estado laico, el ex-arzobispo polaco tenía que pagar por sus crímenes y ser sometido a un proceso penal en “su” Estado, el de la Ciudad del Vaticano, cuyo nombre se encuentra grabado en la portada roja de su anterior pasaporte. Francisco no quiso ningún privilegio para él.

En la lucha en contra del fenómenos de la pederastia clerical, sobre todo frente a todos los ocultamientos de las últimas décadas, Papa Bergoglio prosiguió con la obra que puso en marcha con gran valentía y determinación Benedicto XVI. En 2010, en plena tormenta por los casos descubiertos en diferentes países, que escandalizaron a no pocos sectores de la Curia, Ratzinger dijo que «la mayor persecución de la Iglesia no viene de enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia».

Via VI

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Escrito por Redacción

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