in ,

Francisco de Asis: Ternura y Vigor (II)

Seguimos metiéndonos dentro de la dimensión liberadora en Francisco de Asis. Esto intenta ser sólo una mirada más, sólo una forma de abordar la vida de uno de los Hombres, una de las figuras más impresionantes de todos los tiempos.
¡Es tanto lo que tenemos para sacarle jugo a la vida de San Francisco!… nosotros les proponemos explorar por acá, de la mano de Leonardo Boff (Franciscano de pura cepa), desde su libro «Francisco de Asis: Ternura y Vigor».

FRANCISCO, HOMBRE LIBERADOR

Uno de los valores globales vividos por Francisco, junto a la pobreza y minoridad, es la paz. No pasa ingenuamente por el mundo; sabe que él constituye la regio dissimilitudinis, «región de desigualdades», como él mismo lo llama, y que detrás de esas desemejanzas se camuflan las injusticias y las violencias. Especialmentela propiedad mantiene estrechas vinculaciones con la violencia o la pérdida de paz y tranquilidad del corazón. El obispo Guido juzgó oportuno advertir a Francisco sobre la dureza de su vida a causa de la renuncia a toda clase de bienes; Francisco respondió con realismo: «Señor, si tuviéramos bienes, necesitaríamos armas para defenderlos. Y de ahí surgen los litigios y las contiendas que de muchas maneras impiden el amor de Dios y del prójimo. Por lo tanto, no queremos tener nada propio en este mundo» (Leyenda de los Tres Compañeros, 35).
El saludo que los hermanos llevan por el mundo es «Paz y Bien«. Y siempre que Francisco comienza su predicación invoca la paz, diciendo: «El Señor les dé paz«. A toda la Orden encomienda una verdadera «misión de paz» (legatio pacis). Exige a los hermanos una actitud de paz irrestricta, hasta el punto de recomendarles: «A todo aquel que se les acerque, sea amigo o enemigo, ladrón o salteador, recíbanlo con bondad» (1 Regla, 7). En una sociedad turbulenta como la suya, en la que pululaban los bandidos y salteadores entre una y otra ciudad, semejante actitud no podía menos de parecer audaz y revolucionaria. Más aun: «La paz que anuncian de palabra deben tenerla antes en sus corazones. Que nadie sea provocado por ustedes a la ira o el escándalo, sino que todos, por vuestra mansedumbre, sean llevados a la paz, la benignidad y la concordia. Pues para esto han sido llamados» (Leyenda de los Tres Compañeros, 58).
Lo que se pide, por lo tanto, es que los hermanos sean actores de liberación de las rupturas y odios entre los hombres. Francisco mismo se tomó muy en serio esta misión de mediador, es decir, se comprometió con la paz como un auténtico liberador en diversas ocasiones en Perusa, Bolonia, Arezo, Siena y Asís. Conocida es, especialmente, la reconciliación entre el obispo de Asís y el podestà lograda por Francisco, ocasión en que agregó al «Cántico de las criaturas» una estrofa alusiva a esa circunstancia: «Loado seas, mi Señor por los que perdonan por tu amor y soportan las injurias y la tribulación. Bienaventurados quienes perseveran en la paz, porque serán coronados por ti, Señor».
No menos famosa es la mediación de Francisco ante el sultán Melek-al-Kamil, con ocasión de las Cruzadas. En junio de 1219 se reúne con los cruzados en Damieta; observa la violencia reinante e intenta sin éxito impedir la continuación de la guerra, asistiendo a la completa derrota de los cristianos. Pero sus esfuerzos por lograr la paz valieron la pena. Enseguida, sin ninguna defensa, se presenta a cara descubierta ante el ejército musulmán y es llevado ante el sultán. El hecho está envuelto en leyendas; pero Francisco causó un profundo impacto en el sultán gracias a su simpatía, tolerancia, respeto y amor por la paz. La libertad de los hermanos para poder ir y venir y custodiar los lugares sagrados de Palestina está ligada a este gesto pacificador y de no violencia iniciado por el Fratello.
En relación con los grupos heréticos, también ellos pobres y evangélicos como Francisco, pero contestatarios frente a la institucionalidad de una iglesia poderosa, guerrera y rica, el Poverello se comportó con sumo respeto y discreción. Estos herejes abundaban en Asís, Espoleto y otras ciudades vecinas y llegaron hasta infiltrarse en el movimiento franciscano. En los escritos de Francisco se alude a ellos de una manera indirecta, como medida para protegerse contra ellos; nunca los ataca, pues no quiere destruir posibles puentes enfrentándolos armado, de acuerdo con la política de la época.
Esta misma actitud creadora y promotora de paz la vive con los animales. Libera a los pájaros enjaulados, a la oveja llevada al matadero y se indigna con quienes maltratan a estas criaturas de Dios.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Redacción

Francisco de Asís: Ternura y Vigor (I)

“Los pobres no son perfectos, pero son los preferidos de Dios y los quiero»