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Frailes Pobres: Un motivo de esperanza.

La historia de los Frailes Pobres (Frailes y Hermanas pobres de Jesús y Maria) apenas se ha empezado a escribir (tienen solo 16 años de fundación) y esta regada de muchas luces y algunas sombras, pero quien no las tiene…

Cuando los conocí por internet me despertaron inmediatamente simpatía. Visten un habito sencillo y basto, los hombres llevan la tonsura en el pelo, al estilo de Francisco de Asis y las mujeres un velo que recuerda a aquellas que seguían a Jesus por los caminos de la Tierra Santa. Son pobres, no tienen nada propio y en el periodo estival salen a recorrer los caminos haciendo auto-stop.

Hace unos días me entere que un grupo venia a España y quise conocerlos personalmente.

Los recogí en la casa de las Hermanas Concepcionistas donde habían pasado la noche. Luego de hacerse unas fotos con ellas -les encanta hacerse fotos, por momentos parecen turistas japoneses, pero luego fray Michael me explico que lo hacen para «documentar la misión» – les dije que nos poníamos en camino. Mi primer sorpresa llego cuando vi que me seguían hacia el coche sin ninguna maleta, bolsa o mochila. !Estos tres hermanos habían salido de Sicilia, en Italia, hace varios días sin nada mas que lo puesto!

El grupo esta formado por Fray Michele y Rosario, un joven que esta haciendo el postulantado y lleva un escapulario sobre su camiseta en lugar del sayal que lleva fray Michele, y Sor Sara, una joven mexicana que lleva cuatro años en la comunidad de hermanas de Cremona, al norte de Italia.

Sor Sara, Fray Michele y Rosario en la iglesia de la Santa, en Avila
Sor Sara, Fray Michele y Rosario en la iglesia de la Santa, en Avila

Querían ir a Avila para visitar los lugares de Santa Teresa así que nos pusimos en camino. Durante la hora que duro el viaje, fray Michele, me explico a que su carisma es una fusión «entre lo franciscano y lo carmelita» y que su principal misión es «acercar a la gente a los sacramentos».

«Salir a los caminos y hacer auto-stop nos permite conocer a mucha gente y aprovechamos para evangelizarlos y hablarles de la importancia de la Confesión y la Eucaristía» continuo.

Me intereso saber como había descubierto su vocación y porque había elegido una comunidad tan poco «tradicional» en lugar de los frailes menores o cualquiera de las otras ordenes ya instituidas. Me explico que «al igual que las semillas de la parábola del sembrador, cada quien da fruto de distinto modo y cada parte del cuerpo de la Iglesia (San Pablo) es fundamental. No podemos ser todos ojos, o brazos o piernas. El cuerpo de la Iglesia necesita de cada miembro y nosotros, como dice nuestro fundador, somos como la sangre que se mueve y circula por todo el cuerpo. Pero si no estuviésemos dentro del cuerpo, contenidos por el cuerpo (la Iglesia) nos derramaríamos y nos perderíamos». 

«Luego de algunos años de discernimiento y de buscar que quería el Señor para mi vida, me fui a Assisi y allí me encontré con los frailes pobres. Pedí con ellos y comimos lo que nos dieron. Luego de un par de días decidí seguirlos hasta Fatima. Compre una Biblia y unas sandalias en Assisi y deje todas mis pertenencias allí»…  Tenia entonces 28 años, hoy tiene 38. Diez años después es difícil encontrar un momento en que no sonría.

Llegamos a Avila y la primer parada fue la Catedral. No se porque pero en lugar de pagar las entradas se me ocurrió decirle a la mujer que estaba en la taquilla si podía dejarnos entrar gratis… y nos dejo! Visitamos la catedral, se hicieron algunas fotos y seguimos hacia la iglesia de la Santa. La atracción que despiertan en la gente que los ve es asombrosa. Todos se acercan, les preguntan quienes son, los saludan, les piden oración…

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A la hora de comer, otra vez gracias a la Providencia, acabamos en la casa de los Frailes Menores (gracias Fray Salva por la hospitalidad), comimos y nos mostraron el convento y la iglesia de la Virgen de la Portería.

De izq. a der.: Quien escribe, mi hijo, Sor Sara, Fray Michele, Fray Salva OFM y Rosario
De izq. a der.: Quien escribe, mi hijo, Sor Sara, Fray Michele, Fray Salva OFM y Rosario

Los hermanos querían ir a Segovia para rezar en la tumba de San Juan de la Cruz así que nos pusimos otra vez en camino.

Al llegar a Segovia los dejé junto al acueducto con un sabor agridulce. Me daba una cierta intranquilidad dejarlos allí, sin saber donde dormirían esa noche o como llegarían a Salamanca, su próximo destino.

Nos saludamos fraternalmente y nos despedimos con la promesa de volver a vernos.

Al volver a casa mi hijo Francisco, de siete años, que nos había acompañado durante todo el día me dijo con aire serio «papa que injusticia que estos frailes sean tan pobres ¿no?» Le explique que no era una injusticia, que ellos habían elegido voluntariamente ser pobres para, en palabras de Michele, «hablar de igual a igual con los pobres». Me miro con cara de espanto… «eligieron ser pobres?! Como van a elegir ser pobres… yo quiero ser rico!»

Me quede mirándolo sin saber que más decir pero con esperanza. En este mundo que nos vende todo el tiempo la idea de la riqueza, del tener por sobre el ser. En esta sociedad manipulada y manipuladora, fabrica de «descartes» humanos, aún es posible encontrar testigos del Evangelio. Hombres y mujeres entregados a la Providencia recorriendo los caminos.

Mi hijo los conoció hoy y su ejemplo dará fruto en él al cabo de los años. Esa es mi esperanza.

Paz y Bien!

 

 

Gabriel

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Escrito por Redacción

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