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Formación permanente del CIOFS. Noviembre

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SECCION I: TEMA MENSUAL

Tema 11: ¿Quién tiene la misión de evangelizar? (EN nº 59-74)

Comentarios, citas y preguntas por Ewald Kreuzer, OFS

«Evangelizar no es para nadie un acto individual y aislado, sino profundamente eclesial«, explica el Papa Pablo VI en su Exhortación Apostólica: Evangelii nuntiandi (n.60). Como miembros de la Iglesia cada uno tiene una función específica: el Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos, así como los laicos. La misión particular que los franciscanos seglares tienen fue discutida intensamente durante nuestro XIII Capítulo General en Sao Paulo, Brasil, entre el  22 y el 29 Octubre, 2011. Todos los documentos importantes serán compartidos con ustedes en nuestro sitio web y en las fichas mensuales de formación en el año 2012.

59. La misión de la evangelización. Si las personas proclaman en el mundo el Evangelio de la salvación; lo hacen por mandato de, en nombre de y con la gracia de Cristo Salvador. «No tendrán jamás a otro profeta salvo el que nos ha enviado», [Rom 10:15], escribió quien sin duda fue uno de los más grandes evangelizadores. Nadie puede hacerlo sin haber sido enviado. Pero, ¿quién tiene entonces la misión de evangelizar? El Concilio Vaticano II dio una respuesta clara a esta pregunta: es a la Iglesia a la que «le corresponde, por mandato divino, el deber de salir al mundo y predicar el evangelio a toda criatura». [Dignitatis humanae, 13; Lumen gentium, 5, Ad Gentes, 1] Y en otro texto: «… la Iglesia entera es misionera, y la obra de evangelización es un deber fundamental del Pueblo de Dios». [Ad Gentes, 35] (…) Mientras la Iglesia proclame el Reino de Dios y lo construya, la Iglesia se implanta en medio del mundo como signo e instrumento del Reino que es y que está por venir (…).

60. En comunión con la Iglesia. (…) Evangelizar no es para nadie un acto individual y aislado, sino profundamente eclesial. (…) Si cada uno evangeliza en nombre de la Iglesia, lo cual se hace en virtud de un mandato del Señor; el evangelizador no es el dueño absoluto de su acción evangelizadora con un poder discrecional para llevar a cabo de conformidad con su criterio individual y su perspectiva, sino que actúa en comunión con la Iglesia y sus Pastores (…).

66. Diferentes tareas evangelizadoras. Toda la Iglesia está llamada a evangelizar y, sin embargo, dentro de ella tenemos diferentes tareas evangelizadoras para llevar a cabo. Esta diversidad de servicios en la unidad de la misma misión, constituye la riqueza y hermosura de la evangelización. Seguidamente haremos un poco de memoria sobre estas tareas. En primer lugar, se señala en las páginas del Evangelio, la insistencia con que el Señor confía a los apóstoles la tarea de proclamar la Palabra. Él los escogió [cf. Jn 15:16; Mc 3,13-19; Lc 6:13-16], les enseñó durante varios años en su compañía íntima [cf. Hechos 1:21-22], los nombró como apóstoles [cf. Mc 3:14] y los envió [cf. Mc 3,14-15; Lc 9:2] en calidad de testigos autorizados y maestros del mensaje de la salvación. Y los Doce, a su vez enviaron a sus sucesores que, en la línea apostólica, continúan predicando la Buena Nueva.

70. El papel de los laicos. Los laicos, cuya vocación específica los coloca en medio del mundo, y los hace responsable de las más variadas tareas temporales; deben por esta razón, ejercer una forma singular de evangelización. Su tarea primera e inmediata no es establecer y desarrollar la comunidad eclesial – ésta es la función específica de los pastores -; sino poner en práctica todas las posibilidades cristianas y evangélicas ya presentes y operantes en las realidades del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora no es solo el mundo vasto y complejo de la política, la sociedad y la economía; sino también el mundo de la cultura, de las ciencias y las artes, de la vida internacional, y de los medios de comunicación. Que además, incluye otras realidades abiertas a la evangelización, como el amor, la familia, la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional, y el sufrimiento (…).

71. La familia como Iglesia “doméstica”. (…) En diferentes momentos de la historia de la Iglesia y también en el Concilio Vaticano II, la familia tiene bien merecido el bonito nombre de «Iglesia doméstica»”. [Lumen gentium, 11; Apostolicam actuositatem, 11]. Esto significa que debemos encontrar en todas las familias cristianas, los diversos aspectos de toda la Iglesia. Por otra parte, la familia, como la Iglesia, debe ser un lugar donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia. En una familia consciente de esta misión, todos sus miembros evangelizan y son evangelizados. Los padres no sólo comunican el Evangelio a sus hijos; sino que además, los hijos lo reciben profundamente vivido. Una familia así, se hace evangelizadora de otras muchas familias, y del vecindario del que forma parte. Las familias que son resultado de un matrimonio mixto, tienen el deber de anunciar a Cristo a los hijos en la plenitud de las consecuencias de un bautismo común, que tienen además la difícil tarea de ser constructores de la unidad.

72. Los jóvenes. Las circunstancias nos invitan a hacer una mención especial de los jóvenes. Su número cada vez mayor, su creciente presencia en la sociedad, y los graves problemas que padecen; deben despertar en cada uno el deseo de entregarse con celo e inteligencia al ideal evangélico, como algo que debe ser conocido y vivido. Y por otro lado, los jóvenes que están bien formados en la fe y la oración, deben ser cada día más los apóstoles de la juventud. La Iglesia cuenta en gran medida con su contribución, y ha manifestado muchas veces la plena confianza en ellos.

73. Presencia activa de los laicos. La presencia activa de los laicos en las realidades temporales es de gran importancia; pero a pesar de ello no se puede, sin embargo, ser negligentes u olvidar la otra dimensión: los seglares también pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio de la comunidad eclesial para su crecimiento y vida, mediante el ejercicio de una gran variedad de ministerios de acuerdo a la gracia y los carismas que el Señor se complace en darles. No podemos dejar de experimentar una gran alegría interior cuando vemos a tantos pastores, religiosos y laicos; encendidos con su misión de evangelizar, buscando nuevas formas (cada vez más adecuadas) de proclamación eficaz del Evangelio. Animamos a la apertura que la Iglesia está mostrando hoy en día en este sentido y con esta solicitud. Se trata de una apertura a la meditación en primer lugar, y luego a los ministerios eclesiales capaces de rejuvenecer y fortalecer el vigor evangelizador de la Iglesia. (…) Asimismo, señalamos nuestra estima particular a todos los laicos que aceptan consagrar una parte de su tiempo, sus energías y, a veces, toda su vida, al servicio de las misiones. Una preparación seria se necesita para todos los trabajadores de la evangelización. Dicha preparación es tanto más necesaria para aquellos que se dedican al ministerio de la Palabra (…).

Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad

  1. ¿Cuáles son las oportunidades y retos específicos para los laicos, las familias y los jóvenes en la evangelización?
  2. ¿Por qué es la evangelización no es un acto individual, sino que siempre debe hacerse en comunión con la Iglesia?
    1. El Papa Pablo VI escribe que todos los trabajadores en el campo de la evangelización debe estar bien preparado. ¿Qué cree usted que los preparativos son necesarios para su fraternidad a seguir para dar fruto?

 SECCION II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA.

Tema 8 de 9: Santa Isabel de Hungría (7 jul. 1207 – 17 nov. 1231)

Reflexión por Anne Mulqueen, OFS

El 17 de noviembre la Iglesia celebra la fiesta de Santa Isabel de Hungría, patrona de la Orden Franciscana Seglar. Para los hombres y las mujeres del siglo XXI ella sigue siendo un modelo relevante de santidad. Aunque Santa Isabel vivió en el siglo XIII, los desafíos que enfrentó son muy conocidos para muchos de nosotros hoy en día.

Por razones ajenas a su voluntad, a la edad de cuatro años Isabel fue enviada por sus padres a vivir en la corte del Landgrave Herman I de Turingia. A pesar del materialismo de la corte y la riqueza de su entorno, la niña Isabel creció en santidad con una inclinación hacia la oración y la mortificación. Debido a estos impulsos religiosos, Isabel sufrió la hostilidad de los miembros más autocomplacientes de la Corte. La piedad de Isabel era un reproche a la forma de vida de dichos miembros.

Santa Isabel se casó joven y con su marido Luis procreó a tres hijos. Felizmente su matrimonio fue una unión de amor, sin embargo, Isabel no fue inmune a la tragedia. Su tercera hija, Gertrudis, nació después que su marido Luis murió en Otranto mientras esperaba unirse al ejército cruzado de Federico II. Isabel tenía sólo 20 años de edad cuando quedó madre soltera con tres hijos. En su angustia, Santa Isabel, viuda a esa edad, exclama a gritos: «El mundo con todas sus alegrías ya está muerto para mí.»

Sin embargo, las dificultades de Isabel no habían terminado. Uno de sus sirvientes afirma que su cuñado, el regente de su hijo de cinco años de edad, la sacó del castillo en el frío del invierno. Si eso no fuera suficiente sufrimiento, le fueron quitados sus hijos para ser atendidos en otro lugar. Algunos afirman que Isabel salió del castillo voluntariamente por razones morales, pero el hecho es que Isabel quedó entonces viuda, sin hogar y sin sus hijos.

¿Alguien culparía a Isabel si ella se hubiese limitado a tomar la pequeña suma de dinero que recibió de su dote, se hubiera casado en segundas nupcias, como su tío quería, y hubiera vivido feliz y cómodamente de ahí en adelante? En lugar de esto, Isabel quería dejarse guiar por el Señor. Prometió no volver a casarse y se dedicó al cuidado de los enfermos, especialmente aquellos con las enfermedades más terribles. Isabel eligió renunciar a los privilegios para ser pobre con los pobres.

Nosotros también enfrentamos circunstancias que no podemos controlar y tenemos que tomar decisiones que correspondan al Evangelio y a la voluntad de Dios para nuestras vidas. ¿Cuántos han tenido una infancia que cambió abruptamente por circunstancias ajenas a su voluntad y sin embargo siguen teniendo fe en Cristo? ¿Cuántos han amado y perdido a sus cónyuges y sin embargo, encuentran consuelo en el amor de Dios? ¿A cuántos les han arrancado sus hijos de los brazos la desgracia o la muerte, y sin embargo se mantienen firmes en la esperanza en Cristo? ¿Cuántos han sido humillados, por no traicionar lo que concierne a Dios? ¿Cuántos continúan siguiendo a Cristo pobre y crucificado frente a la adversidad?

En respuesta a estas preguntas:

  • Todos los que, como Isabel de Hungría, tienen una relación profunda y duradera con Dios;
  • Todos los que, como Isabel de Hungría, creen en un sentido de justicia e igualdad para todas las criaturas de Dios;
  • Todos los que, como Isabel de Hungría, encuentran la respuesta a dificultades de la vida entregándose a la providencia de Dios en la alegría y el asombro;
  • Todos los que, como Isabel de Hungría, encuentran su fuerza para seguir a Cristo a la manera de San Francisco de Asís.

El servicio a la política (I) (n. 565-568)

Introducción y preguntas por Fr. Amando Trujillo Cano, TOR

Este mes nos fijaremos en los primeros cuatro artículos de la sección «El servicio a la política» del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Estos artículos afirman que el compromiso político de los fieles laicos es una expresión importante del servicio cristiano. Esta es una afirmación importante ya que muchas personas tienden a pensar que la política está tan contaminada y corrompida que los cristianos deben permanecer fuera de ella. Al mismo tiempo, esta participación en la política debe estar guiada por criterios claros y principios tomados de la Doctrina Social de la Iglesia para que realmente arroje luz sobre las realidades temporales y las ordene de acuerdo con el plan de Dios para el mundo. En esta sección también recordaremos que sin la dimensión moral, la vida social y política se convierte en deshumanización y perpetúa las estructuras de pecado. Otro tema importante que se incluye en esta sección es la necesidad de preparar a los creyentes para ejercer el poder político. Este punto es fundamental si consideramos el llamado de los laicos en general, y de los franciscanos seglares en particular, a impregnar la sociedad en todos sus aspectos con la levadura del Evangelio. Nuestra esperanza es que, al reflexionar sobre este tema, las fraternidades puedan promover una participación activa de sus miembros en la búsqueda del bien común a través de su participación en la política, tal como fue el llamado en el reciente XIII Capítulo General de la Orden Franciscana Seglar.

565.  Para los fieles laicos, el compromiso político es una expresión cualificada y exigente del empeño cristiano al servicio de los demás. [Cf. Pablo VI, Carta Apostólica, Octogesima Adveniens 46: AAS 63 (1971), 433-436]. La búsqueda del bien común con espíritu de servicio; el desarrollo de la justicia con atención particular a las situaciones de pobreza y sufrimiento; el respeto de la autonomía de las realidades terrenas; el principio de subsidiaridad; la promoción del diálogo y de la paz en el horizonte de la solidaridad: éstas son las orientaciones que deben inspirar la acción política de los cristianos laicos. Todos los creyentes, en cuanto titulares de derechos y deberes cívicos, están obligados a respetar estas orientaciones; quienes desempeñan tareas directas e institucionales en la gestión de las complejas problemáticas de los asuntos públicos, ya sea en las administraciones locales o en las instituciones nacionales e internacionales, deberán tenerlas especialmente en cuenta.

566. Los cargos de responsabilidad en las instituciones sociales y políticas exigen un compromiso riguroso y articulado, que sepa evidenciar, con las aportaciones de la reflexión en el debate político, con la elaboración de proyectos y con las decisiones operativas, la absoluta necesidad de la componente moral en la vida social y política. Una atención inadecuada a la dimensión moral conduce a la deshumanización de la vida asociada y de las instituciones sociales y políticas, consolidando las « estructuras de pecado »: [Cf Juan Pablo II, Encíclica Sollicitudo Rei Socialis 36: AAS 80 (1988), 561-563] « Vivir y actuar políticamente en conformidad con la propia conciencia no es un acomodarse en posiciones extrañas al compromiso político o en una forma de confesionalidad, sino expresión de la aportación de los cristianos para que, a través de la política, se instaure un ordenamiento social más justo y coherente con la dignidad de la persona humana » [Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota Doctrinal sobre algunas Preguntas relacionadas con la Participación de los Católicas en la Vida Política (24 noviembre 2002), 6: Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, p.131].

567. En el contexto del compromiso político del fiel laico, requiere un cuidado particular, la preparación para el ejercicio del poder, que los creyentes deben asumir, especialmente cuando sus conciudadanos les confían este encargo, según las reglas democráticas. Los cristianos aprecian el sistema democrático, « en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica» [Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus annus, 46: AAS 83 (1991), 850] y rechazan los grupos ocultos de poder que buscan condicionar o subvertir el funcionamiento de las instituciones legítimas. El ejercicio de la autoridad debe asumir el carácter de servicio, se ha de desarrollar siempre en el ámbito de la ley moral para lograr el bien común [cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, 74: AAS 58 (1966), 1095-1097] quien ejerce la autoridad política debe hacer converger las energías de todos los ciudadanos hacia este objetivo, no de forma autoritaria, sino valiéndose de la fuerza moral alimentada por la libertad.

568. El fiel laico está llamado a identificar, en las situaciones políticas concretas, las acciones realmente posibles para poner en práctica los principios y los valores morales propios de la vida social. Ello exige un método de discernimiento [cf. Congregación para la Educación Católica, Orientaciones para el estudio y enseñanza de la doctrina social de la Iglesia en la formación de los sacerdotes, 8, Tipografía Políglota Vaticana, Roma 1988, pp. 13-14], personal y comunitario, articulado en torno a algunos puntos claves: el conocimiento de las situaciones, analizadas con la ayuda de las ciencias sociales y de instrumentos adecuados; la reflexión sistemática sobre la realidad, a la luz del mensaje inmutable del Evangelio y de la enseñanza social de la Iglesia; la individuación de las opciones orientadas a hacer evolucionar en sentido positivo la situación presente. De la profundidad de la escucha y de la interpretación de la realidad derivan las opciones operativas concretas y eficaces; a las que, sin embargo, no se les debe atribuir nunca un valor absoluto, porque ningún problema puede ser resuelto de modo definitivo: « La fe nunca ha pretendido encerrar los contenidos socio-políticos en un esquema rígido, consciente de que la dimensión histórica en la que el hombre vive, impone verificar la presencia de situaciones imperfectas y a menudo rápidamente mutables ». [Congregación para la Doctrina de la Fe, Doctrinal Nota sobre algunas cuestiones relativas al compromiso de los católicos en la vida política (24 de noviembre de 2002), 7: Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2002, pp. 15-16].

Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad

  1. ¿Cómo te han asistido tus hermanos y hermanas de fraternidad en los momentos de necesidad?
  2. ¿Cómo has servido a tus hermanos y hermanas en sus momentos de angustia?
  3. ¿Qué tipo de participación política tienen los franciscanos seglares en tu Fraternidad nacional?
  4. ¿Cómo pueden nuestras Fraternidades preparar a sus miembros para participar en la vida social y política de modo que mantengan la dimensión moral?

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Escrito por Redacción

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