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Formación OFS: Presencia en el mundo. Enero 2013

Via CIOFS

COMISIÓN PRESENCIA EN EL MUNDO – PRESIDENCIA DEL CIOFS

PROGRAMA DE FORMACIÓN 2013

Enero

Ficha preparada por Attilio Galimberti

Con la colaboración de Anna Pía Viola, Fr. Amando Trujillo Cano TOR y Lovro Sučić

Version PDF: PIWC_2013_01_ES


scouts

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­Introducción

El Consejo de Presidencia del CIOFS, durante su reunión de octubre 2012, confió a la Comisión Presencia en el Mundo la tarea de proponer un breve curso de formación, vía web, para promover la participación de los franciscanos seglares en el ámbito de lo social y responder al desafío planteado por las conclusiones del Capítulo General de la OFS del 2011, celebrado en San Paolo, Brasil.

Cada ficha mensual estará compuesta de cuatro secciones en la manera siguiente: un breve planteamiento teórico; referencias a algunas fuentes, organizaciones y sitios web que tienen alguna relación con el tema tratado; la descripción de un caso práctico y finalmente algunas preguntas enfocadas a propiciar el diálogo en fraternidad y/o algunas sugerencias de acciones prácticas. Las fichas serán elaboradas por los mismos miembros de la Comisión Presencia en el Mundo junto con algunos colaboradores. Actualmente la Comisión está compuesta por Attilio y Rosa Galimberti (Coordinadores, Italia), Ma. Consuelo Núñez (Consejera de Presidencia, Venezuela), Ana María Olmedo Ramos (Guatemala), Fr. Amando Trujillo Cano, TOR (Asistente General, México), y Lovro Sučić (Colaborador, Croacia).

La primera ficha de este curso trata del papel de los laicos en la sociedad. Les deseamos una fructífera lectura confiando que los puntos en ella incluidos les sean útiles. Esperamos vuestros comentarios, sugerencias, correcciones e indicaciones para mejorar continuamente lo que les proponemos y hacerlo cada vez más adecuado a vuestras necesidades. Que el Señor os de su paz.

  1. El papel de los laicos en la sociedad

El pensamiento de la Iglesia acerca del papel del laico en la sociedad es claro:

están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que están estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor (LG 31).

El anuncio de esperanza del evangelio está dirigido al mundo entero y propiamente allí, en el mundo y a través de las cosas del mundo, los fieles laicos responden a la llamada de Dios, son testigos de su presencia encarnando en sus vidas la obra de la manifestación de Dios.

El Concilio nos enseña algo importante: el mundo no es un lugar, un espacio, ni es un medio de santificación, sino que el mundo es el modo donde se vive la dignidad de hijos de Dios, entre los pliegues más escondidos de la humanidad, que Cristo ha asumido en sí mismo. Los laicos también son ‘competentes’ en los asuntos propios de la vida común (matrimonio, familia, cultura humana, vida política, economía, etc.), en los que la Iglesia está presente principal y peculiarmente con ellos. En estos sectores los laicos actúan como responsables y “la Iglesia necesita de modo muy particular la ayuda de quienes por vivir en el mundo, sean o no sean creyentes, conocen a fondo las diversas instituciones y disciplinas y comprenden con claridad la razón íntima de todas ellas. Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo” (GS 44).

La escucha del mundo, de parte de la Iglesia, no es solamente una referencia a los instrumentos y al lenguaje, sino que a través de ellos intenta captar la novedad, las expectativas, las exigencias y la presencia de Dios que actúa en cada cosa. Pablo VI, en la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, escribe así de los laicos:

El campo propio de su actividad evangelizadora, es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así como otras realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc. Cuantos más seglares hayan impregnados del Evangelio, responsables de estas realidades y claramente comprometidos en ellas, competentes para promoverlas y conscientes de que es necesario desplegar su plena capacidad cristianas, tantas veces oculta y asfixiada, tanto más estas realidades —sin perder o sacrificar nada de su coeficiente humano, al contrario, manifestando una dimensión trascendente frecuentemente desconocida— estarán al servicio de la edificación del reino de Dios y, por consiguiente, de la salvación en Cristo Jesús (EN 70). 

El magisterio social de Benedetto XVIse inserta en el estilo del pensamiento de Pablo VI. Su encíclica, Caritas in veritate, está articulada sobre algunos principios fundamentales del empeño social de la Iglesia: el “diálogo”, la “fraternidad”, la familia, el trabajo, y con ellos se añade una atención particular sobre la importancia de la empresa y del mercado. La Iglesia tiene necesidad de cristianos que piensen y que hagan del pensamiento un servicio en la transmisión de la fe. Cristianos que tengan el valor de llevar adelante la lógica del ser y del sentir pobre como motor propulsor del desarrollo y del crecimiento. Se requiere de audacia para testimoniar que Cristo nos dio la lógica del don y la pérdida que no es el fracaso. Al indicarnos la modalidad para realizar este objetivo, Benedetto XVI hace referencia a la conversión de la mente, a un pensamiento diferente: “Es necesario un cambio efectivo de mentalidad que nos lleve a adoptar nuevos estilos de vida, «a tenor de los cuales la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un crecimiento común sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones” (CV 51).

  1. Fuentes y referencias

Las fuentes que nos inspiran para vivir la misión social son tanto los artículos específicos de la Regla y las Constituciones de la OFS, como los documentos conciliares mencionados en este articulo, es decir, la Lumen Gentium, la Gaudium et Spes. A estos podemos añadir las dos cartas encíclicas igualmente citadas en el artículo, o sea, la carta encíclica del Papa Pablo VI, Evangelii nuntiandi y las más reciente, del actual pontífice Benedetto XVI, Caritas in Veritate, así como la exhortación apostólica Christifideles laici, el decreto conciliar Apostolicam actuositatem y la carta de los Ministros Generales de la Familia Franciscana con el título La vocación y la misión de los fieles laicos franciscanos en la Iglesia y en el Mundo. Recordamos entonces como fuente inagotable de formación y de apremio en este ámbito es el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, que nuestros recientes Capítulos Generales invitan a conocer y a utilizar.

Debido a que vivimos en la era del internet, recordamos también muchos sitios de ONG que allí se pueden encontrar, sean laicales o de inspiración religiosa, cristiana y franciscana, activas en estos campos:

Franciscans International: www.franciscansinternational.org

Pax Christi International: http://www.paxchristi.net/international/spa/index.php

Comité internacional de la Cruz Roja: http://www.icrc.org/spa/

Peace Brigade International: http://www.peacebrigades.org/?&L=1

Naciones Unidas: http://www.un.org/es/

Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos: http://www.ohchr.org/SP/Pages/WelcomePage.aspx

Instituto mexicano para la doctrina social de la Iglesia: www.imdosoc.org

Citamos también la actividad de Caritas, sea a nivel internacional o a nivel nacional y local, cuyas páginas web pueden ser visitadas, sin olvidar las de las Conferencias episcopales nacionales.

  1. Un caso práctico

Giorgio La PiraPolítico, ativista de la paz (Italia)i

Giorgio La Pira nació en Pozzallo (Ragusa, Italia) el 9 de enero de 1904, donde vivió los primeros años de su vida. En 1926 se laureó en jurisprudencia, en Florencia. Entre 1920 y 1922 se orientó hacia los valores católicos. En su camino de descubrimiento de los valores de la fe, pasaba muchas horas dedicadas a la oración así como al estudio. Desde 1926 Florencia se convirtió en su ciudad. Imitando a su inspirador espiritual, el futuro beato Contardo Ferrini, su predecesor, inició su larga carrera de docente universitario de Instituciones del Derecho Romano. Se dedicó también al estudio de la Summa de Santo Tomás, interesado en toda la estructura del derecho y de la visión teológica del cristianismo.

Entretanto, en 1927, La Pira se hizo Terciario dominico y en el año 1930 miembro del Instituto de la Realeza del cual había sido fundador, junto a otros. El “Instituto Seglar de los Misioneros de la Realeza de Cristo” es, según su estatuto, “una comunidad de laicos…por una consagración particular a Dios al servicio a los hombres”. Después de esta adhesión, La Pira emitió votos de pobreza, obediencia y celibato en la castidad. El Instituto se inserta en el gran movimiento espiritual de la Tercera Orden Franciscana, con la cual comparte la finalidad y los ideales. Francisco de Asís –y su deseo y mensaje de “paz y bien”– fue un punto de referencia esencial y constante en la vida de La Pira, que se dedicó también a la organización de la Acción Católica y a la caridad entre los pobres. En 1934, en Florencia, fundó para los más pobres y dispersos, la Obra del pan de San Prócolo. Durante la guerra y la postguerra fue la referencia para los desalojados, para los hebreos, los perseguidos políticos, los desocupados y los abandonados.

Colaboró con el Arzobispo de Florencia Elia Della Costa, en la defensa de los hebreos. De él La Pira conoce el “gusto” profundo por la Biblia como único libro para interpretar la historia de hoy. Después del armisticio del 8 de septiembre de 1943, abandonó Florencia y se fue a Fonterutoli, en Siena, y luego a Roma, donde llegó a ser colaborador del Osservatore Romano. En 1946 fue electo diputado de la Asamblea Constituyente en la lista de la Democracia Cristiana, siendo uno de los principales artífices del establecimiento de la Constitución Italiana. Junto a otras grandes figuras del catolicismo laico de aquellos tiempos, en 1950 fundó la revista “Crónica Social”. También publicó «La esperanza de los pobres», un manifiesto en favor del pleno empleo.

En el año 1951 sintió la inspiración de dedicarse con particular empeño a la paz del mundo y ya el 6 de enero de aquel año, intervino ante Stalin por la paz en Corea; en junio fue electo Alcalde de Florencia, cargo que ejerció desde 1951 hasta 1957 y del 1961 hasta 1965. En estos años pone todo su empeño en realizar una ciudad a medida del hombre, para que todos tuvieran trabajo, casa, escuela, hospital e iglesia. Después buscó hacer de Florencia, además de centro cualificado de turismo, el centro de un movimiento cultural y político por la paz y la civilización humana y cristiana. De 1952 a 1956 organizó los “Congresos por la Paz y la Civilización Cristiana” y en 1955 el “Congreso de los Alcaldes de las Capitales del mundo”, para comprometerles a una acción de paz contra la amenaza de una destrucción atómica.

Promovió los “Coloquios para el Mediterráneo” para suscitar la paz y la coexistencia entre cristianos, hebreos y musulmanes, el primero del cual se realizó en octubre de 1958: por la primera vez árabes e israelitas, franceses y argelinos, se sientan en la misma mesa y enfrentan los graves problemas que dividen a sus pueblos. Invitado por la URSS, va a Moscú en el año 1959 y habla a los representantes del Soviet Supremo en defensa de la distensión y del desarme. Antes de iniciar el viaje se dirige a Fátima para pedir la protección de la Virgen y había escrito al Monasterio de clausura femenina para que lo acompañaran con su oración. El 24 de enero de 1960 se reúne con el Patriarca de Constantinopla, Atenágoras. El coloquio versa sobre la unidad de la Iglesia como paso indispensable para la unidad de los pueblos y de las naciones.

Su acción pacificadora era apoyada por la oración de las hermanas de clausura, que eran para él un remedio eficaz para el éxito de sus misiones, cuyo programa comunicaba constantemente a las hermanas, involucrándolas en él. En 1976 defiende a los niños no nacidos contra el aborto y lanzó la hipótesis de un desarme general.

Murió el 5 de noviembre de 1977 y fue sepultado humildemente, siguiendo su deseo, en el cementerio de Rifredi (Florencia). El 9 de enero de 1986 el arzobispo de Florencia, Piovanelli, inició el proceso de beatificación de este gran laico católico, “vendedor de esperanza” en su ciudad, en Italia y en el mundo, siempre en la óptica cristiana.

  1. Preguntas para el diálogo y reflexión en fraternidad.

  1. ¿Cómo considera tu fraternidad el papel que los laicos desarrollan en la sociedad?

  2. ¿Cómo procura tu fraternidad escuchar atentamente, comprender e interpretar los signos de los tiempos y las diferentes modalidades de expresiones de nuestro tiempo?

  3. ¿Cómo puede usar tu Fraternidad este material formativo para abrirse “a las realidades humanas” y proyectarse “a lo externo en un contexto social que nos desafía”, como nos los ha pedido el Capitulo General del 2011?

i Cfr. Borrelli A., Servo di Dio Giorgio La Pira. Laico,

politico, operatore di pace, en Santi, beati e testomoni,

Internet (01.12.2012):

http://www.santiebeati.it/dettaglio/91511, traducción libre.

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Escrito por Redacción

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Fraternitas 194. Enero 2013