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Flashback o flashfoward

Por Manuel Romero, tor

Volver a lo de antes, a lo de siempre, es la tentación más grande y la falta de fe más absoluta que podemos constatar entre nosotros.

Morir a lo de ahora -como Lázaro- para regresar a un pasado lleno de vocaciones, a unos tiempos sobreprotegidos, a una significatividad extraordinaria, es un sueño. Un sueño de esos que nos sacan de la realidad para tranquilizarnos y nos convencen de que Dios está a nuestro servicio. Un sueño que nos sitúa al borde del sepulcro y que se refleja en los rostros cansados y resignados que mostramos.

La muerte es la realidad más segura que tenemos. Una muerte que ha de transportarnos a una realidad totalmente distinta. Porque nuestro objetivo no es volver a la vida de Lázaro, sino transitar hacia la vida del Resucitado, de Jesús.

Siendo profesionales de la fe, nos quedamos a la expectativa como María o al ataque como Marta y -en cualquier caso- cuestionamos a Jesús con nuestras frustraciones: “Si hubieras estado aquí… no habría muerto”. ¿Quién?: Lázaro, el fundador, el estilo anterior de vida, los grandes noviciados, los reconocimientos de ayuntamientos, los centenarios publicitados…

La vida está en Cristo, él es “la resurrección y la vida”. Y quien de entre nosotros crea en él, aunque haya tenido que pasar por numerosas muertes y renuncias, “vivirá”. Y quien vive la situación actual, con la convicción de que el futuro será totalmente distinto, “no morirá para siempre”.

¿Crees esto? ¿Nos creemos esto? Pues para salir de la tentación peliculera de volver a los tiempos pasados con añoranza hemos de saber morir y fiarnos de Cristo. Morir -pero morir de verdad- a tantas decisiones interesadas e ideológicas que buscan conservarnos por encima de todo. El hecho es que morir moriremos, personal y hasta congregacionalmente, pero sabemos -porque creemos- que “esta enfermedad no acabará en muerte, sino que servirá para la Gloria de Dios”.

Pues eso, para gloria de Dios -y no para la nuestra- y a su modo -totalmente distinto a nuestros deseos-. Proyectando un flashfoward en el que “el Hijo de Dios sea glorificado” en nuestra muerte, en nuestra vida.

Via LCDLP

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Escrito por Redacción

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