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Filosofía barata para un sábado nublado.

En relación un post filosófico que publicamos hace unos días, recibimos un comentario al respecto. Aprovecho para agradecer al hermano que se tomó la molestia de escribirnos. Su comentario me ha hecho reflexionar y he aquí mi respuesta o adenda a aquel post del filosofo francés Alain.

 

Es cierto que los libros son necesarios para adquirir sabiduría y conocimiento. Yo soy un amante de los libros. Pero también es cierto que muchas veces funcionan como entes de reclusión y aislación. Decía William Somerset que “si adquirimos el habito de la lectura y de rodearnos de buenos libros, es como construirnos un refugio moral que nos protege de casi todas las miseria de la vida”. Estoy de acuerdo pero he allí el riesgo, en construirnos un refugio, en levantar un muro.

 

En aquel post Alain planteaba que el ojo humano no esta hecho para la distancia corta que implica leer, esta hecho para las grandes distancias. Es allí donde reposa. Es allí donde permite le contemplación y de allí viene la sabiduría.

 

En esta línea recuerdo siempre a Azorín cuando decía que se aprende en un solo día en el campo lo que no puede aprenderse en un año en la escuela.

 

Pero no quiero empezar con mis divagues filosóficos. Esta es una web cristiana y a eso quiero ir. El citado post invitaba a reflexionar sobre el “mirar a lo lejos”, tener amplitud de miras, salir a contemplar.

 

Francisco de Asís tenia mucho respeto por los libros pero tenia aun mas temor de ellos. La primera comunidad franciscana no tenia permitido tener libros. Es famosa la anécdota del novicio que pedía un breviario…

 

El bienaventurado Francisco le respondió: «El emperador Carlos, Rolando y Oliverio y todos los capitanes y esforzados caballeros que lucharon de firme contra los infieles, sin perdonarse fatigas y grandes trabajos, hasta exponerse a la muerte, consiguieron resonantes victorias, dignas de perpetuarse para siempre. Igualmente, los santos mártires dieron su vida luchando por la fe de Cristo. En cambio, ahora hay muchos que pretenden honra y gloria con sólo contar las hazañas que ellos hicieron. Así, también entre nosotros hay muchos que sólo por contar y pregonar las maravillas que hicieron los santos quieren recibir honra y gloria» Que es como si dijera: No hay por qué desvivirse por adquirir libros y ciencia, sino por hacer obras virtuosas, porque la ciencia hincha y la caridad edifica (1 Cor 8,1).

En adelante, a cuantos hermanos le venían a consultar sobre esto, les daba la misma respuesta. Y repetía muchas veces: «Tanto sabe el hombre cuanto obra, y en tanto el religioso ora bien en cuanto practica, pues sólo por el fruto se conoce al árbol» (cf. Mt 12,13).

Francisco, al igual que Alain, invitaban a la acción. Igual que el Señor lo hizo. En estos tiempos donde los vientos de cambio intentan entrar en la Iglesia, es bueno tener esta perspectiva. La Iglesia ha caído, durante mucho tiempo, en la tentación de refugiarse en los libros, en los cánones, en las exegesis, los anatemas, etc. Dejó de mirar a lo lejos, de mirar a la “periferia”. Construyo muros para dividir a unos cristianos “mejores” de otros de segunda selección.

 

La vida esta ahí afuera, la Creación del Señor esta ahí afuera y el propio Cristo, vivo en los hermanos, esta ahí afuera. Por tanto, sal y mira. Deja el libro para la noche de insomnio y si tienes amor por los libros (como yo) intenta buscar en ellos, como decía Francisco, no el valor material, sino el testimonio del Señor; no la pulcritud, sino la edificación (EP 5)

 

Y recuerda siempre a San Pablo: “el conocimiento envanece, pero el amor crea” (1 Cor, 8: 1)

 

Paz y Bien!

 

Gabriel

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Escrito por Redacción

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