Entre Lobos y Ovejas 8: El buen pastor.

La parábola del Buen Pastor:

«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino, por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz». Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia. Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye. Y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí –como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre y doy mi vida por las ovejas. Juan 10,1-15»

Los que animan comunidades sean sacerdotes, religiosos o laicos, los maestros, los padres de familia deberían tener los mismos sentimientos que expresa Jesús en la parábola. El Buen Pastor quiere que las ovejas tengan vida plena. Y se compromete de tal manera que hasta llega a dar su vida por ellas. El mercenario, el asalariado tiene otros intereses. Por esos lejos de protegerlas las deja a merced del lobo.  Cuando acecha un peligro las abandona, y huye. Quedan libradas a su suerte. En las situaciones descritas anteriormente sucede lo mismo: ante un estafador emocional las victimas quedan a merced del lobo sin que haya un buen pastor que procure cuidarlas y protegerlas. El Buen Pastor carece de segundas intenciones. Ejerce su tarea en forma desinteresada por eso Jesús lo contrapone con el que recibe una retribución material. ¡Cuantas veces experimentamos como el dinero, el prestigio, el poder desnaturalizan la tarea de los pastores! A veces hay que tomar decisiones antipáticas. Cuando el pastor tiene su vida espiritual edificada en la humildad, cuando actúa con transparencia, cuando es autentico las ovejas “escuchan su voz”, más allá de sus circunstanciales fracasos.

Nada desacredita tanto a la verdad como imponerla por la fuerza.

Otra actitud que además de cuidar a las ovejas, cuida al pastor es la “cultura del Consejo”. Hemos olvidado la revolucionaria horizontalidad que propone Francisco de Asís al creer que a través del hermano habla el Espíritu Santo.

Las decisiones tomadas en consejo o en fraternidad, cuando hay una genuina colegialidad (no el formalismo de la colegialidad donde los consejeros son simples convidados de piedra) siempre evita que se cometan males mayores. La conducción por medio de consejos es una riqueza de la “cultura” franciscana. ¡Tan sanadora! ¡Tan amortiguadora de conflictos!

 

Pastorear es un servicio para que las personas incluidas en un grupo lleguen a lograr tanto los objetivos personales como los del grupo. Es más cuanto mas el pastor promueva la felicidad “la vida” de los miembros del grupo, su autorrealización personal, tanto mas conseguirá que ese grupo lleve adelante los fines para los cuales se creo la institución.

El trigo y las ovejas- Tareas para agricultores y pastores.

La vida de los creyentes en el mundo y a veces más en las comunidades de creyentes, se ve acechada por la cizaña y los lobos. Desde siempre. Lo que debería interesarnos es que la vida evangélica tenga contenidos de liberación y sanaciòn para los bautizados y comprometidos con alguna organización laical. Que no pueda acusársela de ser el opio de los pueblos por su fuga de las realidades cotidianas o su negacionismo o complicidad con el mal. “¡Ay de los que llaman bien al mal y mal al bien! ¡de los que cambian las tinieblas en luz y la luz en tinieblas, de los que vuelven dulce lo amargo y amargo lo dulce!” Isaías, 5,20

Fortalecer el trigo y cuidar a las ovejas es tarea de “buenos agricultores y pastores”.

Resulta más que interesante la connotación ecológica de ambas parábolas. Los individuos se vuelven robustos en contacto con las acechanzas de especies hostiles. La ley de supervivencia selecciona a las más aptas. Por lo tanto, la cizaña hasta podría verse como un estimulo para su crecimiento, su maduración y su fortaleza. Y una oveja entrenada no necesita del pastor para huir del lobo.

Muchas veces en ámbitos intelectuales religiosos se habla de estructuras de pecado: la estructura determina al hombre que a su vez reproduce la estructura opresora.

En la práctica siempre una estructura tiene rostro de hombre o mujer. Por eso ese hombre o mujer liberados por el mensaje evangélico son capaces de convertir las estructuras de muerte en estructuras de vida. Pero para lograrlo hay que realizar un trabajo serio, perseverante de servir a la liberación del hombre. Entonces un hombre o mujer liberados transforman la estructura que a su vez libera nuevos hombres y mujeres.

Convivir con falsarios, anular sus efectos nocivos para la comunidad es posible. El problema es que, por ignorancia, inmadurez, pereza, respeto humano, miedos los pastores no asumen esta tarea. Tal vez esos agricultores y pastores no han experimentado en si mismos la salvación que trae Jesús.

Cuando la animación de los grupos se convierte en una tarea administrativa estamos en problemas… Cuando los servicios que todo grupo organizado se plantean para el desenvolvimiento de las tareas no están atravesados por una genuina espiritualidad evangélica entonces la vida del Cristo que anida en cada uno de los bautizados se va debilitando y muriendo… Lejos de difundir el aroma del Maestro como lo quería Pablo…. lo que “huele” es otra cosa muy distinta.

Señora santa caridad, el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia.

Porque nosotros somos la fragancia de Cristo al servicio de Dios, tanto entre los que se salvan, como entre los que se pierden: para estos, aroma de muerte, que conduce a la muerte; para aquellos, aroma de vida, que conduce a la Vida.”           2 Corintios 2,15-16

Capitúlos anteriores: https://www.pazybien.es/category/lobos/

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Escrito por Cecilia Jaurrieta

Maria Cecilia Jaurrieta esta casada y tiene cinco hijos y seis nietos. Profesó en al Orden Franciscana Seglar en 1986.
Es bioquímica y ha colaborado con distintos medios graficos y radiales franciscanos como NUEVA POMPEYA y EL MENSAJERO DE SAN ANTONIO. Ha publicado varios trabajos relacionados con la religiosidad popular en la Editorial San Pablo. Ha recibido capacitación en mediación comunitaria con la cual ha enriquecido los talleres de educación para la paz que anima desde 1998.

Curso OFS 15: La eclesiología del Concilio Vaticano II

Curso OFS 16: llamados a la santidad.