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En el camino de la unidad.

Pocas horas después del anuncio de que el Papa Francisco se encontrará en Suecia con los luteranos para celebrar el inicio del quinto centenario de la Reforma protestante, en el Jubileo de la misericordia el Obispo de Roma cruzó la Puerta santa de la basílica ostiense junto con los representantes del patriarca de Constantinopla y del primado anglicano. Un gesto simple y lleno de significado, seguido por una homilía que en el itinerario ecuménico de la Iglesia de Roma marca un ulterior progreso, en un día simbólico como la fiesta de la Conversión de san Pablo.

Conversión que el Papa ha asociado fuertemente a la misión, que caracteriza su pontificado. “He perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy” y “fui tratado con misericordia”, se lee en dos pasajes del epistolario paulino citados por el Pontífice, que después recordó cómo la primera lectura de Pedro se dirige a “comunidades pequeñas y frágiles”. Como queriendo recordar la situación de tantos cristianos, que hoy experimentan a menudo la persecución, y ese ecumenismo de la sangre tantas veces evocado con conmoción por Bergoglio.

Las divisiones entre cristianos y en el seno de las confesiones individuales persisten, pero –destacó el Pontífice– “más allá de las diferencias que todavía nos separan, reconocemos con alegría que en el origen de la vida cristiana hay siempre una llamada, cuyo autor es Dios mismo. Podemos avanzar por el camino de la plena comunión visible entre los cristianos no solo cuando nos acercamos unos a otros, sino sobre todo en la medida en que nos convertimos al Señor”. Pero no es “solo la llamada la que nos une; también compartimos la misma misión”. En suma, “caminando y trabajando juntos, nos damos cuenta de que ya estamos unidos en el nombre del Señor”. Porque “la unidad se hace en camino”, añadió el Papa repitiendo un concepto muy querido para él.

En la basílica de San Pablo Juan XXIII anunció el Vaticano II, y poco antes de su conclusión, Pablo VI confesó a los observadores no católicos que su partida producía “una soledad que antes del Concilio no conocíamos y que ahora nos entristece”. En este mismo lugar resonó en las palabras del Papa el eco del Concilio, cuando en su reanudación, el 29 de septiembre de 1963, Montini abrió resueltamente un camino con el pedido de perdón por las divisiones de los cristianos: “Si alguna culpa se nos puede imputar por esta separación, nosotros pedimos perdón a Dios humildemente y rogamos también a los hermanos que se sientan ofendidos por nosotros, que nos excusen. Por nuestra parte estamos dispuestos a perdonar las ofensas de las que la Iglesia católica ha sido objeto y a olvidar el dolor que le ha producido la larga serie de disensiones y separaciones”.

Por este camino el Papa Francisco está yendo adelante invocando “misericordia y perdón por los comportamientos no evangélicos por parte de católicos con cristianos de otras Iglesias» e invitando “a los hermanos y a las hermanas católicos a perdonar si, hoy o en el pasado, han soportado ofensas de otros cristianos”. No es posible “cancelar lo que ha sido”, pero no hay que “permitir que el peso de las culpas pasadas siga contaminando nuestras relaciones”. Seguros de que “la misericordia de Dios renovará nuestras relaciones”.

g.m.v.

L’Osservatore Romano

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Escrito por Redacción

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