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El Papa habla claro, y por eso le critican. Benjamín Echeverría, ofm cap

(Jesús Bastante).- Provincial de los capuchinos de España, Benjamín Echeverríaes presidente de la Interfranciscana. Viene a hablarnos del proceso de reorganización por el que están pasando las provincias de la orden, de la ilusión de tener un Pontífice que elogia ese espíritu con su nombre y de la importancia de la confesión en el Jesús de Medinaceli, donde vive. Un laboratorio espectacular para el próximo Año de la Misericordia.

¿Qué es la Interfranciscana?

La reunión de todas las familias franciscanas, las congregaciones de espiritualidad que, queriendo funcionar desde ese sentido de familia, tenemos encuentros y asambleas que nos sirven para mantenernos en contacto frecuente. Más que una estructura de organización, es de animación de lazos entre hermanas y hermanos.

Los capuchinos sois una de esas ramas de la familia franciscana. Para los neófitos, dame tres pinceladas: cuál es vuestra especificidad, cuántos sois en España, cuántos en el mundo…

Los capuchinos nacen como obra de la reforma de la orden franciscana. En España actualmente somos 270 frailes. Otros nacieron aquí pero están de misiones en Ecuador, Venezuela, México y Texas, que son las viceprovincias que dependen de España. En el mundo, creo que somos unos 10.500.

Pese a la crisis vocacional que afecta a todas la vida religiosa de Europa actualmente… ¿Sois la cuarta congregación más numerosa?

Creo que sí, según las estadísticas. La cuarta de las masculinas. Cuando nos quejamos del descenso de vocaciones, los generales, que tienen la panorámica de esa estadística, no hablan de problema. En algunos lugares del mundo ha decrecido, pero en otros aumenta. Hay que reorganizar las estructuras, la vida, y no lamentarse.

Hace tres o cuatro años reorganizasteis una provincia en España, Cataluña. ¿Cómo ha sido el proceso?

Se realizó durante por lo menos seis años pero es curioso que, leyendo las actas de los provinciales, en los años 70 ya hablaban de la reunión de las provincias. Y eso que, en aquel momento, no sentían que hubiera escasez vocacional, pero ya comprendieron que había que ir dando pasos para unir estructuras.

Es verdad que en la familia capuchina y franciscana no somos de estructuras piramidales, como otros grupos religiosos de la Iglesia, sino que nuestra manera de funcionar es mucho más llana,independiente y asamblearia. Nosotros, a nivel de orden, formamos parte de la Conferencia Ibérica de Capuchinos. Los provinciales ya empezaron a unirse antes de la Guerra Civil, y en el propio verano de la guerra lo hicieron en Barcelona. Desde entonces, aunque fueran provincias independientes, hubo reuniones donde planteaban temas comunes. Desde distintas comisiones -pastoral, pastoral juvenil, formación inicial, permanente, economía…- trataron los distintos tipos de formación que funcionaban a nivel de PIC (Provincia Ibérica de Capuchinos).

Todo esto permitió que nos fuéramos conociendo y que el proceso no fuera un empezar de cero traumático. Siempre se parte de un carisma y un planeamiento comunes, además, dentro de una misma orden, aunque no te conozcas.

Tras tantos siglos de Historia, los capuchinos además tenéis mucho bagaje en lo cultural. Tú mismo vives en Jesús de Medinaceli, con todo lo que eso conlleva. Y del pasado al presente, supongo que habréis vivido de forma especial que por primera vez en la Historia haya en el papado no un franciscano pero sí un Francisco. ¿Qué es para ti Francisco I?

Un papa con el que es fácil conectar, porque es un hombre que se hace entender. Incluso se le entiende demasiado, y por eso algunos sectores le critican. Pero en general ha traído ilusión y más esperanza y ganas a la hora de seguir viviendo como cristianos. No quiero decir que el anterior no lo hiciera, pero es que Francisco no ha cambiado la letra de la Iglesia, sino su música, y eso se ve cuando nos reunimos a nivel internacional: no sólo España está alegre, sino que el efecto Francisco desde Roma, ha llegado a toda Europa y también los presidentes de las provincias capuchinas del resto del mundo reconocían el cambio de música. Es un ánimo que se vive en todos los lugares.

¿En España también han cambiado la letra y la música? Porque parece que aquí la revolución del Papa está yendo más lenta…

Yo no soy ningún analista, ni político ni eclesiástico, pero sí que creo que en todo momento tenemos que hacer un análisis e intentar adecuarnos a la sociedad en la que estamos conociendo nuestras posibilidades. Cada grupo religioso tiene su proceso, su ritmo de acomodo y de toma de las mejores decisiones. Pero sin duda todos estamos en ese proceso de «re» (unificar, organizar…) nuestras realidades.

¿Qué supone para los capuchinos este año de la Vida Consagrada? ¿Qué creéis que podéis aportar a esta primavera del Papa Francisco?

Todos estamos muy pendientes de los documentos que salen, que son los que cambian la melodía… Tratamos de reorganizarnos proyectándolos, tras leerlos. En el caso de este año, miramos con agradecimiento al pasado, con pasión el presente y con esperanza el futuro. Estamos tratando de que nuestra reunificación sea vivencial. Con la ayuda de las asambleas que hemos ido celebrando en este proceso, las decisiones que estamos tomando son consensos y son una apuesta por una reorganización social. En algunos casos hay condicionamientos urbanísticos y de otros tipos, pero en estos momentos de crisis es más importante dedicar parte de nuestras casas a los colectivos que tienen necesidades especiales.

¿Algún ejemplo concreto?

Hace ya tiempo, en Zaragoza, una parte del convento de San Antonio se dedicó a madres gestantes, con una asociación que ayuda a las mujeres a llevar adelante el embarazo. En Antequera, por otro lado, el convento se acomodó para Proyecto Hombre, y se va a hacer lo mismo en Salamanca. La típica estructura capuchina de convento con iglesia pequeña y huerta, se ha dedicado en Estella a albergar peregrinos del Camino de Santiago y en la huerta se ha dejado trabajar la agricultura ecológica a jóvenes que estaban en paro.

Un plan de trabajo muy interesante.

Por lo menos, como la madre de uno de esos jóvenes me decía, es una oportunidad. Era lo que esos chavales querían trabajar: la ecología cooperativa. No se trataba sólo de salir adelante.

Eso es invertir los talentos, como decía la parábola. ¿Tenéis rama seglar?

Siempre ha estado presente la Orden Franciscana Seglar. Más que una colaboración, es esa vocación de familia a la que antes me refería. También ella se está transformando, porque antes funcionaba más como grupo devoto, especie de cofradía, que como orden, aunque seglar. Se ha creado en la provincia un movimiento que se llama Laicos y capuchinos, que se reúnen para reflexionar sobre algún tema.

Una vez al año y a tu pesar, te conviertes en un personaje conocido: el día multitudinario del Cristo de Medinaceli. ¿Qué supone, en lo personal, vivir junto a esa talla, de tremenda historia y cifras millonarias de devoción?

Millones de personas en todo el mundo le tienen devoción, y yo empecé a experimentar esta realidad hace cuatro años, aunque, como capuchino, siempre había oído la devoción que despertaba. Cuando llegué a esa fraternidad, descubrí que lo que iba a ser mi casa es una basílica que conlleva todo un fenómeno de colas en los medios de comunicación… Pero claro, para nosotros no es sólo ese despliegue, sino la gente que viene todos los viernes del año. Abrimos la iglesia a las seis y media de la mañana y la cerramos a las once de la noche. Es verdad que, de entre todos los viernes, los primeros de mes son los más concurridos, y el de marzo ya es el desborde. Y el Viernes Santo, con la procesión. Ahí se cuenta con la colaboración de la archicofradía de Jesús de Medinaceli, que son quienes se encargan de la organización. Nosotros, la labor que tenemos como capuchinos todos los días, pero sobre todo, todo los viernes, es la celebración de la Eucaristía y el sacramento de la Confesión.

Te encuentras con todo tipo de realidades: no es sólo escuchar pecados, sino ejercer un consuelo…Ahora que se habla en la Iglesia de potenciar la pastoral de la escucha, a nosotros el confesionario nos permite ese momento. Es uno de los cauces en los que nos movemos en una basílica que incluso acoge peregrinos… Hay mucha gente que viene y nos dice que lo que quiere es hablar. Por eso se organizaron en la cripta los confesionarios «de despacho»: para tener un diálogo más cercano que el que se establece a través de la tradicional rejilla.

Cuando conoces historias personales de dolor llegadas de todas partes del mundo, ¿te das cuenta de que venerar esa imagen las consuela? ¿Se percibe esperanza?

Una de las cosas que se aprende es el respeto a todas las situaciones a las que vas haciendo frente como confesor, que muchas veces son auténticos dramas… También aprendes a respetar esa forma de religiosidad. Aunque te pueda parecer que hay que dar otros pasos, hay personas para las que es muy importante esa creencia y esa manera de expresarla.

Después del respeto, lo que aprendes es lo complicada que es la vida, las pocas soluciones que están de tu parte cuando escuchas los problemas de alguien. Por lo menos, tratamos de ser sensibles a esas situaciones, como a los agradecimientos que también nos encontramos: gente joven que te dice que viene a esta basílica porque encuentra mucha paz… Y eso que a mí me parece que es un sitio ruidoso, porque siempre tiene trajín. También dicen que encuentran una energía positiva que no encuentran en otros sitios… Es gente, mayor o joven, que viene a mostrar su agradecimiento porque, de la manera que sea, han experimentado en su vida la cercanía y ayuda de Dios, concretada en la petición que han hecho al Jesús de Medinaceli. Papeles con oraciones, peticiones o acciones de gracias…lo expresan de mil maneras distintas.

Es un laboratorio fantástico para esa Iglesia de la Misericordia que vamos a empezar a vivir a primeros de diciembre.

Por lo menos entre los capuchinos, la tarea del confesionario es una función tradicional. Me parece que es la aportación que podemos hacer en muchos lugares, no sólo en Jesús de Medinaceli. Lo que más nos agradecen los obispos incluso en otras ciudades es nuestra dedicación a ese sacramento. También como capuchinos fuera de España.

Y la predicación: tenéis un buen predicador en el Vaticano, el cardenal O’Malley, tan relevante que es uno de los miembros del G9 de la Curia vaticana. ¿Dónde os podemos encontrar en la red?

Nuestra página es hermanoscapuchinos.org.

Un auténtico placer, muchas gracias por transmitirnos esa visión respetuosa. La escucha es un término demasiado olvidado en la sociedad… Hablamos demasiado, a veces, para lo poco que escuchamos.

 

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