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El Papa denuncia «a los que fabrican y venden armas bañadas en la sangre de tantos inocentes»

Pope Francis receives a new hat from a faithful as he arrives by popemobile in Saint Peter's Square to lead his Wednesday's General Audience in Vatican City, 6 November 2013. ANSA/CLAUDIO PERI

Durante la Audiencia general, Francisco recordó a los cristianos y a las minorías perseguidas, «la locura de la destrucción» y a los que «trafican las armas mojadas con la sangre de tantos inocentes». La catequesis sobre la familia: «Una sola sonrisa milagrosamente arrancada a la desesperación de un niño abandonado que vuelve vivir nos explica la acción de Dios en el mundo mejor que mil tratados teológicos»

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

c72591ba62«¡Nunca más la guerra!», repitió Francisco al final de la Audiencia general, recordando que en estos días también en el Extremo Oriente se conmemora el final de la Segunda Guerra Mundial. El Papa indicó que espera que «el mundo de hoy ya no deba experimentar los horrores y los espantosos sufrimientos de semejantes tragedias». Y añadió: «Pero, a veces, lo experimenta. Este es también el ahnelo de los pueblos, en particular de los que son víctimas de los diferentes y sangrientos conflictos en curso. ¡Minorías perseguidas, cristianos perseguidos, la locura de la destrucción! Y luego, aquellos que fabrican y trafican las armas, armas ensangrentadas, armas mojadas con la sangre de tantos inocentes. ¡Nunca más la guerra es el gruto fuerte que de nuestros corazones y de los corazones de todos los hombres y mujeres de buena voluntad sube hacia el Príncipe de la paz!».

En la catequesis, dedicada todavía a la familia, Francisco comentó la página evengélica en la que Jesús dice: «Quien ama al padre o a la madre más que a mí, al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí…». El Papa explicó que estas palabras «fuertes», que «parecen contraponer los vínculos de la familia y el seguir a Jesús», en realidad no quieren «cancelar el cuarto mandamiento» («Honrarás a tu padre y a tu madre»), que «es el primero de los mandamientos» relacionado con la relación entre las personas. «Y tampoco podemos pensar –continuó– que el Señor, después de haber cumplido su milagro para los esposos de Caná», después de «haber restituido hijos e hijas a la vida familiar, nos pida que seamos insensibles a estos vínculos». Esta «no es la explicación, no».

Al contrario, añadió, «cuando afirma el primado de la fe en Dios, no encuentra una comparación más significativa que la de los afectos familiares y, por lo dema, estos mismos vínculos dentro de la fe son transformados, “llenados” por un sentido más grande y se vuelven capaces de ir más allá de sí mismos, para crear una paternidad y una maternidad más amplias y para acoger, como hermanos y hermanas, también a los que están al margen de cualquier vínculo».

«La sabiduría de los afectos que no se compran ni se venden es la mejor dote del genio familiar», indicó Francisco. «Su “gramática” se aprende allí, de lo contrario es muy difícil aprenderla. Y es justamente este el lenguaje mediante el cual Dios hace que todos lo comprendan. La invitación a poner los vínculos familiares en el ámbito de la obediencia de la fe y de la alianza con el Señor no los mortifica; al contrario, los protege, los desvincula del egoísmo, los defiende de la degradación, los pone a salvo para la vida que no muere».

El Papa después propuso la importancia del reflejo público y comunitario de este enfoque y de estos afectos. «La circulación de un estilo familiar en las relaciones humanas es una bendición para los pueblos: vuelve a traer esperanza sobre la Tierra. Cuando los afectos familiares se dejan convertir al testimonio del Evangelio, se vuelven capaces de cosas impensables, que nos hacen tocas con la mano las obras que Dios cumple en la historia, como las que Jesús hizo por los hombres, las mujeres y los niños con los que se encontró. Una sola sonrisa –explicó Francisco– milagrosamente arrancada a la desesperación de un niño abandonado, que vuelve a vivir, nos explica la acción de Dios en el mundo mejor que mil tratados de teología. Un solo hombre y una sola mujere capaces de arriesgarse y de sacrificarse por el hijo de otros y no solo por el propio, nos explican cosas del amor que muchos científicos ya no comprenden. En donde hay estos afectos familiares, nacen estos gestos del corazón que hablan con más fuerza que las palabras».

«La familia que responde al llamado de Jesús –prosiguió Francisco– devuelve la dirección del mundo a la alianza del hombre y de la mujer con Dios. Piensen en el desarrollo de este testimonio, hoy. Imaginemos que el timón de la historia (de la sociedad, de la economía, de la política) sea entregado (¡finalmente!) a la alianza del hombre y de la mujer, para que lo gobiernen con la mirada dirigida a la generación que viene. Los temas de la tierra y de la casa, de la economía y del trabajo, ¡tocarían una música muy diferente! Si volvemos a dar protagonismo (a partir de la Iglesia ) a la familia que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica, nos transformaremos como el vino bueno de las bodas de Caná, ¡fermentaremos como la levadura de Dios!». La economía y el trabajo serían muy diferentes, indicó, si las familias tuvieran este papel.

Para concluir, Papa Bergoglio dijo que «la alianza de la familia con Dios» debe, hoy, contrarrestar «la desertificación de nuestras ciudades». «Nuestras ciudades se han transformado en desertificadas por falta de amor, por falta de sonrisas. Muchas diversiones, muchas, muchas cosas para perder el tiempo, para hacer reír, pero falta el amor. Y es especialmente la familia, y es ¡especialmente la familia! aquel papá, aquella mamá que  trabajan y con los niños… La sonrisa de una familia es capaz de vencer esta desertificación de nuestras ciudades y esta es la victoria del amor de la familia».

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Escrito por Redacción

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