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El Papa a los religiosos: «No a la resignación, no somos funcionarios»

Frente a a violencia, a la corrupción, al tráfico de drogas y al desprecio por la dignidad de la persona, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas pueden encontrarse con la tentación de considerar este «sistema inamovible» y caer en una de las «armas preferidas del demonio»: la resignación. Una resignación que no solo nos espanta, «sino que nos atrinchera en nuestras ‘sacristías’ y aparentes seguridades», que nos « impide arriesgar y transformar».

El Papa recorrió el trayecto hasta el Estadio Venustiano Carranza en el papamóvil entre miles de personas que lo saludaban; entró al estado en un pequeño cochecito. Durante la liturgia utilizó un antiguo báculo de metal que perteneció al primer obispo de la ciudad, Vasco de Quiroga. Al principio de la Misa, Francisco pidió oraciones por Carlo Quintero Arce, obispo emérito de Hermosillo, en el estado de Sonora, que falleció ayer por la noche a la edad de 96 años. Era el obispo más anciano de todo México.

Papa Francisco, durante el penúltimo día de su viaje a México, se encuentra en Morelia, capital del estado de Michoacán. Celebró una misa en el estadio Venustiano Carranza para los sacerdotes, las religiosas, los religiosos y los seminaristas que acudieron de todo el país. En esta tierra, la violencia y la inseguridad aumentaron de manera exponencial debido a la fuerte presencia de traficantes de armas y de droga. Con sus 274 kilómetros de litoral en el Pacífico, el estado de Michoacán representa un puerto importante para el transporte de droga hacia Estados Unidos. El arzobispo de Morelia, Alberto Suárez Inda, de 77 años y que fue nombrado cardenal por Papa Francisco durante el Consistorio de 2015, reconoce que una parte de los problemas se debe «al descrédito general de la autoridad, que está en crisis. También por una falta de coherencia en la vida de los mismos hombres de Iglesia», además de la «complicidad, tolerancia, pasividad y connivencia de muchos gobernantes mexicanos con las injusticias y con el crimen».

«Pablo a su discípulo predilecto Timoteo —añadió Bergoglio sin leer el texto—, cuando le enseñaba o lo exhortaba a vivir la fe le decía ‘Acordáte de tu madre y de tu abuela’, y a los seminaristas cuando entran en el seminario muchas veces me preguntaban, ‘Padre pero yo quisiera tener una oración más profunda, más mental’. Mirá, seguí rezando como te enseñaron en tu casa, y después, poco a poco, tu oración irá creciendo, como tu vida fue creciendo. A rezar se aprende. Como en la vida».

Entonces Jesús, dijo el Papa en la homilía, «Nos ha invitado a participar de su vida, de la vida divina, ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros si no somos testigos de lo que hemos visto y oído, ay de nosotros. No somos ni queremos ser funcionarios de lo divino, no somos ni queremos ser nunca empleados de Dios, porque somos invitados a participar de su vida, somos invitados a introducirnos en su corazón, un corazón que reza y vive diciendo: ‘Padre nuestro’».

A este Padre Nuestro, continuó Francisco, «es a quien rezamos con insistencia todos los días: no nos dejes caer en la tentación». Y la tentación puede surgir «de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad», una realidad que «parece haberse convertido en un sistema inamovible».

Entonces Jesús, dijo el Papa en la homilía, «Nos ha invitado a participar de su vida, de la vida divina, ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros si no somos testigos de lo que hemos visto y oído, ay de nosotros. No somos ni queremos ser funcionarios de lo divino, no somos ni queremos ser nunca empleados de Dios, porque somos invitados a participar de su vida, somos invitados a introducirnos en su corazón, un corazón que reza y vive diciendo: ‘Padre nuestro’».

A este Padre Nuestro, continuó Francisco, «es a quien rezamos con insistencia todos los días: no nos dejes caer en la tentación». Y la tentación puede surgir «de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad», una realidad que «parece haberse convertido en un sistema inamovible».

«Frente a esta realidad —añadió Bergoglio— nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación. Una resignación que nos paraliza y nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras ‘sacristías’ y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos impide arriesgar y transformar».

Para resistir la resignación, el Papa invitó a la memoria: «No todo ha comenzado con nosotros, no todo terminará con nosotros, por eso cuánto bien nos hace recuperar la historia que nos ha traído hasta acá». Para recordar, por ejemplo, al primer obispo de Michoacán, Vasco Vásquez de Quiroga, que vivió en el siglo XVI. «Con ustedes quiero hacer memoria de este evangelizador, conocido también como Tata Vasco, como ‘el español que se hizo indio’». Y Bergoglio agradeció al cardenal arzobiospo de Morelia, Suárez Inda, «que haya querido que se celebrase esta eucaristía con el báculo de este hombre y con el cáliz de él».

«La realidad que vivían los indios Purhépechas —recordó— descritos por él como ‘vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos’, lejos de llevarlo a la tentación y de la acedía de la resignación, movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de ‘respiro’ ante esta realidad tan paralizante e injusta. El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Eso le ganó el nombre entre los indios del ‘Tata Vasco’, que en lengua purhépecha significa: Papá».

Antes de que llegara el Papa al estadio, los presentes hicieron un conteo en coro para recordar a los 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, que desaparecieron en el 27 de septiembre de 2014 y cuyo paradero se desconoce todavía. El padre Federico Lombardi, vocero del Vaticano, indicó en conferencia de prensa después de la Misa con los religiosos que ya ha respondido en muchas ocasiones sobre el caso de los 43 y recalcó que los familiares de los estudiantes desparecidos, y de todas las víctimas de la violencia en el país, están invitados a participar en la Misa de mañana en Ciudad Juárez.

Via VI

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Escrito por Redacción

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