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El padre Pio, un niño de aldea.

Francesco Forgione es el nombre que tenía, antes de entrar en la Orden de los Capuchinos, el padre Pío.

Creo que la vida de los santos es increíble, magnífica, heroica…, y todo lo que puedan y quieran añadir a estos calificativos. A ellos hay que sumar lo que en sus biografías “aumentan” los historiadores cada vez que llegan a los altares. Algo que es lógico y normal porque en todos los maestros espirituales hay acontecimientos místicos y algunos de ellos extraordinarios. Los maestros y santos suelen ser discretos y sencillos, en la mayoría de los casos…, hasta que, como decía antes, entran los biógrafos.
¿Por qué digo esto? Porque en una conferencia sobre los años de infancia de Francesco Forgione, el padre Pío, hablé sobre él como un sencillo niño de aldea. Esta parte de mi exposición fue en seguida replicada por dos señoras, algunas de ellas con cierto enojo, diciendo que la vida de infancia del P. Pío estuvo llena de milagros y hechos extraordinarios. Sí, es verdad que Francesco Forgione, niño, tuvo visiones, encuentros en la oración “especiales”, incluso algunas persecuciones del diablo, en forma de lobo o perro feroz…, pero son momentos extraordinarios, son situaciones que no impiden que Francisco Forgione pase desapercibido como un niño normal, entre los demás niños de la aldea de Pieltrecina. Así son los santos, los maestros, personas normales que, luego en la medida en que cumplen una misión particular, van mostrando los dones sobrenaturales que han recibido y cómo los hacen fructificar. Así es Dios, le gusta caminar por los caminos de la normalidad y la sencillez, aunque nosotros nos empeñamos, en muchas ocasiones, en buscarlo por los caminos de lo extraordinario y llamativo.
La misión del Padre Pío no queda, absolutamente, rebajada o minusvalorada cuando decimos que fue un sencillo niño de aldea. Más bien lo contrario, queda sobresaltada, revalorizada la esencia escondida de su misión en la tierra. El P. Pío atrajo a muchas personas a su lado. La mayor cantidad por ser el fraile de los estigmas, otros por su fama de milagrero, otros por el don de clarividencia…., pero los que quedaron a su lado, lo entendieron y lo amaron de verdad lo hicieron porque era un ser humano común que enfermaba (fue enfermizo desde niño), sufría, lloraba, tenía frío, calor…, por su gran corazón. Nos repetía en San Giovanni Rotondo, el P. Pablo, el sacerdote que le dio la Unción de los Enfermos, poco antes de morir: “Il P. Pío era una mamma”.
Jesús niño aprendió mucho, siendo uno más, corriendo por las calles de Nazaret. Francesco Forgione aprendió mucho de sus correrías siendo un sencillo niño de aldea en Pieltrecina.

Gumersindo Meiriño Fernández

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