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El Padre Ángel acoge a una familia salvadoreña víctima de trata.

El Padre Ángel con la familia acogida JOSÉ MANUEL VIDAL
El Padre Ángel con la familia acogida JOSÉ MANUEL VIDAL
El Padre Ángel con la familia acogida JOSÉ MANUEL VIDAL

Hay tráfico de personas. A diario. En nuestro país, también. Miguel Antonio Saravia y su familia vinieron a España engañados por una red mafiosa de tráfico de personas. Les ofrecieron trabajo y papeles, les mantuvieron retenidos en un piso durante dos meses, hasta que les salvó la Guardia Civil. Acogidos por diversos curas, han encontrado, por fin, refugio en el «oasis de Morata de Tajuña», donde el Padre Ángel, fundador y presidente de Mensajeros de la Paz, les ha acogido, precisamente ayer (el 30/7), el Día mundial contra la trata de personas.

Una compatriota salvadoreña sirvió de «gancho» y prometió a la familia Saravia el oro y el moro en la España en crisis. «Ante su ofrecimiento vi la luz, para poder salir de un país como el nuestro, asolado por la violencia y sin perspectivas de futuro. Una luz para poder encontrar un futuro mejor para mis hijos», cuenta Antonio Miguel en su refugio de Mensajeros de la Paz.

Primero vino su mujer de avanzadilla. Después, él con sus dos hijos (el segundo de pocos meses), la abuela y un sobrinito. A pesar de llegar sin dinero y sin papeles (el vuelo se lo había pagado la salvadoreña que les embaucó), en Barajas no tuvieron problema alguno, lo que avalaría la tesis de que en el aeropuerto madrileño también tejen sus redes las mafias de tráfico de emigrantes.

Cuando llegan a España, la compatriota los conduce a Rascafría a su propia casa. «Al principio todo va bien, pero cuando se da cuenta de que no teníamos plata, comenzó a amenazarnos y nos mantuvo allí retenidos dos meses. Amenazó incluso con tirar a nuestro bebé por el balcón. Hasta que conseguí llamar a la Guardia Civil, que nos liberó», explica Antonio Miguel.

Libres, pero sin saber a dónde ir ni qué hacer con sus vidas, a los tres adultos y los tres niños sólo se les ocurrió, como buenos católicos que son, llamar a la puerta de una iglesia. Y allí encontraron cobijo por un tiempo con el padre Pablo.

De la sierra de Madrid se vinieron a Madrid, a la iglesia de los mercedarios del padre Alejandro Barrajón, que también los tuvo acogidos un tiempo, y pidió ayuda al padre Ángel. Y es que muchos curas, cuando se les presentan casos urgentes y graves, piensan inmediatamente en el fundador de Mensajeros. Él siempre tiene una salida. Y, si no la tiene, la busca.

De su mano, llegó la familia Saravia a Morata de Tajuña y, allí, están instalados. Como en un oasis, después del infierno vivido. Eso sí, sin saber qué les deparará el futuro. Porque, amén de no tener trabajo, tampoco tienen papeles, para poder quedarse en España. Por eso están preocupados, pero esperanzados. Esperan que el padre Ángel haga un milagro de los suyos y les consiga los papeles.

«El padre Ángel es un ángel de la guarda para nosotros. Nos ha dado un techo, donde poder vivir dignamente, y estamos seguros de que moverá sus hilos, para conseguirnos papeles, y poder quedarnos aquí. Le estamos muy agradecidos por su generosidad. Esperamos que interceda para que nos podamos quedar», dice Miguel Antonio, mientras mira complacido a sus hijos jugar con el perro, blanco y grande, del fundador de Mensajeros de la Paz.

A su lado, profundamente complacido, el padre Ángel reconoce que le alegra «poder socorrer a una familia amenazada de muerte y sin salida». Y añade: «En el día mundial contra la trata, ésta es una historia dramática con final feliz». Solidaridad en ejercicio de este «santo itinerante», como le acaba de llamar públicamente Cándido Méndez, secretario general de la UGT.

Via El Mundo

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Escrito por Redacción

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