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El onceavo mandamiento: no desperdiciar.

Giotto-Di-Bondone-Legend-of-St-Francis-16.-Death-of-the-Knight-of-Celano-Upper-C...ancesco-Assisi-La indicación general que proviene de las fuentes franciscanas y de la vida misma de San Francisco de Asís es no desperdiciar, no malgastar.  Esa es la razón del título de esta nota.

De allí surgen tres posturas, tres formas de vida que debemos hacer nuestras. La primera es alimentarnos con amor. Francisco urgía a sus frailes y a todos aquellos que se cruzaban por su camino, a que se amaran y cuidaran como lo hace una madre con sus hijos: “Y, dondequiera que estén y se encuentren los hermanos, muéstrense familiares mutuamente entre sí. Y confiadamente manifieste el uno al otro su necesidad, porque, si la madre cuida y ama a su hijo (cf. 1 Tes 2,7) carnal, ¿cuánto más amorosamente debe cada uno amar y cuidar a su hermano espiritual?” (1R VI-7)

Por lo tanto la comida es el sentimiento. Uno de los más profundos. El mismo que une a una madre que se preocupa por su hijo, no solo con la leche, sino con miradas, sonrisas y muestras de cariño. Queremos y necesitamos nutrirnos y alimentarnos con amor.

La segunda tiene que ver con sentarse con otros a la mesa. Reconciliados con Dios y con los hombres, como cuando Francisco se encontraba a la mesa con el caballero de Celano. La historia, descrita por Giotto en la basílica de Asís, muestra al santo invitando al caballero a confesar sus pecados antes de comer, para sentarse a la mesa con una limpia e incorrupta conciencia, «Mira, hermano; vencido por tus súplicas, he entrado en tu casa para comer. Ahora, pues, escucha y sigue con presteza mis consejos, porque no es aquí, sino en otro lugar, donde vas a comer hoy. Confiesa en seguida tus pecados con espíritu de sincero arrepentimiento y que en tu conciencia no quede nada que haya de manifestarse en una buena confesión. Hoy mismo te recompensará el Señor la obra de haber acogido con tanta devoción a sus pobres» (LM, 11-4). De allí la advertencia de vivir todo lo que gira entorno a la comida con limpieza y, por lo tanto, no como corruptores, corruptos o corruptibles.

La tercera es relativa a nuestro mundo contemporáneo, creo que a nuestro mundo occidental, quizás demasiado aprensivo acerca de lo que hay en el plato. Francisco nos invita a aceptar la comida como un verdadero regalo sin ninguna distinción y con verdadero respeto por “por nuestra hermana la madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna, y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba” (Cant 9), ella que nos alimenta como una madre.

Para concluir, dejadme decir que es necesario re-descubrir el valor del alimento: existencial, cultural y espiritual. En este sentido Charles Pierre escribió: “el pan conserva una majestad casi divina. Comerlo con osiosidad es de parasito. Ganarlo con laboriosidad es un deber; negarse a compartirlo es de crueles”.  Es un símbolo de comunión en la alegría, en el dolor, en la misericordia de Dios.

Fray Enzo Fortunato

En la revista San Francesco Patrono de Italia. Mayo 2015

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Escrito por Redacción

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