(RV).- Este 24 de mayo, Domingo de Pentecostés, el Papa Francisco presidió la Santa Misa en la Basílica de San Pedro. Una mañana fría y lluviosa dio la bienvenida a numerosos fieles y peregrinos que llegaron al Vaticano para participar en esta solemne Eucaristía. La celebración con los ritos de la bendición del agua, el canto del Ven Espíritu Creador, el Aleluya, y el color rojo vivo de los ornamentos litúrgicos dieron el ambiente de fiesta.

En su homilía el Santo Padre recordó que, «en la mañana de Pentecostés la efusión se produce de manera fragorosa, como un viento que se abate impetuoso sobre la casa e irrumpe en las mentes y en los corazones de los Apóstoles». Es esta la fuerza del Espíritu Santo, que dona a los Apóstoles una energía tal que los empuja a anunciar en diversos idiomas el evento de la resurrección de Cristo.

Comentando el Evangelio de San Juan, el Pontífice señaló que el Espíritu Santo es el «Espíritu de la verdad», cuya acción nos introduce cada vez más en la comprensión del misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo; el Espíritu nos dará una nueva clave de lectura para introducirnos en la verdad y en la belleza del evento de la salvación. «Estos hombres, antes asustados y paralizados, encerrados en el cenáculo para evitar las consecuencias del viernes santo, ya no se avergonzarán de ser discípulos de Cristo, ya no temblarán ante los tribunales humanos. Gracias al Espíritu Santo del cual están llenos, ellos comprenden “toda la verdad”… Y esta realidad, de la cual ellos son testigos, se convierte en Buena Noticia que se debe anunciar a todos».

Por ello, afirmó el Obispo de Roma, el don del Espíritu Santo renueva la tierra, es el Espíritu Santo que Cristo ha mandado de junto al Padre, y el Espíritu Creador que ha dado vida a cada cosa, son uno y el mismo. Por eso, dijo Francisco, el respeto de la creación es una exigencia de nuestra fe. Esto será posible solamente si Adán – el hombre formado con tierra – se deja a su vez renovar por el Espíritu Santo, si se deja reformar por el Padre según el modelo de Cristo, nuevo Adán. Entonces sí, renovados por el Espíritu de Dios, podemos vivir la libertad de los hijos en armonía con toda la creación y en cada criatura podemos reconocer un reflejo de la gloria del Creador.

Asimismo, el Sucesor de Pedro precisó que hoy: “El mundo tiene necesidad de hombres y mujeres no cerrados, sino llenos de Espíritu Santo. El estar cerrados al Espíritu Santo no es solamente falta de libertad, sino también pecado”. Existen muchos modos de cerrarse al Espíritu Santo, subrayó el Papa, por ejemplo en el egoísmo del propio interés, en el legalismo rígido, en la falta de memoria de todo aquello que Jesús ha enseñado, en el vivir la vida cristiana no como servicio sino como interés personal, entre otras cosas.

De otra parte, el Santo Padre señaló que, «El mundo tiene necesidad del valor, de la esperanza, de la fe y de la perseverancia de los discípulos de Cristo. El mundo necesita los frutos del Espíritu Santo: “amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí” (Ga 5, 22) ». Es por ello que el don del Espíritu Santo ha sido dado en abundancia a la Iglesia y a cada uno de nosotros, para que podamos vivir con fe genuina y caridad operante, concluyó el Pontífice.

(RM – RV)

(from Vatican Radio)