in

El guardián de los ‘sin papeles’ que se juegan la vida en el Estrecho

Esta semana el Papa hablo de «cristianos vencidos» y ciertamente también podemos hablar de «franciscanos vencidos». Cuando hace mas de dos años iniciamos pazybien.es lo hicimos con la firme idea de difundir las acciones de los hombres y mujeres que VIVEN el carisma franciscano y cristiano. Quizás asi podamos contagiar a los que están «adormecidos».

Esta es otra historia para imitar.

GLS

  • Isidoro Martín es un franciscano conocido en Algeciras como ‘padre patera’

  • Acoge en su casa a las inmigrantes que cruzan embarazadas y en pateras el Estrecho

  • Ha ‘criado’ a unos doscientos niños nacidos en su casa o en la travesía por el Estrecho

  • El Gobierno le retiró el año pasado, por la crisis, una ayuda de 70.000 euros

 

Isidoro es uno de esos héroes anónimos que prefieren pasar desapercibidos aunque sus manos han ayudado a muchos de esos negros que cruzan el Estrecho en patera con sus cuerpos ateridos, los labios amoratados y un futuro más que incierto.

«Quiero caminar y que nadie me conozca», cuenta quien una mañana, mientras paseaba por Madrid, escuchó de los labios de una señora un afectuoso ‘gracias’ por hacer lo que hace. Pero, ¿qué es lo que hace este cura franciscano para ganarse el cariño de la gente? «Poner a la persona por encima de la ley, simple y llanamente», repite hasta la saciedad mientras enseña al periodista su casa de Algeciras, el cobijo de muchos de los proscritos.

Allí, entre sus paredes, encuentran parada y fonda desde ancianos sin techo a alcohólicos o drogadictos; desde viajantes perdidos ya sin rumbo a negros africanos que un día zarparon en unas barcazas que no son sino papel para las olas de un Estrecho convertido en cementerio marino.

La llegada de Isidoro a Algeciras se produjo hace 32 años. Antes trabajó con niños en un centro de educación especial de Cáceres y también en Tánger, con los españoles desfavorecidos que no tuvieron oportunidad de marchar a España una vez acabó el Protectorado sobre la ciudad marroquí hasta 1956.

Isoken con su bebé. A.L.

Cuenta Isidoro, en cuyo rostro asoma el pelo blanquecino de una barba que esta mañana no ha sido recortada, que «lo de los negritos», lo de acoger a mujeres del Estrecho con sus hijos, cerca ya de 200, empezó allá por el año 2000, cuando una primera gran oleada de pateras cruzó las aguas que separan España y Marruecos, Europa y África, la frontera más desigual de todo el mundo.

Isoken con su bebé. A.L.

Explica que por eso le pusieron ‘padre patera’, porque se trajo a muchos de ellos aun sabiendo que cometía una ilegalidad, aunque a él no le importa. Dice que alguien tiene que incumplir las leyes, y más cuando se trata de personas. Desde entonces le llegan mujeres con niños en brazos o en el vientre, algunas de ellas habiendo guardado durante meses un papel arrugado con un nombre escrito al que buscar: Isidoro, padre patera.

Este cura, más del Papa Francisco que de Rouco Varela, conduce desde hace trece años un Clio que le regalaron porque con el ‘boom’ de las pateras tenía que acompañar a las negras embarazadas, día sí, día también, al hospital, una vez por dolor de barriga, otra por náuseas, algunas para parir. Como a Isoken, la nigeriana de 28 años que, sin él, dice que habría muerto de hambre pero que con él, el pasado 30 de diciembre, parió al pequeño Nelson, que ahora, en este preciso instante, su hermana Omonigho acoge en sus brazos mientras su madre, con la que llegó en una patera con 60 personas más hasta Motril cuando sólo tenía tres años y medio, busca ropa de una caja que acaba de llegar de una donación al refugio de Isidoro, la casa familiar Virgen de la Palma, Paseo de la Conferencia número 7, Algeciras, donde se aceptan voluntarios, dinero, ropa, comida y ayuda para el Otro, como diría Kapuscinski.

En un Clio al hospital

Isidoro, que no sabe de cifras cuando habla de personas, «son muy frías», explica, sí sabe de números cuando se trata de dinero para mantenerlas. Ha comenzado este 2014 con el estómago ensangrentado porque el Gobierno español le ha denegado una ayuda anual que en 2013 le llegó en forma de 70.000 euros. «A ver si se creen que yo ayudo por la gracia de Dios», se lamenta, y pide al periodista que deje bien clarito que la situación está muy mala,que las donaciones escasean, que necesita una subvención para cumplir una función que debería asumir el Estado y que los políticos, los que están en un asiento calentito, no se acuerdan de los débiles. Todo eso dice y pide.

Luego, el cura nacido hace 67 años en Minas de San Telmo, Huelva, se despide. Antes afirmará que nunca va a decir que no a un periodista porque la fe mueve montañas pero los medios de comunicación mueven corazones. Después, Isidoro se escabullirá al girar una esquina cualquiera de su refugio de desterrados. En su cabeza llevará el recuerdo de aquella niña negra que vio nacer y que le decía adiós con su pequeña mano desde un autobús con destino a Madrid, o de la madre que le llamó con dolores desde su habitación y al llegar a atenderla ya había parido en el suelo. Isidoro, padre patera, ya no descansará hasta bien entrada la noche. Mañana despertará a las seis, como siempre, para escuchar a Carlos Herrera y pronunciar el primer rezo del día. Seguirá sin pedir credenciales ni noticias de sus ideas o creencias a todo aquel que dé con los nudillos en su puerta.

Via El Mundo

 

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por Redacción

Más de 12500 personas visita expo sobre San Francisco.

Michael Perry: “No es solo abrir conventos; es importante abrir las mentes”