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El franciscano O’Malley, símbolo de la lucha contra la pederastia en la Iglesia

El cardenal de Boston, Sean Patrick O’Malley, está llamado a ser una de las figuras más importantes contra la pederastia dentro de la Iglesia, una lacra que comenzó a combatir en su diócesis y a la que ahora hace frente desde la Pontificia Comisión para la tutela de menores del Vaticano.

El cardenal, que maneja la red social Twitter con agilidad y sigue vistiendo la sotana marrón de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, cree que la Iglesia necesita crear «protocolos claros» para pedir cuentas a los obispos que no protejan a los menores de los abusos.

Humilde y cercano, en un artículo publicado en el periódico de su archidiócesis, O’Malley reconoció que la actuación de las autoridades eclesiásticas para combatir la pederastia ha sido «esporádica» y pidió «claros protocolos que reemplacen la improvisación y la apatía» con las que la Iglesia ha actuado durante décadas.

Pero con la autoridad de ser una referencia dentro de la Iglesia contra los abusos, el purpurado advirtió de que «hay que evitar condenas masivas» y reclamó «audiencias justas» para los eclesiásticos acusados de abusos.

O’Malley es un firme partidario de la política de «tolerancia cero» y ha sido punta de lanza contra la pederastia durante los mandatos de tres papas: Juan Pablo II y Benedicto XVI, del que fue hombre de confianza, y ahora con Francisco.

En 1992, se hizo cargo de la diócesis de Fall River (Massachusetts) tras unas denuncias por abuso sexual contra un sacerdote y, diez años después, supo hacer lo propio como obispo en Palm Beach (Florida), donde su antecesor presuntamente abusaba de un seminarista.

Las denuncias se multiplicaron y Benedicto XVI pidió a O’Malley encargarse de la archidiócesis de Boston tras la dimisión de Bernard Francis Law, quien confesó haber protegido a un párroco que abusó sexualmente de jóvenes de su comunidad.

Tuvo que vender la sede episcopal para poder indemnizar a las víctimas y se fue a vivir a un convento.

Ya con fama de «apagafuegos», el capuchino de origen irlandés recibió el encargo de Benedicto XVI de inspeccionar los seminarios de Irlanda, donde centenares de menores habían sufrido abusos e incluso tortura, como revelaron los informes Ryan y Murphy.

Una lucha feroz y de largo recorrido, que hizo que el papa Francisco incluyera a O’Malley, espiritual y severo, entre su círculo de consejeros más cercano.

Doctor en Literatura Española y Portuguesa, O’Malley habla español y algunos lo consideran un nexo entre las iglesias norteamericanas y latinas, pues durante un tiempo se encargó de atender a inmigrantes en el Centro Católico Hispano que él mismo creó.

El nombre de O’Malley, que con 12 años entró a un seminario franciscano, sonó como posible papable en el Cónclave en Roma que resultó en la elección de Francisco, con el que, además del carisma, comparte un gran recorrido en América Latina.

Sin embargo, si algo destaca en O’Malley, de 70 años, es su simpatía por las nuevas tecnologías.

Fue el primer obispo en crear un blog para escribir artículos, compartir reflexiones y colgar fotos que se hace con los feligreses, cuando los visita, por ejemplo, en Washington, adonde acudió a finales de enero y ciudad a la que fue enviado en los convulsos años 70.

Además, O’Malley (@CardinalSean) cuenta con más de 33.300 seguidores en Twitter.

En su foto de perfil aparece vestido con el solideo rojo, aunque lo más habitual es ver al purpurado con su habito marrón de hermano capuchino, rasgo que lo distingue allá donde va.

Sean O’Malley es un cardenal para los nuevos tiempos, que desde Boston y ahora desde el Vaticano quiere servir de antídoto contra uno de los mayores problemas que tiene que resolver la Iglesia católica del nuevo siglo. (RD/Agencias)

Via PD

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Escrito por Redacción

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