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El encuentro. Por Daniela Pelussi

La crisis de sentido es, muchas veces, ausencias de intimidad, de encuentro.

Es demasiado fácil el sexo con un mismo desconocido durante años… el desnudo, lo íntimo es expuesto como cosa. Cotidianamente velamos intimidades a lo público.

Como un producto más de consumo.

Y es que creo que encontrarse, que asumirse desnudo y mirar a los ojos a un otro implica una redención de la propia pobreza de la que sólo es capaz el amor maduro.

Tenemos miedo a nuestro ser desnudo.

Compramos ropa de moda, hablamos con celulares que nos incomunican, vivimos para trabajar… Vamos a la iglesia desconociendo al prójimo!

Nos sobrepasa la profundidad de la vida.

 

Tememos al otro que nos mira, a que nos vea tal cual somos.

Miedo de no ser amados ahí, en la herida.

 

Qué paradoja!

Quien dijo que nuestro ser desnudo es malo?

Cada vez que lo revelamos a esta lógica de consumo no lo compramos como bello y bueno verdaderamente, más bien asumimos que es negativo y generalizamos lo negativo.

 

Qué difícil es abrazar a alguien!

Qué difícil no contestar «todo bien!»

 

Creo que me sana y me libera cada vez que pongo el corazón y la inteligencia en cada presente. En cada encuentro con cada persona.

 

El encuentro con el otro me sana. El salir de mi me hace más yo.

Abrirse al amor (o aceptar el desamor) de un otro hace que «lo herido» en mi no sea mi encierro. Y me permite aprender misericordia con las heridas de mis hermanos.

Nos permite una alegría que supera todas nuestras pobrezas: cada vez que me encuentro con otro, éste se vuelve condición de posibilidad para el Reino!

 

Y madurar el amor. Que está muy lejos de ser una sensación melosa, un placer momentáneo. Lo tormentoso, pasional o prohibido…

 

Todos necesitamos un motivo para abrazar la vida. Abrazarla con los ojos abiertos.

Siendo verdaderamente conscientes del cotidiano milagro.

 

Ese motivo es el amor.

El ejercicio del amor es el encuentro.

Por favor, si leíste hasta aquí, además de agradecerte, te pido que dejes la compu, que vayas y abraces a esa persona que amas, que se puedan comunicar y perdonarse -si lo necesitan-.

Deja todo y amá a tu esposa. Que se llene de gratitud tu alma por esos hijos que te miran admirados.

Deja todo y bendecí a tu hermano con todo el amor de tu corazón.

Deja de correr y decile a esa persona que la amas, que querés cuidar de ella y todo lo que le podes dar es tu vida…

Deja todo y recibí a Dios en tu corazón!

 

Todo esto es Encuentro.

Todo esto es la alegría del Reino.

Por Daniela Pelussi.

https://www.youtube.com/watch?v=TgsUlvsVEFY&feature=youtu.be

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Escrito por Redacción

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