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El discurso del Papa sobre los pobres es práctico, no ideológico

El Papa concluye su viaje a América Latina mostrando el rostro de una Iglesia que no “beatifica” a ningún gobierno y que es capaz de acompañar los procesos de cambio y desarrollo incluyente que (a pesar de las dificultades) tanto en Ecuador, como en Bolivia y Paraguay, se están tratando de sacar adelante.

El enérgico discurso del jueves pasado a los movimientos populares, así como las visitas a la cárcel de Palmasola, e Bolivia, y al Bañado Norte, el barrio pobre de Asunción, presentan una Iglesia que no habla sobre los pobres, sino que sabe estar cerca de ellos concretamente.

La insistencia con la que Francisco ha afrontado y afronta los temas relacionados con la justicia social y la inclusión, ponen en entre dicho el actual modelo de desarrollo y la “economía que mata”, y ponen en relación el tema del medio ambiente con el de la pobreza, provocando ya diferentes críticas. Tanto fuera como dentro de la Iglesia.

Sin embargo, justamente aquí, en América Latina, durante su discurso a la sociedad civil de Paraguay, Bergoglio explicó la raíz profundamente evangélica de este enfoque sobre los pobres.

“Un aspecto fundamental para promover a los pobres -explicó- está en el modo en que los vemos. No sirve una mirada ideológica, que los termina utilizándolos al servicio de otros intereses políticos o personales. Las ideologías, terminan mal, no sirven, tienen una relación o incompleta o enferma o mala con el pueblo. ¡Las ideologías no asumen al pueblo!”. No se trata de discursos, de diagnósticos elegantes, de instrumentalizaciones ideológicas o de estrategias. Se trata, por el contrario, de partir de la realidad, es decir de la concreción de las situaciones. “Lo primero -insistió el Papa- es tener una verdadera preocupación por su persona, valorarlos en su bondad propia. Pero, una valoración real exige estar dispuestos a aprender de ellos. Los pobres tienen mucho que enseñarnos en humanidad, en bondad, en sacrificio. Los cristianos tenemos además un motivo mayor para amar y servir a los pobres: en ellos vemos el rostro y la carne de Cristo, que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza”.

Y esta mirada es la que permite que Francisco diga palabras tan valientes, en absoluta sintonía con la tradición cristiana. “No compartir los propios bienes con los pobres significa robarles y privarlos de la vida. Los bienes que poseemos no son nuestros, sino de ellos”, escribía San Juan Crisóstomo. Estas eran las enseñanzas de los padres de la Iglesia de los primeros siglos. No hay que preguntarse, pues, si el Papa es comunista o por qué habla tanto sobre los pobres. La verdadera pregunta es: ¿por qué en la Iglesia se olvidaron estas enseñanzas a tal punto que parece revolucionaria la predicación del Papa argentino?

Via VI

 

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Escrito por Redacción

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