in ,

El ataque anónimo.

Todos sabemos que el concepto Anónimo se puede traducir como “sin nombre”, un “incognito”, “secreto”, etc. El anónimo es un desconocido, es más, da de sí mismo uno de los nombres más pobres “el ignorado”. ¡Qué pena declararse con este nombre, cuando Dios nos conoce y nuestros padres nos dieron a cada uno un nombre propio! El anonimo es quien no quiere hacer frente a sus hechos y dichos, realmente, el anónimo es muy pobre en sí, porque no solo se deshace de su nombre sino también de su dignidad humana. ¡Es que no pueden existir personas sin identidad!

Habrá mil y una razones en las que la persona tiene todo el derecho de preservar su identidad, ¡claro que sí! pero los atacantes anónimos son el peor cáncer de esta sociedad. Son las personas más pobres de este mundo. ¡Viven en el miedo, son los dedos acusadores que nunca saldrán a la luz ni siquiera para decir un “Si” o un “No” con toda libertad del mundo, son personas tibias, lobos cubiertos con piel de oveja!

Curiosamente cuando queremos elogiar a una persona, cuando queremos hacer las cosas bien, a no ser por una sorpresa, casi nunca se utiliza el anónimo. ¿Por qué? Porque sabemos que hemos intentado hacer el bien aunque a veces haya incomprensión, sabemos que nuestra intención no es herir a nadie, sino felicitar o de desearle lo mejor.

Al contrario, cuanto queremos amenazar, ofender, acosar, publicar intimidades ajenas, humillar, despreciar etc., entonces, sí se utiliza el anónimo. Pero ¿si el anónimo no existe? ¿Serán entonces unos muertos que se ponen a actuar de esta forma? Por qué cuesta salir a la luz y decir, “¡soy yo, quien actúo de esta forma y lo hago por esto y esto!”… ¿A qué se teme?

Cuando se utiliza el incognito contra la dignidad humana ¿Qué es lo que realmente queremos decir sobre nosotros? Que somos unos fantasmas… que nuestras vidas y nuestras obras son la oscuridad, vivir en lo oculto, tal vez porque al darse a conocer nos daría vergüenza o porque nuestra manera de actuar es humillante.

Hoy, existe mucha facilidad para estos ataques anónimos siendo las redes sociales las principales, cualquier día se puede corromper la dignidad humana con carteles anónimos, acusaciones anónimas, textos que amenazan, etc. como acaba de pasar en Roma, y, por cierto, no lo digo por ser el Papa, que también, e incluso si fuese alguien que no tiene voz para denunciar a estos hechos barbáricos. Sí estos personajes se consideran de buen juicio (porque así pobremente se da a entender), ¿por qué se olvidan de que tienen el derecho de que le clarifiquen las cosas, le expliquen sus incertidumbres… que tienen derecho de que les escuchen como todo hijo de Dios? ¿Por qué se empobrecen tanto hasta privarse de su propio nombre? ¡Ah, claro, saben perfectamente  que lo que intentan decir o clamar aunque fuera bueno, le daría vergüenza hacerlo en plena luz! ¿Por qué no quieren que se conozca a esas personas que amenazan y que humillan públicamente? Les da vergüenza enfrentarse a una sola persona,  entonces ¿de dónde sacan fuerzas para hacerlo públicamente y de una manera tan fea?

Admiro este tipo de gente, veras que cosa más fácil, “le piden una cita, o te invitan a un café, a un paseo, a pasar un rato contigo, a un almuerzo y cuanto todo está bien, te cogen con pinceles como la prenda más valiosa y más delicada del mundo y te dicen, “oye, lo del otro día no lo entendí… ¿me lo puedes explicar?” La gente sencilla no necesita tanto protocolo, pero, esta forma es mucho mejor y mucho más culta que meterse en la fila de los ataques anónimos.

Quiero pensar que quienes amenazan anónimamente son la gran cizaña de nuestra sociedad. Por creerse muy sabios y muy inteligentes y se olvidan de una cosa muy sencilla, que no se puede encender una lámpara para ponerla debajo del celemín. ¿A quién  alumbraran? ¡A sí mismos, a sus egos y a sus ombligos! Nada más y muy pobremente, nada más.

Hermanos ¿cuánto esfuerzos, cuantas horas se pierden, cuanta dedicación hacen estos atacantes para que no los rastreen? ¡Ojalá que tantas energías se empleen para realizar el bien común!

La sociedad presente corre un gran peligro ante esa gente. ¡Son los dedos acusadores que nunca se mueven de sus sillones, ni siquiera para mejorar lo que acusan! ¡Son individuos que prenden fuego y ellos mismos guardan distancia para ni siquiera oler a humo! ¡Siembran el mal en corazones inocentes y cuanto brota la espiga más débil que la cizaña se pierde la pista!

Llama mucho la atención que el mensaje de Jesús nunca fue una Religión, su mensaje fue; amor, fraternidad, justicia, igualdad, paz, esperanza, sentido profundo de la existencia, solidaridad, vida, compromiso con el débil, el pobre, el marginado, el maltratado…y aquí hermanos se encierra “la gran misericordia de Dios”.

Sorprendentemente un anónimo o unos anónimos le preguntan al Papa francisco, “¿Dónde está tu misericordia?”.  Todos ellos, creo, ni siquiera saben lo que es la misericordia. Les preguntaría ¿tu, no eres digno o digna de identificarte? ¿Por qué te privas de tu nombre? ¡Ahí comienza la misericordia que tanto clamas!

Esta nueva opción de Jesús, de entender la relación con Dios y la relación con el hombre le llevó a enfrentarse con los fariseos, leguleyos y ritualistas, que llegaron a ver en él a un enemigo declarado porque rompía con los ritos y costumbres; rutinas judías que imponían grandes cargas a la gente en vez de facilitarles vivir con dignidad.

Jesús rompe con todo aquello que se consideraba sagrado o intocable, pero que lejos de liberar, oprimía. Él presenta una forma completamente nueva de entender la relación con Dios que es rescatar, liberar, sanar, facilitar la vida de la gente y de cada persona, salvar… hasta tal punto que para Jesús, solo es verdadera relación con Dios la que pasa a través de la relación con el hombre.

¡Es que la fe tiene fuerza que obliga gritar!

Muy queridos hermanos, no nos dejemos llevar por las mareas del anonimato, somos dignos de nombrar, de llamar con nombre propio, de preguntar, de escuchar y de ser escuchados. Ya no somos más esclavos sino hijos libres, no para que se aproveche nuestra carne inclinada al mal, sino para actuar y opinar libremente y educadamente, con todo respeto y dignidad, para ser esclavos unos de otros por amor.

Escuchemos pues nuestra consciencia que nos grita y nos empuja a denunciar tales hechos que no son más que una fe muerta, sin frutos y empeñémonos en seguir a Aquel que supo compaginar fe y obras, Jesús, el Hijo Único del Dios Vivo. ¿Eres luz? Sube a lo alto de la montaña para que puedas iluminar.

Mis felicitaciones van fraternalmente al Papa Francisco por su ejemplo vivo, por su empeño y esfuerzo, por su entrega y voluntad, por volvernos a indicar el camino recorrido por Jesús, Hijo de Dios que ¡recorrió en las periferias porque lo consideraron contaminado por el pueblo pecador! Bendita dicha que nos ganó la salvación, claro que sí, se manchó con nuestro pecado, en nuestra  humanidad.

Dichoso tú, que agarrado a éste “rechazado por su pueblo”, no te dejas enredar por esa minoría que no hace más que sembrar cizaña en el pueblo de Dios, culpable e inocente pero a la vez santo.

Enhorabuena a todos los que luchan por un mundo mejor, más justo… un mundo donde reine la libertad y no la opresión.

¡Pero, ojo, de una manera limpia y sin tapujos!

Hna. Catalina Mª Inmaculada Ohp

Comentarios

Leave a Reply
  1. Totalmente de acuerdo con la Hermana Catalina. El Papa Francisco sólo está siguiendo el evangelio de Jesús, concentrándose en el Amor y la Misericordia hacia toda la humanidad. Al igual que Jesús, el Papa Francisco recibe el rechazo, la humillación, las ofensas e los juicios injustos, muchas veces de su propia gente, de algunos católicos extremistas, que, quizás sin darse cuenta, emulan a los fariseos y sacerdotes de la época de Jesús. Que el Espíritu Santo continúe guiando e iluminando la misión del Papa Francisco, que al igual que San Francisco de Asís, fue escogido para reparar la Iglesia, y lo está haciendo muy bien. Dios y la virgen lo bendigan y protejan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cargando...

0

Comentarios

0 Comentarios

Escrito por La Voz desde la Clausura

La hermana Catalina María Inmaculada pertenece a la Orden de Hermanas Pobres de Santa Clara (Clarisas) y nació en Kenia en 1984. Actualmente reside en el Convento de Jesús a la Columna, Belálcazar - Córdoba (España)

El Consejo de Cardenales reitera su apoyo total al papa Francisco

Los pobres son asesinados dos veces