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El arte franciscano renace en Perú

Percy Hurtado Santillán TEXTO Y FOTOS

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Si le dicen “hermanito” al cruzar el portón del novísimo museo del Convento Máximo de San Francisco de Asís en el Cusco, es por la amabilidad con la que reciben a los visitantes que quieren conocer los tesoros de arte religioso que por siglos permanecieron ocultos y hoy se exhiben.

Los pasillos de piedra conducirán al visitante a través de este museo, que en 1568 fue edificado para la orden de los franciscanos, y se ubica a escasas dos cuadras de la plaza Mayor de la ciudad imperial.

Nos recibe Cayetano Villavicencio, curador de amplia experiencia y especialista en patrimonio cultural de la iglesia y arte sacro.

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Grandes obras

El óleo de El Juicio Final, pintado por el cusqueño Diego Quispe Tito en 1675, da la bienvenida al visitante. Inspirado en Miguel Ángel y Dante Alighieri, pintó El Paraíso, El Purgatorio y El Infierno, y se autorretrató con una mascaipacha.

Los óleos de grandes dimensiones acompañarán al visitante durante todo el recorrido. La imagen de La Inmaculada Concepción domina la Sala Capitular, de donde salían las misiones evangelizadoras hasta Paraguay y Argentina. Aquí está descrita la vida de San Antonio de Padua, y decenas de óleos bajo unos arcos muestran la vida de San Francisco de Asís.

En la Sala de Profundis se imploraba por las ánimas del purgatorio, y en la sala del Refectorio o comedor, hay un imponente cuadro de la Última Cena. Como en todas las iglesias edificadas durante la Colonia, en el convento hay restos humanos: bajo las dos últimas salas del museo se ubican las criptas, y destacan las del marqués de Valle Umbroso y de otros benefactores de la orden.

Una joya mundial

000010797MCayetano Villavicencio explica que es un privilegio para el Cusco, el Perú y Latinoamérica tener en “el Máximo” (el convento) la tercera pintura al óleo más grande del mundo, las otras dos se ubican en Holanda y Estados Unidos.

Se llama El Árbol Genealógico de la Orden Franciscana y es de autoría del cusqueño Juan Espinoza de los Monteros y de su hijo. Se trata de una obra de inicios del XVIII que mide 108 metros cuadrados, enmarcado en pan de oro.

“Es para hacer un estudio iconográfico muy detallado y minucioso, por la presencia de las leyendas, signos heráldicos, los escudos, porque cada persona tiene su significado”, comenta el curador.

000010798MGran Coro

En el Gran Coro se ubica un gigantesco libro en piel de oveja de 1.80 metros de ancho, con letras en latín, que se alzaba sobre el facistol o atril giratorio. Son libros corales con salmos que se recitaban en sesiones de cantos gregorianos. Existen 15 de estos libros.

En el segundo nivel del convento, se halla la Virgen de la “O”, tallada en estilo barroco y bañado en pan de oro. Este retrato de la Virgen de la Esperanza es considerado como la Virgen gringa de Cusco, por el cabello rubio, tez blanca y ojos azules. La efigie la muestra embarazada, tiene por devotas a mujeres que esperan concebir, que le llevan cartas y, en retribución, le ofrendan flores y joyas.

Via El Peruano

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Escrito por Redacción

No, no me voy de la Iglesia. Carlo Carreto.

Principios no negociables, politica y fe.